Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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domingo, 26 de diciembre de 2010

Wikileaks: no es sólo el secretismo, sino toda una cultura de impunidad lo que está en cuestión

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Sam Smith


Aunque Wikileaks ha comenzado a revelar algunos secretos de estado importantes, no es eso lo único que está poniendo extremadamente nervioso al establishment. Otro ciclópeo problema al que se enfrentan es que estos documentos están proporcionando toda una cadena de pruebas que ilustra que la gente que dirige nuestro gobierno no es sólo por lo común estúpida, corrupta y/o deshonesta, sino que en ciertos sectores, como el de la política exterior, este comportamiento es más la norma que la excepción. No es sólo el secretismo, sino que toda una cultura de la impunidad está en cuestión.

Aunque se trate de una visión ya extendida entre muchos ciudadanos, desde el punto de vista de las clases dominantes, las pruebas son mucho más peligrosas que la mera opinión. El papeleo es algo verdaderamente terrible.

Si todo esto no os suena ligeramente familiar, la descripción de una vieja película puede que nos ayude: “En su triunfante retorno a la Ciudad Esmeralda,Totó expone al Mago de Oz como un fraude, apartando el cortinaje que revela a un hombre nada mágico operando una gigantesca consola de mandos compuesta de ruedas y palancas.”

No es una mala descripción del modo en que funciona Washington en nuestros días.

eguro que Wikileaks también revela cómo algunas personas honestas tratan de hacer cosas honestas. Pero en las reglas del juego el poder y la honestidad son mutuamente excluyentes, una modesta aportación del Independent al describir la conversión del antiguo zar de las drogas británico a la legalización: “Mr. Ainworth comentó que su salida del cargo le proporciona ahora la libertad de expresar su opinión de que 'la guerra contra las drogas ha sido poco menos que un desastre'.”

En otras palabras, mientras ocupaba un cargo público no se le permitía revelar que la guerra contra las drogas era poco menos que un desastre. Es difícil que una norma así encaje en la definición de una democracia funcional.

Para hacer que una prohibición así sea efectiva de veras necesitas tener a relativamente poca gente que sepa el secreto y no a dos millones de personas en el personal militar con las contraseñas de Internet adecuadas.

Éste es el daño a largo plazo que Wikileaks ha causado. Un soldado raso en Irak puede saber más estados de secreto que muchos de los miembros del club conocido como establishment de Washington. Todos aquellos años en la Ivy League, todos aquellos almuerzos en el Metropolitan Club, todas aquellas aburridas conferencias en think tanks se vienen abajo con unos pocos CDs y lápices de memoria.

La cultura de Washington se ha basado durante mucho tiempo en un pequeño grupo de personas que compartían el poder, el almuerzo y los secretos, que proyectaban –con la ayuda de los sicofánticos escribas de los medios de comunicación– una aura de competencia y sabiduría.

Ésta cultura es la que hace que una cabecera metida hasta las cejas en el establishment como el Daily Beast abra una noticia con la siguiente frase: “Mientras el mundo expresa su duelo por el embajador Richard Holbrooke...”

Imaginar que “el mundo” está expresando su duelo por Richard Holbrooke exige una perspectiva mundial que raya lo microscópico, pero así es como piensa la clase dirigente de Estados Unidos. La idea de que un mero soldado en el ejército y un excéntrico australiano pudieran apartar los ropajes de su confortable apariencia les estremece como pocas otras cosas.

Así las cosas, Wikileaks no sólo ha expuesto secretos de estado, sino también a los magos de Washington, y es probablemente esto lo que estos magos odian más.

Sam Smith es el editor de Progressive Review.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero



http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3814