Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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martes, 27 de septiembre de 2011

“La homofobia de la Iglesia no tiene precedentes”.




Entrevista
David Berger · · · · ·


Una coalición se movimientos sociales se organizó para protestar contra la visita del Papa Benedicto XVI el pasado 22 de septiembre en Berlín y llamar la atención sobre la política “contraria a los derechos humanos y las libertades sexuales de la Iglesia católica”. En el marco de las protestas, el teólogo y filósofo católico David Berger realizó una conferencia en Berlín. Tras su salida del armario en el 2010 y la publicación de su libro Der heilige Schein: Als schwuler Theologe in der katolischen Kirche (La sagrada impostura: como teólogo homosexual en la Iglesia católica) en noviembre de 2010 –que va ya por su sexta edición–, en el criticaba a la Iglesia católica por su homofobia, Berger fue expulsado de la archidiócesis de Colonia y se le retiró su licencia como profesor de religión. Nicole Tomasek entrevistó a David Berger para el semanario de izquierdas Jungle World.



¿Por qué alguien como usted querría pertenecer a una organización autoritaria y homófoba como la Iglesia católica?


No se trata de algo así como pertenecer a una asociación cualquiera, como un club de jardinería o un partido político, sino, a grandes trazos, puede decirse que uno nace y es educado social y culturalmente en ella. En mi caso fue mi abuela la que me introdujo en el catolicismo, y como niño, naturalmente uno no se hace demasiadas preguntas y no lo vive como una organización autoritaria. Se trata de un largo proceso de maduración interior y de adquisición de la conciencia de que hay estructuras en la Iglesia que son contrarias a los derechos humanos.

Se dio cuenta más bien tarde...


Sí, muy tarde. Si alguien quiere hacer carrera y se le presenta una buena oportunidad, intenta dejar este tipo de cosas de lado. Quizá fuese también una cierta debilidad de carácter a la que no me quise enfrentar, pero que jugó con toda seguridad un papel importante. No se puede rechazar algo si uno sabe qué es lo que tiene que rechazar.

El Papa Benedicto XVI está considerado un miembro del ala dura derechista en el Vaticano. ¿Ha empeorado con su proclamación la posición de la Iglesia hacia los homosexuales?

Sin ninguna duda. Estoy plenamente convencido de que no ha habido ninguna otra época en la historia de la Iglesia católica en la que el Papa se haya mostrado públicamente tan abiertamente homófobo y haya hecho una campaña tan agresiva como la que ha hecho Benedicto XVI. Por su magnitud y por su vehemencia, esta homofobia en la Iglesia católica no tiene precedentes.

En su libro, La sagrada impostura, habla de una “yihad católica”. ¿A qué se refiere exactamente con esta expresión?


La expresión no es mía, sino de un lector de una gran editorial católica que elogió explícitamente la “yihad católica”. Dijo que, como católicos, tenemos mucho que aprender del islam, de su lucha contra la modernidad, la podredumbre moral de Occidente, la pornografía, la homosexualidad y el falso pensamiento que domina en las democracias.

¿Critica Ud. esta posición?

Sí, me parecería un error fatal si se llegase a una colaboración entre musulmanes radicales y católicos radicales teniendo en cuenta el potencial de agresión y violencia que domina en estos ambientes. Esto es algo sobre lo que el estado debería estar alerta. Es algo que no puede tolerarse bajo la libertad de expresión o de religión. Se trata realmente de proteger nuestras libertades democráticas y nuestras sociedades abiertas contra este tipo de tendencias.

Ud. critica las tendencias reaccionarias de la Iglesia, pero por otra parte trabajó para la Congregación para la Doctrina de la Fe, heredera de la Inquisición y dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger.


No sólo trabajé para ella, sino que edité durante muchos años su publicación. Seguramente tiene también que ver con que, debido a mi homosexualidad, tenía el sentimiento de estar obligado a expiarla, así que quise compensarla con una lealtad fuera de toda duda hacia el papado y la Iglesia. Sólo más tarde me di cuenta de lo importante que resultaban estos mecanismos.

¿Cree Ud. que es posible que la Iglesia católica se reforme desde dentro? ¿No sería mejor fundar una Iglesia propia y, con ella, reducir el poder del Papa y de los altos cargos eclesiásticos conservadores?


No sé si tendría mucho sentido fundar una Iglesia propia. Tampoco estoy a favor de combatir a la Iglesia católica como un todo, pero allí donde la Iglesia católica sobrepasa claramente sus límites y se mezcla en cuestiones sociales y políticas es tarea de todo aquel a quien preocupe mantener nuestras sociedades abiertas, independientemente de si es católico o no, combatir estas tendencias.

En una entrevista con el muniqués Abendzeitung Ud. opina que la mitad de los clérigos católicos con homosexuales. ¿Se trata de que uno pueda ocultarse tras el celibato para no temer que se le pregunte si tiene miedo de salir del armario?


Sí, en el caso de los jóvenes que proceden de hogares conservadores, ésa se trata, hoy como ayer, de una cuestión importante. Donde es imposible que el hijo le diga a su madre “soy homosexual y no hay nada malo en ello, me voy a vivir con mi novio.” Si éste no quiere ser expulsado de su familia, se le presenta otro camino: convertirse en cura y convertir lo que su familia ve como una debilidad en la mayor de las virtudes. Se trata, con toda seguridad, de que organizaciones puramente masculinas, como el ejército, los clubes deportivos o la Iglesia, ejercen una fuerza de atracción sobre no pocos homosexuales.

¿Por qué no hay un movimiento mayor contra la homofobia en el seno de la Iglesia católica, si al menos la mitad de los clérigos católicos homosexuales la padece?

La padecen sin ninguna duda, pero se ha conseguido construir en la Iglesia católica un sistema de terror y chantaje. Se permite a la gente vivir su homosexualidad secretamente, pero tan pronto como son desleales, se les dice: te has extralimitado en tus libertades, por eso esperamos que en otros aspectos nos seas leal. Lo he descrito con detalle en La sagrada impostura. Se sufrirá mientras permanezca en secreto. Pero en el momento en que se hace público, las personas reciben los castigos más duros. Este sistema de secretismo y extorsión tiene un efecto estabilizador en la Iglesia católica.

¿Cree Ud. que su libro y su compromiso mejorarán este aspecto, que puede llegar a convertirse en un ejemplo para muchos?

Me han escrito muchos clérigos diciéndome: tú has hecho algo que nosotros no podemos hacer, porque en el momento que lo hiciéramos, perderíamos inmediatamente nuestro trabajo y nos encontraríamos en la calle. Y también: tú has hecho público bajo qué presión nos encontramos desde hace años. Soy de la opinión que sólo puede ponerse fin a este tipo de camarillas que ejerce el miedo y opresión a través de la denuncia pública. Se utiliza básicamente la sexualidad, convirtiéndola en un tabú, para hacer a las personas dóciles y manipulables.

¿Defiende Ud. una doctrina sexual católica propia, una en la que sexualidad no significa sólo la procreación y que no está considerada más como pecado?


Sí, creo que eso no tiene nada de anticatólico o de anticristiano. Los católicos se han obsesionado en las últimas tres o cuatro décadas con un antimodernismo que resulta fatal para la propia Iglesia. La Iglesia católica mantuvo durante muchas décadas un diálogo vivo con las ciencias y las humanidades, muy lejos de su posición actual. Eso se acabó a finales del siglo XIX. Sobre todo en lo que se refiere a su juicio sobre las relaciones humanas –y ahí la sexualidad juega un gran papel–. La cosa va tan lejos como que la Asociación de médicos católicos, por ejemplo, prescribe pastillas de glucosa para la “curación de la homosexualidad”. Cuando la Iglesia apoya este tipo de ciencia, uno no puede sorprenderse de que ya no se tome en serio su moral sexual.

¿Qué debería cambiar en su opinión? ¿Debería la Iglesia católica ser más tolerante, escuchar más a menudo a la ciencia?

Ésa es una cuestión importante, llevar a cabo un diálogo valiente con las actuales ciencias y humanidades en vez de apoyarse en tesis oscurantistas. La Iglesia debe separarse por completo de su visión puramente biológica de la sexualidad. Todo lo que tiene que ver con la moral sexual de la Iglesia católica descansa sobre un error de concepción elemental, a saber: que la sexualidad de los hombres existe exclusivamente para la procreación. El afecto, las relaciones duraderas, la necesidad de intimidad con alguien, todo eso no se encuentra obviamente en los animales, que se limitan a ejecutar una danza de cortejo y luego se reproducen. Cuando la sexualidad humana se reduce al nivel de los animales para rechazar la homosexualidad, la consecuencia es que los métodos anticonceptivos también deben ser rechazados.

¿Sigue siendo el catolicismo aún atractivo para la gente joven?


Yo diría que sí y no. La capacidad del catolicismo para cultivar su propia imagen tiene su propia capacidad de atracción estética para la gente joven. En primer plano de la visita del Papa no estará el debate de sus tesis intelectuales, sino las imágenes que proporcionen los medios de comunicación: el Papa tomando a niños en sus brazos, cosas así. Imágenes que conocemos también por Leni Riefenstahl, que las escenificó para Hitler, o de otros mandatarios. En su puesta en escena, la Iglesia católica es muy profesional. De cara al exterior nunca se evidencia que el Papa no es otra cosa que un fundamentalista homófobo.

Cuando se trata de vivir el catolicismo completamente, su atractivo desaparece muy rápidamente. Lo sabemos por las Jornadas Mundiales de la Juventud: mientras el Papa predica contra los preservativos y los anticonceptivos, se utilizan muchísimos preservativos. Pienso que es importante que cada joven busque su propio camino. La cuestión se reduce a si se puede sintonizar con este catolicismo folclórico mientras la influencia del Vaticano crece y, con ello, se genera una constelación social que pueda terminar por amenazar las libertades que ahora poseemos.

Entonces, ¿se postula a favor de un movimiento de reforma desde el interior?

Desde el interior y desde el exterior. He salido de la Iglesia, no me interesan exclusivamente sus asuntos internos. Si el embajador del Papa en las ONU reivindica que los estados deben seguir teniendo el derecho de castigar penalmente la homosexualidad, y al mismo tiempo en Uganda se muestra de acuerdo con que se siga aplicando la pena capital contra los homosexuales, entonces ya no se trata de un problema interno de la Iglesia, sino de algo que incumbe a todos a quienes les preocupan los derechos humanos, independientemente de si se encuentran en la Iglesia o no.

David Berger es un teólogo y filósofo tomista alemán.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4451