Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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lunes, 13 de febrero de 2012

El empoderamiento de las mujeres, pero, ¿a qué precio?‏


Es algo peculiar para el musulmán ver los esfuerzos de los seres humanos para ir en contra de su propia naturaleza. El ejemplo más evidente de esto está en el actual movimiento mundial por el “empoderamiento de la mujer”. Este movimiento es cada vez más notorio y está siendo apadrinado por varias organizaciones internacionales, la ONU en especial. El reporte del IDH y el Reporte del Desarrollo Humano Árabe del 2002 incluyen objetivos relacionados con el “completo empoderamiento de la mujer”. El Reporte de Desarrollo Humano incluso tiene un “índice de empoderamiento de género” que mide la desigualdad de oportunidades económicas y políticas.

La Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer del Alto Comisionado de derechos Humanos de las Naciones Unidas es el más descarado intento de alterar el status único de los géneros.

Uno de los principales objetivos de esta comisión es el siguiente: “Sabiendo que un cambio en los roles tradicionales de hombres y mujeres en la sociedad es necesario para lograr la completa igualdad entre hombres y mujeres… los estados miembros deben tomar todas las previsiones apropiadas para modificar los patrones culturales y sociales con el fin de lograr eliminar los prejuicios y prácticas consuetudinarias y otras que se basan en la idea de inferioridad o superioridad de alguno de los sexos o en roles estereotipados para hombres y mujeres”.

Como es evidente en la afirmación anterior, esta comisión apunta a la religión y a la cultura, expresando la opinión de que “no se puede permitir que los valores religiosos o culturales vulneren la universalidad de los derechos de la mujer”. Ellos aclaran que “en la mayoría de los países, uno de los factores que más inhibe la habilidad de la mujer de participar en la vida pública es el marco cultural de valores y creencias religiosas”.

Esta comisión, de hecho, ha llegado al extremo de instruir a los países musulmanes que deben reinterpretar el Sagrado Corán de una manera acorde con las tendencias internacionales.

La Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer instruyó a Libia que altere la lectura del Corán con el siguientes palabras: “Los miembros sienten que la interpretación del Corán debe ser revisada a la luz de las instrucciones del esta Convención y a la luz de la actual situación social… se deben realizar esfuerzos para proceder hacia una interpretación de la Shari’ah que facilite y no bloquee los avances de la mujer”. Al gobierno libio se le urgió a tomar un rol modelo de la interpretación coránica como ejemplo para los demás países islámicos.

Es difícil imaginarse un más desvergonzado ataque a la religión, a los valores religiosos y a la familia. El principal objetivo de tales esfuerzos es eliminar los roles tradicionales de hombres y mujeres y reemplazarlos con el concepto de “igualdad” o algo similar. Este es un objetivo feminista que tiene alrededor de 50 años ya. La opinión de las feministas es que la mujer debe ser “liberada del yugo de la maternidad” y se le debe permitir participar en igualdad junto con el hombre en todos los aspectos de la vida fuera de casa (económicos, políticos y sociales). La educación y cuidado de los hijos son vistos como algo “humillante” y son rechazados. El rol de la maternidad ha sido extremamente denigrado y visto como menos valioso que una carrera fuera de casa. Inherente a todo esto está una actitud hostil hacia las antiquísimas nociones de matrimonio, familia natural y educación de los hijos.

Hay algunos aspectos positivos en este plan de “empoderamiento de la mujer”, tales como la reducción de la discriminación, el aumento de la educación femenina, mejor calidad de vida; pero no debemos dejar de lado los aspectos negativos. El proceso tiene una naturaleza insidiosa que encierra grave peligro. Superficialmente se citan nobles objetivos, pero la consecuencia final será el debilitamiento de la familia, que es la estructura sobre la que se levanta la sociedad.

Una mirada crítica nos revela que el “empoderamiento de la mujer” ultimadamente significa que las (súper) mujeres:

Trabajarán en dos oficios en vez de uno, primero serán responsables por su hogar y luego tendrán otro oficio fuera de casa.
Frecuentemente trabajarán en ambientes masculinos, rodeadas de hombres ajenos.
Se verán forzadas a mandar a sus hijos a guarderías, incluso los de semanas de edad.
Tienen, como promedio, sólo 30 minutos semanales de conversación significativa con sus hijos.
Tendrán el doble o el triple más depresión que los hombres, además de otros desórdenes psicológicos como es estrés, la ansiedad, etc.
Experimentan conflictos entre sus instintos femeninos (cariño, sentimiento maternal, solidaridad, etc.) y las características necesarias para el éxito en su carrera (rudeza, autonomía, independencia, etc.).


Y no solo sufren las mujeres sino que toda la sociedad lo hace. Una mirada a las autodestructivas naciones de occidente nos aporta suficientes evidencias de ello. Asesinatos, drogadicción, abuso; estas naciones están clamando por sus madres, pues es la madre quien da estabilidad a la comunidad. Es la madre quien lo sacrificaría todo por sus hijos. Es la madre la que educará hijos rectos que beneficien a la sociedad.

Al-lah Creó sistemas balanceados y equilibrados. Cuando estos sistemas son desequilibrados, los seres humanos sufrimos las consecuencias. La familia es un sistema y funciona de forma más efectiva cuando las leyes de Al-lah y las leyes naturales se implementan. Al-lah Dice (lo que se interpreta en español):

{Los hombres están a cargo de las mujeres debido a lo que Al-lah les ha agraciado a ellos (fruto de su trabajo) y deben mantenerlas con sus bienes. Las mujeres piadosas obedecen a Al-lah y a sus maridos, y cuidan en ausencia de ellos [su honor y sus bienes] encomendándose a Al-lah. A aquellas de quienes temáis que se rebelen, exhortadlas y dejadlas solas en sus lechos [sin cohabitar], o recurrid a otra medida para que recapaciten; si os obedecen no las maltratéis. Al-lah es Sublime, Grande.} [Corán 4:34]


Al-lah Establece claramente en esta aleya que los hombres deben proteger y mantener a las mujeres, y que Él Ha creado a cada género en forma única. Esto no implica ninguna inferioridad de ningún género sobre otro; pero indica que cada género cumple con ciertas funciones y roles. Los roles de ambos son complementarios y honrosos. Si Al-lah Quisiese que hombres y mujeres fuesen idénticos, ¿habría necesidad de los géneros sexuales?

Las mujeres musulmanas debemos darnos cuenta de que no necesitamos este “empoderamiento” ni “liberación”, pues la mujer musulmana ya fue liberada. Su liberación viene de la mano de su sometimiento al Creador y Sustentador. Cuando nos sometemos a Al-lah somos liberadas de las pasiones de nuestro ego y de los engaños de este mundo material. Realmente, es la mujer “empoderada”, que trabaja en dos oficios, dentro y fuera de casa, la que está prisionera y necesita una liberación.

Las mujeres musulmanas tienen todo el poder que necesitan en este mundo y ese poder es el Islam. Al-lah nos Ha dado lo que necesitamos para el éxito en esta vida, y ninguna comisión o ley humana mejorará eso. La maternidad es un honroso presente con que Al-lah Nos agració y nadie lo va a degradar o a quitárnoslo. En el Islam la maternidad es considerada en la más alta estima, reflejando su naturaleza significativa. Porque serán las madres piadosas las que formen saludables, estables y pacíficas comunidades, y no así las ejecutivas de las compañías.

http://www.islamweb.net/esp/index.php?page=articles&id=152396