Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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jueves, 2 de febrero de 2012

El desubicado.


Me dicen por ahí que soy un desubicado. Que no tengo tacto social, que digo cosas inadecuadas. Que es por mis rasgos autísticos, que no sé separar lo público, de lo privado.

Me lo dicen en las calles las bellas muchachas bobas, que salen día tras día a mostrar, lo que mi abuela habrá mostrado en su noche de bodas.

Y me lo dice también en la esquina el policía mientras revisa mis documentos, cuando me pregunta por qué tengo la barba larga, sin dejar de mirar muchachas bobas ni un momento, de los tobillos a las nalgas.

Me lo dicen con rostro adusto las pitucas señoras, mientras leen en la peluquería la revista Paparazzi, y con saña comentan rumores vulgares sobre las reales alcobas.

Y me lo dicen también desde el aeropuerto los periodistas, que viajan con sus cámaras a Miami porque, dicen que allí, veranean los familiares de un famoso deportista.

Me lo dice el cura católico desde el obispado, y me da consejos que no le pido; quiere que cuando estemos a solas mi esposa y yo, no usemos condón, porque es pecado.

Y me lo dice la anciana devota, preocupada porque los hijos de los inmigrantes, desde que no gobiernan las botas, ya no estudian catequesis en el jardín de infantes.

Me lo dice desde el Ministerio el empresario acusado de peculado, que vino con perfume y vestido de traje, a convencer al Sr. Ministro que le conceda una popular paraje, para construir un barrio cercado.

Y me lo dice desde Harvard el economista destacado, que estudia cómo privatizar ganancias y socializar bancarrotas, y así llevarse del federal Estado, lo que no pudieron saquear las botas.

En un mundo donde lo público está en manos privadas, y es de dominio público lo privado, el desubicado soy yo porque tengo pudor, pienso, y lo digo en voz alta, ante al estrado.

Mo'ámmer al-Muháyir.
Se permite su reproducción total citando al autor, bajo licencia de Creative Commons, 2012.

Mo'ámmer al-Muháyir.