Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.




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domingo, 11 de abril de 2010

A Silvio Rodríguez: Lo defiende su obra al lado de un pueblo que lo admira

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"Hemos escogido tres ejemplos, suficientes para demostrar que solo los malintencionados son quienes quieren ver contradicciones de principios donde realmente no las hay"
Guille Vilar | Cobertura especial de La Jiribilla • La Habana


Entre las pocas ocasiones que recuerdo haber leído una opinión justa acerca de las realidades de nuestra Revolución en una publicación europea, me viene a la mente el artículo aparecido hace unos años en una edición del periódico londinense The Guardian de quién sabe cuándo, pero una frase fundamental es toda la que se me ha quedado grabada al resumir un concepto:

“Cuando tienes a alguien cogido por el cuello y amenazándolo con un cuchillo, no puedes pedirle que se mantenga sereno”. Desde la potente explosión del atentado al barco francés La Coubre1, que a decenas de kilómetros, estremeciera mis diez ingenuos años de edad, no ha pasado un día en que dejemos de meditar en el costo del criminal bloqueo para el pueblo cubano, en las vidas que hemos pagado por sus atentados terroristas y en las que pudiéramos ofrendar, sin dudar un instante, en caso de una invasión militar a nuestra patria. En estas condiciones hemos vivido más de 50 años, asumiendo nuestros logros y nuestros triunfos al mismo tiempo que errores y fracasos. Sin embargo, en esos momentos en que uno se sumerge en el análisis que merece cualquier situación difícil, no dejamos de pensar en lo afortunados que hemos sido generaciones de cubanos que no conocemos de crudas realidades, que ni por asomo hemos sufrido, a diferencia de ciudadanos de otros pueblos, que no me dejarán mentir. Nos referimos a los años de las dictaduras militares en América Latina, promovidas y apoyadas por el gobierno de los EE.UU., donde la desaparición de las personas no estaba limitada a individuos previamente seleccionados, sino que podían desaparecer familias enteras si era necesario. La persecución y la tortura no fueron un delirio precisamente y sí están impregnadas en el ADN de miles de chilenos, argentinos, guatemaltecos o salvadoreños. En tal sentido, ante tanto terror acumulado en el ciudadano común, hablar sobre el tema fue un tabú durante mucho tiempo, como si aquellos años terribles no hubieran existido. Ahora me pregunto, lástima que por aquella época no existía la Unión Europea para que hubiera tomado una posición común frente a la sangrienta dictadura de Pinochet, que si bien se merecía una fuerte condena universal por la violación de los derechos humanos, por supuesto que hasta los marines yanquis debían de haber desembarcado en zafarrancho de combate, aunque fuera por una vez más, para defender verdaderamente a la democracia acosada por el fascismo como lo hicieron sus compatriotas que lucharon contra la Alemania de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Pero lo triste es que semejantes historias no forman parte de un pasado tenebroso, sino que son noticias en pleno desarrollo, pero parece que no llaman mucho la atención de la gran prensa occidental.

Por ejemplo, hasta el momento han sido asesinados cinco periodistas en Honduras y no he estado al tanto de encendidas protestas de parte de los indignados gobiernos europeos ante los golpistas hondureños y mucho menos del de los EE.UU. Los cubanos sabemos bien que detrás de estos crímenes está la mano de la CIA, agencia de inteligencia norteamericana, que por su sangriento historial, se merece mucho más que un regaño porque se les fue la mano en el tratamiento a los prisioneros de Abu Grahib o a los que permanecen todavía en la ilegal base de Guantánamo. Dicha institución responde al sistema de represión establecido por el imperio que no se detiene ante nada ni por nadie. De acuerdo con un artículo del periodista y preso político norteamericano Mumia Abu Jamal2 acerca de John Stockwell, antiguo jefe de la estación CIA en Angola, este reconoce como posible estimado de cuánta gente no estuviera muerta, si los impuestos norteamericanos no hubieran sido gastados por la CIA en sus actividades subversivas, la espeluznante cifra, por lo bajo, de seis millones de personas.

Así que después de esta breve, pero necesaria introducción para los buenos entendedores, queremos denunciar la maliciosa intención de quienes sueñan con poder contar un día con Silvio Rodríguez entre las filas de los traidores a la Patria. En primer lugar porque no se merecen ni comprenden su dimensión humana que como persona y como artista desde sus comienzos ha distinguido a nuestro Trovador Mayor.

Tampoco afirmen que lo admiran por su poesía o por su renovador aliento musical porque nadie de quienes por acá lo queremos bien, y créanme que somos muchos, nadie les va a hacer caso. Es que no se le puede elogiar la lírica de cuando escribe acerca de la nostalgia por la pareja cuando se está de viaje y a la vez impugnarle que además quiera cantar a la patria, alzar la bandera y sumarse a la Plaza (de la Revolución)3. El artista y el revolucionario en Silvio es uno solo, indivisible. Negarlo, sería una incongruencia, una contradicción propia de conocidos lobos disfrazados de ovejas que están al acecho.

Por lo tanto, permítanme recordar que todo aquel que se considere periodista, debe tener como máxima, que ante un hecho del presente, debe de acudir al archivo para obtener perspectivas diversas de cómo enfocar el tema en cuestión para evitar trabajar por gusto o si ya se escribió, que lamentablemente se trate de un trabajo desacertado. En tal sentido, recomiendo que revisen artículos, reportajes y entrevistas a Silvio de hace tan solo diez o quince años si no quieren ir tan atrás, donde como es habitual, habla desde posiciones críticas sobre nuestra sociedad en su más amplio espectro.

Hemos escogido tres ejemplos, suficientes para demostrar que solo los malintencionados son quienes quieren ver contradicciones de principios donde realmente no las hay:

“La fidelidad no niega mi visión crítica y jamás la ha negado. Hay cosas de nuestro socialismo con las que no estoy de acuerdo. Siempre lo he pensado y lo he dicho donde debo, y hasta donde no debo. No dejaré de ser crítico, pero a mi manera, de acuerdo con lo que pienso, en consecuencia con las ideas martianas, las de Bolívar, del Che.(…) No como le gustaría a Bush, ¡primero muerto! Allá los que quieran hacerlo así, ya tendrán que arreglársela con la historia.”4

Durante la presentación del disco Cita con Ángeles en Casa de las Américas en 2003, ante la pregunta de un corresponsal de la prensa extranjera radicada en Cuba sobre si dicho disco sería un mentís acerca de opiniones de Pablo Milanés sobre las libertades individuales en Cuba, Silvio respondió enfáticamente: “Para empezar, mi disco es anterior a dichas opiniones. Es imposible que desmientan o reafirmen absolutamente nada. Cuando se hizo aquel acto en la Asamblea Nacional, en que se nos pedía la irrevocabilidad del socialismo, cuando a mí me tocó hablar, no sé si usted recuerda que yo dije que yo estaba con este socialismo que era perfectible. ¿Usted se recuerda de eso? Cuando yo dije esa palabra allí en la Asamblea, delante de Fidel y delante de todos mis compañeros, me refería a muchas cosas que yo desearía que superáramos. Eso no es nuevo en mí. Todo el mundo sabe que yo pienso de esa manera. Yo creo que no a pesar de eso, yo creo que incluso por eso, a mí me hicieron diputado. Así que esas opiniones, en vez de a la prensa extranjera, prefiero dárselas a mis compañeros”5. Y quiero terminar este momento de reseñas acerca de Silvio en la prensa, con esta particularmente definitoria:

“Defiendo a Fidel porque así defiendo la dignidad del pueblo; él es el hombre que ha sintetizado de una manera ejemplar la historia, las esperanzas y las luchas de los cubanos.

Me parece que no defender a Fidel es como no defender a la Revolución, a la Patria misma.”6

Lógicamente, quien no comprenda esta interrelación planteada por Silvio, no conoce nada de nada acerca de nuestra historia. Es absolutamente imposible inventar, cantarle con tanto fundamento a una épica de profundo arraigo popular como la de esta Revolución cuya mística existiera solo en la sensibilidad del compositor.

Sugiero, entonces, que no se dejen llevar por la multiplicidad y diversidad de nuestros problemas, de nuestras dificultades, que precisamente la voluntad del cubano es la de realizar los cambios necesarios, pero desde el contexto de un pueblo que está mayoritariamente junto a la Revolución y a sus líderes. No se equivoquen y subvaloren la capacidad del cubano para diferenciar de qué lado está la insolencia y la soberbia, la calumnia y el odio para someter por hambre a una nación. En un ayer para nada lejano y mucho menos olvidado, cubanos que se hicieron llamar mambises, en su batallar por librar a Cuba del colonialismo español, fueron capaces de alimentarse nada más que de mangos verdes, caña de azúcar y hasta del cogollo de la palma porque solo pensaban en la patria ultrajada.

"Poseer una camisa remendada era lujo; los pantalones solo merecían el nombre de taparrabos; unas malas chancletas de piel de cordobán constituían el calzado del jefe, todos los demás el pie desnudo”7, recuerda un insurrecto de las filas del General Calixto García.

Dicha anécdota armoniza con esta otra convertida en leyenda por el clamor popular. Se cuenta que a los pocos días de firmado el Pacto de Zanjón, el General Máximo Gómez tiene un encuentro con el General español Martínez Campos quien pretende sobornar al glorioso combatiente:

“Martínez Campos ofrece dinero y destinos de importancia en la Isla al general insurrecto, y le dice: ´Pida por esa boca porque excepto la mitra del Arzobispo todo se lo puedo dar´. Pero Gómez rechaza cualquier ofrecimiento. El Teniente general español observa lo deteriorado de su vestimenta y le dice amistosamente: ´No es posible que vaya usted a su país con esa ropa miserable´, a lo que Gómez contesta rehusando: ´General, no cambio yo por dinero estos andrajos que constituyen mi riqueza y son mi orgullo; soy un caído, pero sé respetar el puesto que ocupé en esta Revolución.´ ”8

Esto ocurrió prácticamente ayer, pero estamos preparados para pasar por las mismas circunstancias ahora mismo si fuese preciso. Y entre los himnos de ese momento decisivo, se encontrará la pieza “El necio” en la voz del propio Silvio Rodríguez acompañado por el canto de todo su pueblo. Así sea.


El Necio

Para no hacer de mi icono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares,
me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
me vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro.

Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
mas yo partiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces)

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que me machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.

Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio,
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Notas:

1 Explosión ocurrida por un criminal atentado en el puerto habanero el 4 de marzo de 1961 contra el mercante francés La Coubre, cargado de explosivos y armas adquiridos por el Gobierno Revolucionario para la defensa de la patria ante las amenazas del imperialismo yanqui.

2 Los terroristas olvidados. Artículo del periodista y preso norteamericano Mumia Abu Jamal. Rebelión Tricontinental. Tomo 1

Pág. 352 Editorial de Ciencias Sociales 2007. La Habana. Cuba.

3 Se alude a la canción “Hoy mi deber”, de Silvio Rodríguez.

Hoy mi deber:

Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza

Hoy era un momento
más bien optimista
un renacimiento
un sol de conquista
Pero tú me faltas
hace tantos días
que quiero y no puedo tener alegrías

Pienso en tu cabello
que estalla en mi almohada
y estoy que no puedo
dar otra batalla

Hoy yo que tenía
que cantar a coro
me escondo del día
susurro esto solo

Qué hago tan lejos
dándole motivos
a esta jugarreta
cruel de los sentidos

Tu boca pequeña
dentro de mi beso
conquista se adueña
no toca receso

Tu cuerpo y mi cuerpo
cantando sudores
sonidos posesos
febriles temblores

Hoy deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza
Y creo que acaso
al fin lo he logrado
soñando tu abrazo
volando a tu lado
(1979)

4 No dejaré de ser crítico, pero a mi manera. Silvio Rodríguez. Entrevista de Rosa Miriam Elizalde, Magda Resik y Amado del Pino publicada en el periódico Juventud Rebelde del 10 de marzo de 1991. Pág. 11.

5 Conferencia de prensa brindada por Silvio Rodríguez para la presentación del CD Cita con Ángeles publicada en la revista Cubadisco del ICM No. 3, noviembre de 2003. P. 6

6 Defiendo a Fidel porque así defiendo la dignidad de mi pueblo. Crónica de Pedro de la Hoz publicada en el periódico Granma el 31 de marzo de 1990.

7 El ingenio del mambí. Tomo II, Ismael Sarmiento Ramírez. El vestuario y el calzado del Ejército Libertador de Cuba. P. 39. Editorial Oriente, Santiago de Cuba 2008.

8 Ibídem, p. 46.



http://www.kaosenlared.net/noticia/silvio-rodriguez-defiende-obra-lado-pueblo-admira