Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.




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domingo, 17 de enero de 2010

La espada de Muhámmad.

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Uri Avnery

Un israelí ateo habla sobre la noción de que el Islam se esparció a punta de espada.

Los Emperadores y los Papas.

Desde aquellos días en que el Imperio Romano arrojaba a los cristianos a los leones, la relación entre los emperadores y los líderes de las iglesias ha cambiado mucho.

Constantino el Grande, quien se convirtió en Emperador en el año 306, exactamente hace 1700 años, difundió el cristianismo en el imperio que incluía Palestina. Siglos después, la Iglesia se dividió en la de Oriente (Ortodoxa) y la de Occidente (Católica). En Occidente, el Obispo de Roma, que adquirió el título de Papa, demandó que el Emperador aceptara su superioridad.

La puja entre los emperadores y los papas jugó un rol central en la historia europea y dividió a los pueblos. Tuvo numerosos altibajos. Algunos emperadores destituyeron o expulsaron a un papa, algunos papas destituyeron o excomulgaron a algún emperador. Uno de los emperadores, Henry VI, “caminó hasta Canossa”, estando por tres días descalzo en la nieve frente al castillo del papa, hasta que el Papa se dignó a anula su excomunión.

Pero hubo momentos en que los emperadores y los papas convivieron armoniosamente. Todavía somos testigos de ese período, actualmente. Entre el Papa actual, Benedicto XVI, y el actual Emperador, George Bush II , existe una maravillosa armonía. El discurso de la última semana dado por el Papa, que levantó una tormenta en diversas partes del mundo, estuvo en concordancia con la cruzada de George Bush contra el “Islamofascismo”, en el contexto de la “Choque de Civilizaciones”.

En su lectura ante una universidad alemana, el 265vo. Papa describió lo que él ve como una inmensa diferencia entre el Cristianismo y el Islam: mientras el Cristianismo está basado en la razón, el Islam la niega. Mientras el Cristianismo ve la lógica de las acciones de Dios , los musulmanes niegan que haya alguna lógica en las acciones de Dios .

Como hebreo ateo , no pretendo ingresar en este debate. Está mucho más allá de mis humildes habilidades la “lógica” del Papa. Pero no puedo omitir un pasaje que llamó mi atención, como un israelí viviendo cerca de la línea de fuego de esta “guerra de civilizaciones”.

Para demostrar la falta de razón en el Islam, el Papa asegura que el Profeta Muhámmad ordenó a sus seguidores esparcir su religión a punta de espada. De acuerdo al papa, esto es irracional, porque la fe nace en el alma, y no en el cuerpo, ¿Cómo puede la espada tener incidencia sobre el alma?

Para apoyar su argumento, el Papa citó (de entre todos) a un emperador bizantino que perteneció por supuesto a la Iglesia de Oriente. Al final del siglo catorce, el Emperador Manuel II Paleólogo dijo de un debate que había sostenido, o así dice él (cómo sucedió está en duda) con un erudito musulmán persa anónimo. En el calor de la discusión, el Emperador (según su propio relato) le lanzó las siguientes palabras a su adversario:

“Muéstrame simplemente qué trajo Muhámmad de nuevo, sino cosas malvadas e inhumanas, tal como su orden de difundir por la espada la fe que él predicaba”.

Estas palabras suscitan tres preguntas:

a) ¿En qué contexto dijo el Emperador estas palabras?
b) ¿Es cierto lo que dijo?
c) ¿Por qué citó el Papa actual estas palabras?


Cuando Manuel II escribió su tratado, él era la cabeza de un imperio decadente. Asumió el poder en 1391, cuando solo quedaban unas pocas provincias en posesión del que había sido un ilustre imperio. Las que le quedaban, estaban también bajo la amenaza de los turcos otomanos.

En aquel tiempo, los turcos otomanos habían alcanzado las costas del Danubio. Habían conquistado Bulgaria y el norte de Grecia, y habían derrotado en dos oportunidades a los ejércitos enviados por Europa para salvar el Imperio del Oriente. El 29 de Mayo de 1453, sólo unos pocos años después de la muerte de Manuel, su capital, Constantinopla (actual Estambul), cayó en manos de los turcos, poniendo fin al Imperio Bizantino que había durado más de mil años.

Durante su reinado, Manuel se paseó por las capitales de Europa en un intento de buscar apoyo. Prometió reunificar la iglesia. No hay duda de que él escribió su tratado religioso para incitar a los países cristianos contra los turcos y convencerlos de comenzar una nueva Cruzada. Su objetivo fue práctico: aquí la teología no servía más que para fines políticos.

En este sentido, la cita sirve perfectamente a los requerimientos del presente Emperador, George Bush II. Él también quiere unir al mundo cristiano contra la amenaza musulmana del “Eje del Mal”. Más aún, los turcos todavía están golpeando las puertas de Europa, esta vez pacíficamente. Es bien sabido que el Papa apoya a las fuerzas que se oponen al ingreso de Turquía en la Unión Europea.

¿Hay alguna verdad en el argumento de Manuel II?

La expansión del gobierno islámico en comparación con la Cristiandad.

El mismo Papa se encomendó tuvo precaución. Como un teólogo serio y renombrado, él no se podía permitir falsificar textos sagrados. Por lo tanto, admitió que el Corán prohíbe específicamente difundir la fe por la fuerza. Él citó el verso 256 del segundo capítulo (extrañamente falló, para ser un Papa, porque quiso decir 257), que dice:

“No debe haber coerción en asuntos de fe”.

¿Cómo puede uno ignorar tal afirmación inequívoca? El Papa simplemente argumentó que esta orden fue promulgada por el Profeta en los comienzos de su carrera, todavía demasiado débil y sin influencia, pero que más tarde ordenó el uso de la espada al servicio de la fe. Semejante orden no existe en el Corán. En verdad, Muhámmad hizo un llamado a la guerra contra las tribus enemigas (idólatras , judíos y cristianos) cuando estaba construyendo su Estado. Pero este fue un acto político, no religioso; básicamente, una lucha por el territorio, no por la difusión de la fe.

Jesús dijo: “Por sus frutos lo conoceréis”. El trato que el Islam da a las otras religiones puede ser juzgado de una forma muy simple: ¿Cómo se han comportado los gobernantes musulmanes a lo largo de más de mil años, cuando ellos tuvieron el poder de “difundir la fe por la espada”?

Bueno, simplemente no lo hicieron.
Durante muchos siglos, los musulmanes gobernaron Grecia. ¿Acaso los griegos se convirtieron en musulmanes? ¿Intentó siquiera alguien islamizarlos? Por el contrario, los cristianos griegos mantenían una alta posición en la administración otomana. Los búlgaros, los serbios, los rumanos, los húngaros y otras naciones europeas vivieron en un tiempo u otro bajo gobierno otomano, y se aferraron a la fe cristiana. Nadie los forzó a convertirse en musulmanes y todos ellos permanecieron devotamente como cristianos.

Sin embargo, los albaneses se convirtieron al Islam, y así también los bosnios. Pero nadie argumentaría que lo hicieron bajo coacción o presión. Ellos adoptaron el Islam para obtener los favores del gobierno y disfrutaron sus frutos .

En 1099, los Cruzados conquistaron Jerusalén y masacraron a los musulmanes, a los judíos, y a muchos cristianos orientales que allí vivían, indiscriminadamente, en el nombre del gentil Jesús. En aquel momento, tras 400 años de presencia musulmana en Palestina, los cristianos todavía eran mayoría en el país. A través de este largo período, no se hizo ningún esfuerzo para imponerles el Islam. Sólo después de la expulsión de los Cruzados del país, la mayoría de los habitantes comenzaron a adoptar la lengua árabe y la fe musulmana, y ellos fueron los antepasados de la mayoría de los palestinos actualmente.

No hay ninguna evidencia de que se hubiese realizado ningún intento o esfuerzo de imponer el Islam a los judíos. Como es bien sabido, bajo gobierno musulmán los judíos de España disfrutaron de un florecimiento que no tiene paralelo al que han disfrutado en ninguna otra parte hasta nuestro tiempo. Poetas como Yehudá Halevy escribieron en árabe, como también lo hizo el gran Maimónides. En la España musulmana, los judíos fueron ministros, poetas y científicos. En la Toledo musulmana, los eruditos cristianos, judíos y musulmanes trabajaron juntos para traducir los textos científicos de los antiguos filósofos griegos . Esa fue ciertamente, la Era de Oro. ¿Cómo habría sido esto posible, si el Profeta hubiera decretado “difundir la fe islámica a punta de espada”?

Lo que sucedió después es aún más aleccionador . Cuando los reyes católicos reconquistaron España de manos de los musulmanes, establecieron un reinado religioso de terror. A los judíos y a los musulmanes españoles se les obligó a tomar una cruel decisión: o convertirse al Catolicismo, exiliarse, o morir. ¿Y a dónde escaparon los cientos de miles de judíos que se rehusaron a abandonar su fe? Casi todos ellos fueron recibidos con los brazos abiertos en los países musulmanes. Los judíos sefaradíes (“españoles”) se establecieron todo alrededor en el mundo musulmán, desde Marruecos en el Oeste hasta Irak en el Este, desde Bulgaria (entonces parte del Imperio Otomano) en el Norte hasta Sudán en el Sur. En ninguno de estos lugares fueron perseguidos. Ellos no conocieron nada comparable a las torturas de la Inquisición, ni las llamas de los “autos de fe ”, los pogroms, las terribles expulsiones masivas que tuvieron lugar en casi todos los países musulmanes, hasta el Holocausto.

¿Por qué? Porque el Islam prohíbe expresamente cualquier persecución a la “Gente del Libro ”. En la sociedad islámica, hay un lugar especial reservado a los judíos y cristianos. No disfrutan exactamente de los mismos derechos, pero casi. Deben pagar un impuesto, pero están exentos del servicio militar, un trato que sería bienvenido por muchos judíos. Se ha dicho que los gobernantes musulmanes fruncían el ceño ante cualquier intento de convertir a los judíos aún a través de la gentil persuasión , a causa de que esto implicaba una pérdida de los impuestos.

Cada judío honesto que conoce la historia de su pueblo no puede sino sentir una profunda gratitud hacia el Islam , que ha protegido a los judíos durante cincuenta generaciones, mientras el mundo cristiano persiguió a los judíos y trató muchas veces de obligarlos a abandonar su fe “por la espada”.

La historia de “esparcir la fe a punta de espada” es una leyenda malvada, uno de los mitos que surgieron en Europa durante las grandes guerras contra los musulmanes, la reconquista de España por los cristianos, las Cruzadas, y la repulsión de los turcos, que casi conquistaron Viena. Yo sospecho que el Papa alemán, también, honestamente cree en estas fábulas. Eso significa que el líder del mundo católico, que es un teólogo cristiano por propio derecho, no ha hecho ningún esfuerzo por estudiar la historia de otras religiones.

¿Por qué pronunció él estas palabras en público? ¿Y por qué justo ahora?

No hay otra forma de entenderlas sino a la luz de la nueva Cruzada de Bush y sus acólitos evangelistas, con sus banderas del “Islamofascismo” y la “Guerra Global contra el Terrorismo”, cuando “terrorismo” se ha vuelto sinónimo de musulmanes. Para las multinacionales que Bush representa, este es un cínico intento de justificar la dominación de los recursos petrolíferos del mundo. No es la primera vez en la historia que se cubre la cruda desnudez y voracidad de los intereses económicos con un manto de religiosidad: no es la primera vez que una expedición religiosa se convierte en una Cruzada.

El discurso del Papa se encamina entre estos esfuerzos. ¿Quién puede predecir sus horribles consecuencias ?

http://www.counterpunch.org/avnery09262006.html

SOBRE EL AUTOR:

La voz de un veterano judío

Uri Avnery ejerció como parlamentario israelí durante diez años. Es un veterano emigrante judío que llegó a Palestina en 1933, un niño que escapaba de Alemania con su familia cuando el monstruo nazi empezaba a agitar la fobia anti judía. Participó en la lucha clandestina por la independencia de Israel y fue herido en la guerra de 1948; se convirtió luego en un activo periodista y escritor, militante por la paz y defensor del laicismo estatal.

Opuesto a la política del actual gobierno israelí, no oculta un profundo desagrado ante quienes han hecho gala de un exagerado apoyo al Gobierno de Olmert y recuerda el viejo proverbio: “Dios me salve de mis amigos, que de mis enemigos me cuido yo”.

Se pregunta si se pueden considerar amigos quienes te ven jugando a la ruleta rusa y te ofrecen más balas. Ironiza sobre el discurso adulador de Ángela Merkel en Jerusalén, se ríe de la exigencia del pastor evangélico que asesora a McCain de “en nombre de (su) Dios, no ceder ni un milímetro de la tierra sagrada, derramando para ello hasta la última gota de (nuestra) sangre”. Aplica la misma ironía a Bush y se burla de algunos de los fracasados políticos que han dejado oír su voz en las pasadas celebraciones, de Shimon Peres, que en sus 84 años de vida política jamás ganó unas elecciones y que se convirtió en Presidente de la nación como limosna, de Tony Blair, nombrado ‘Enviado para la Paz en Oriente Medio’, al criminal de guerra Henry Kissinger y a Mijail Gorbachov, a quien agradece haber evitado una carnicería durante el colapso de la URSS.

Lamenta que ninguno de ellos hablara para nada de la ocupación de los territorios palestinos, de los asentamientos ilegales, del bloqueo de Gaza ni de los asesinatos cotidianos. Les reprocha que todos ellos describieran un Estado maravilloso, amante de la paz, al que los depravados y malignos terroristas intentan arrojar al mar.

Pero para quienes Avnery reserva los dardos más envenenados es para los multimillonarios judíos de EEUU y a los de Canadá, Suiza y Austria que se tienen por patriotas y filántropos, y que apoyan magnánimamente a los políticos israelíes de la derecha.

“Muchos de ellos han hecho sus fortunas en los rincones más oscuros. Barones del juego, propietarios de casinos, vinculados a la violencia, el delito y la explotación. Uno de ellos es un propietario de prostíbulos. Otros fueron contrabandistas de alcohol durante la ley seca…”. Piensa que, a pesar de sus fortunas, sufren porque no están bien considerados por los magnates estadounidenses de las viejas familias, que los desprecian. Por eso, van a Israel a recabar honores y gloria: su nombre se otorga a una facultad universitaria, cenan con el Presidente y son recibidos con deferencia por los dirigentes políticos del país.

Hubo un tiempo, recuerda Avnery, en que cada millonario de éstos adoptaba a un general famoso. Pero nada había en ellos de generosidad. El negocio es el negocio y los regalos hechos a los dirigentes políticos exigen reciprocidad por éstos cuando alcanzan el poder. Es ahí donde comienza la corrupción, que hoy alcanza hasta al primer ministro Olmert.

“No critico a los donantes bienintencionados… me opongo a los acaudalados extranjeros que intentan dictar el rumbo de nuestro país”. Rechazo a los que “tienen la osadía de financiar una guerra en la que mueren, no sus hijos, sino los nuestros. Los que apoyan económicamente la expansión de los asentamientos ilegales, sobre todo en Jerusalén, con el propósito expreso de impedir la paz e imponernos una guerra permanente que amenaza nuestro futuro, no el de ellos”.

Mientras pueda hablarse con esa libertad en Israel, el país aun tendrá el potencial humano necesario para salir del atolladero en el que se encuentra y donde ha hundido a parte de la humanidad. Extraerá de sus ciudadanos más responsables y comprometidos la habilidad necesaria para que no se dispare la bala de la ruleta rusa y para que Israel no siga avanzando ciegamente hacia el precipicio al que le conduce su actual política. No todos los Estados cuentan con ciudadanos lúcidos que puedan expresarse en total libertad.

Alberto Piris es General de artillería en reserva.

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