Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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miércoles, 23 de junio de 2010

Un “Día de la Infamia” olvidado

Malcom Lagauche
Uruknet

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


layla al-attar

Layla al-Attar


Muchos países tienen uno o dos días al año que conmemoran una tragedia nacional. En Estados Unidos el 7 de diciembre de 1941, el día que los japoneses atacaron Pearl Harbor, se denomina “Día de la infamia”. Casi sesenta años después, el 11 de septiembre de 2001 superó al 7 de diciembre como un grito unitario de solidaridad con Estados Unidos.

Iraq, un país mucho más pequeño que Estados Unidos y actor no tan importante en la escena internacional, puede reivindicar varios días de infamia: el 17 de enero de 1991 (inicio de [la operación] Tormenta del Desierto); el 14 de febrero de1991 (destrucción del refugio de Amiryah); el 20 de marzo de 2003 (inicio de las ilegales invasión y ocupación de Iraq) y el 9 de abril de 2003 (entrada del las fuerzas estadounidenses en Bagdad), entre otros. Pero una fecha que atrae poca atención internacional está profundamente arraigada en los corazones y mentes de la mayoría de los iraquíes: el 26 de junio de 1993.

Ese día el ejército estadounidenses bajo el mando de Bill Clinton ordenó que 23 misiles guiados Tomahawk demolieran el cuartel general del Mukhabarat, los servicios de inteligencia iraquíes, en el centro de Bagdad. Veinte de los misiles hicieron blanco en el complejo de la agencia, mientras que “sólo” tres fallaron.

Un jubiloso Clinton apareció en los medios de comunicación y proclamó victoria. Estaba contento de que sólo tres misiles hubieran fallado. Se podría pensar que se dirigía al público comentando los resultados de un acontecimiento deportivo.

Uno de los tres misiles que fallaron destruyó la casa de Layla al-Attar, la mató a ella y a su marido, y dejó ciega a su hija.

Layla al-Attar era la directora del Museo Nacional Iraquí de Arte y una destacada artista iraquí tan venerada en Iraq como Norman Rockwell* en Estados Unidos. Además era una portavoz de la paz internacional, de la paz interna de las mujeres y de la resistencia contra la hegemonía estadounidense. Layla al-Attar simbolizaba Iraq.

Cuando trascendieron las noticias de la muerte de al-Attar, Iraq lloró su muerte. Había sido asesinada una persona especial que trascendía la ideología política y representaba a toda la humanidad.

Durante la Guerra de Golfo su casa quedó casi totalmente destruida por los misiles estadounidenses. Dos años después, poco después de terminar de reconstruir la casa, dos misiles “errantes” acabaron el trabajo que sus primos habían dejado a medias unos años antes.

Aunque nunca se ha demostrado, es bastante fácil dar credibilidad a la teoría de que Layla al-Attar era el objetivo del misil y no meramente un “daño colateral” de un proyectil desviado. Cada iraquí cree que estaba marcada, pero poco después de que fuera ejecutada el resto del mundo lo olvidó.

Fuera del mundo árabe Layla al-Attar estaba a punto de convertirse en una artista internacional de primera línea. Las galerías europeas estaban empezando a destacar su trabajo. En Estados Unidos, sin embargo, era poco conocida. Su asesinato apenas escandalizó a nivel internacional.

La razón esgrimida para justificar el ataque era tan falsa como cualquiera de las que se dieron durante los años de Bush I. Clinton afirmó que tenían información de que agentes iraquíes estaban detrás de un intento fracasado de asesinato contra el ex presidente George Bush en abril de 1993 durante una ceremonia de agradecimiento en Kuwait. Clinton añadió que Sadam Husein había ordenado atentar contra la vida de Bush. En el último momento se detuvo a quienes iban a cometer el atentado y Clinton tenía que dar una lección a los iraquíes.

La enorme mentira persistió. Las personas detenidas no eran más que traficantes de alcohol y drogas. Tras el ataque con misiles del 26 de junio los míticos aspirantes a asesinos fueron liberados uno a uno de las cárceles de Kuwait, pero los medios de comunicación estadounidenses no consideraron esta información digna de ser publicada. No era tan apasionante como los complots de asesinato y los ataques con misiles.

El 1 de noviembre de 1993, el New Yorker publicó un artículo de Seymour Hersh titulado “Un acaso no cerrado”. En él Hersh entraba en detalles de todo el acontecimiento y mostraba básicamente que las afirmaciones de Clinton no eran válidas.

¿Por qué ordenó Clinton este ataque? En aquel momento los republicanos y los demócratas favorables a la guerra le criticaban por ser “débil” en relación con Iraq y otras amenazas invisibles contra Estados Unidos. Clinton tenía que ganarse el respeto. ¿Qué mejor objetivo que Iraq, un país indefenso que estaba aislado debido a la propaganda estadounidense?

Según Hersh: “Tres de los misiles valorados en millones de dólares fallaron su objetivo, fueron a dar a las casas vecinas, y mataron a ocho civiles, incluyendo a Layla al-Attar, una de las artistas iraquíes con más talento. La Casa Blanca consideró que el número de víctimas era aceptable. Altos cargos del Gobierno de Clinton reconocieron que habían tenido “suerte”, como dijo un asesor de seguridad nacional, de que sólo tres de los misiles dirigidos por ordenador hubieran fallado.

Así, un sábado de junio el presidente y sus asesores no pudieron resistirse a demostrar su dureza en la arena internacional. Si hubieran estado absolutamente seguros de lo que estaban diciendo a la prensa y al público acerca de la implicación de Sadam Husein en el complot para matar a George Bush, casi con toda seguridad habrían ordenado una respuesta mucho más feroz de la que dieron. Tal como era, confrontados a una evidencia demasiado débil para ser concluyente, pero quizá no suficientemente débil como para desecharla, decidieron disparar misiles por la noche contra un centro de inteligencia situado en medio de un barrio muy poblado”.

Con los años muchas personas afirmaban que “Sadam trató de asesinar a Bush padre” para defender la invasión de Iraq de Bush hijo en 2003. En marzo de 2008 la historia cobró un nuevo giro cuando una insólita organización admitió que la trama había sido una patraña del Pentágono.

El 23 de marzo de 2008 el Newsweek publicó un artículo titulado “Los archivos de Sadam” escrito por Michael Isikoff. En él se afirmaba: “El presidente Bush dijo muchas cosas sobre Sadam Husein en el periodo previo a la guerra de Iraq. Pero pocas de sus acusaciones suscitaron más atención que una afirmación hecha sobre la marcha en un acto celebrado en Texas para recaudar fondos el 26 de septiembre de 2002. "Después de todo, éste es un tipo que trató de asesinar a mi papá en un momento dado", dijo Bush. El comentario se refería a una afirmación del Gobierno de Kuwait en 1993 —aceptada por el gobierno de Clinton— de que los Servicios de Inteligencia Iraquíes habían planeado matar al presidente George H. W. Bush durante un viaje a Kuwait aquella primavera.

Pero, curiosamente, en los cinco años transcurridos desde que el ejército estadounidense invadió Iraq poco se ha oído de la supuesta trama fallida de asesinato. Un estudio del Pentágono recién publicado sobre las relaciones de Iraq con el terrorismo no hace sino añadir más misterio. El informe, dirigido por el Comando de Fuerzas Conjuntas del Pentágono, rebuscó en 600.000 páginas de documentos de la inteligencia iraquí incautados tras la caída de Bagdad, así como en miles de grabaciones de conversaciones de Sadam con sus ministros y aliados principales …

…Pero los investigadores del Pentágono no encontraron documentos que se refirieran a un plan para asesinar a Bush. Esta ausencia era llamativa porque los investigadores, sabiendo su potencial significado, estuvieron buscando esas pruebas. “Era sorprendente”, dijo una fuente familiar con la preparación del informe (al que según las normas del Pentágono no se le permitía hablar sobre ello) . Dado lo abundantemente que documentaban los iraquíes “era de esperar que hubiera alguna referencia velada a algo acerca [del complot]”.

A pesar de que el Pentágono dejó las cosas claras después de que durante 15 años el público creyera un mito acerca de un inexistente intento de asesinato, poco ha cambiado en la percepción e información acerca de esa época. En abril de 2008, unas semanas después de que el Pentágono anunciara la patraña kuwaití, la Universidad de Defensa Nacional, una organización casi gubernamental, publicó un informe llamado “Elegir la guerra: la decisión de invadir Iraq y el periodo subsiguiente”, escrito por el coronel Joseph J. Collins, un oficial retirado del ejército estadounidense.

Collins parecía estar escribiendo acerca de un escenario inventado de Iraq. Sus afirmaciones no eran exactas y a veces diferían enormemente de los hechos. En una de ellas afirmaba: “Desde la última vez que los republicanos habían estado en el poder, Sadam había tratado de asesinar a Bush padre”. Nadie rectificó la afirmación de Collins, a pesar de la anterior declaración del Pentágono. Parece que no importa cuántas personas desacrediten esta mentira, ella tiene vida propia y entrará en la historia como un hecho.

Hersh tenía bastante razón al incidir en la debilidad. Los ciudadanos estadounidenses están orgullosos del hecho de que su sociedad desdeña a matones que se meten con adversarios indefensos. Sin embargo, contradicen su propia filosofía al aplaudir el asesinato de civiles extranjeros que son la presa más débil de todas.

Estas acciones cobardes trascienden las lealtades políticas en Estados Unidos. Obama (recuerden, el candidato contrario a la guerra), condenó a Irán por aplastar manifestaciones. El 23 de junio de 2009 declaró a la prensa: “Y deploramos la violencia contra civiles ahí donde se produzca”. Ese mismo día se leía en los titulares: “Un mortal 'ataque con drones’ contra Pakistán”. Al parecer al menos 40 paquistaníes habían sido asesinados durante un funeral. Obama ordenó el ataque. Parece que los paquistaníes, iraquíes y afganos no cuentan. Las mentiras y la hipocresía de la sed de sangre de los políticos y de muchos civiles estadounidenses continúan incólumes.

*N. de la t.: Norman Rockwell (1894 – 1978) fue un ilustrador, fotógrafo y pintor estadounidense célebre por sus imágenes llenas de ironía y humor. Trabajó como ilustrador oficial del Saturday Evening Post, una revista de actualidad y sociedad, hasta 1963. Sus portadas, anuncios, ilustraciones y demás publicidad se han repetido e imitado hasta la saciedad, símbolo del típico ilustrador virtuoso estadounidense. Hizo publicidad para McDonald's o Coca-cola, cereales, chicles, neumáticos, etc.

Fuente: http://www.uruknet.net/?p=m67046&hd=&size=1&l=e

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=108405

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