Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

Introducción al ádab islámico (I)

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"Al-islamu kul-luhu adab" (Todo en el islam es adab)
Autor: Hashim Cabrera


1. Islam y prácticas culturales

Antes de emprender una visión general sobre la vida de relación y el comportamiento de los musulmanes y musulmanas, necesariamente hemos de diferenciar con claridad las expresiones propias de la vida islámica (Din del islam) de aquellas otras que, sin serlo, a menudo aparecen asociadas con el islam cuando en realidad son prácticas culturales de unos pueblos determinados que coexisten con la vida islámica propiamente dicha y se benefician de ella en muchos aspectos. La mayoría de estas prácticas son continuación de la vida cultural de estos pueblos en épocas remotas, anteriores incluso a su islamización.

Cuando se trata de costumbres muy arraigadas, sobreviven en el seno de estas sociedades de mayoría musulmana incluso en aquellos casos en los que existe una cierta fricción con la forma islámica de vivir. Ello se debe a la naturaleza flexible de la sociedad islámica que, en sus expresiones más armónicas (La sociedad de Medina, algunos momentos y lugares de Al Ándalus, la Basora del siglo IX, etc) ha sido capaz de integrar las más diversas expresiones culturales.

Así pues, si queremos conocer la idiosincrasia de un determinado pueblo de mayoría musulmana hemos de atender a estos dos aspectos que coexisten en muchos casos hasta confundirse. Para un musulmán o una musulmana de una cultura diferente no resulta demasiado difícil diferenciarlos. Se ve inmediatamente qué es islámico y qué no lo es. Pero tanto a un no musulmán como a uno que lo sea y que viva en el seno de una sociedad de mayoría musulmana con una dilatada trayectoria cultural, puede resultarle difícil diferenciar este doble aspecto de la expresión en las sociedades islámicas y llevarle a una profunda confusión. Aún siendo todos musulmanes, árabes, persas, amazighs, europeos u orientales expresan el islam de distinta manera. Esa es una de las grandes riquezas del islam, su respeto por la diversidad en todos los ámbitos, en el de la naturaleza y en el de las culturas.

2. La formas islámicas de relación y el carácter

La vida de relación entre los musulmanes está basada en la Revelación, en el Corán y, sobre todo, en el ejemplo del profeta y Mensajero Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, que los musulmanes conocemos a través de los dichos o hadices sobre su vida. Estos hadices nos dibujan actitudes existenciales y un peculiar carácter, al mismo tiempo trascendental y humanista, en los más diversos ámbitos de la experiencia humana.

De los familiares y compañeros de Muhámmad hemos recibido miles de noticias sobre su comportamiento y su carácter a través de sus dichos (hadiz) y sobre su forma de vivir en todos los aspectos. Estos dichos conforman, juntamente con el Corán, la fuente principal de referencias sobre el din del islam, sobre la forma islámica de vivir. Por lo tanto, el conocimiento de estos dichos y de las actitudes que el profeta asumió durante su vida es fundamental para poder comprender las formas de vida y relación de los musulmanes de cualquier tiempo y lugar.

El profeta nos provee de un modelo de comportamiento en todos los ámbitos de la vida humana, tanto de los valores interiores, morales y espirituales, como de las prácticas y actitudes que surgen en la vida cotidiana, ofreciéndonos una forma de vida (din) que hace que todos esos aspectos sean vividos unitariamente, de manera que el musulmán y la musulmana conscientes, hasta en los actos más prosaicos, vivencien la raíz espiritual y los significados de su propia vida y de la vida de sus semejantes, sean éstos otros seres humanos, animales, plantas, rocas, etc.

Así el islam consiste ni más ni menos que en cultivar la actitud respetuosa y delicada del Profeta con todo aquello que lo rodeaba, más allá de todo esoterismo. Islam es sinónimo de salud, de cordura, una delicadeza consciente en el trato con el ser humano, con los seres vivos e incluso con los objetos y las cosas aparentemente inanimadas.

Los hadices nos narran todos los posibles escenarios de la vida humana y las actitudes correctas en las palabras y actitudes de Muhammad, el cual era:

“Fácil de trato, no era seco, ni servil. Realzaba las dádivas que recibía, aún cuando fueran insignificantes, sin criticar de ello nada en absoluto. No censuraba un gusto ni lo alababa. No lo alteraba la vida mundanal ni lo que a ella atañía. Si le era quitado un derecho nadie lo sabía en absoluto, y no hacía nada por satisfacer su enojo u ofensa hasta que pudiera dominarse, ni se defendía contra la ofensa sin que antes la superara.”

[…]

“Cuando se irritaba volvía su rostro y expresaba su emoción, y cuando se alegraba entornaba sus párpados. La mayor parte de su risa era la sonrisa, y mostraba sus dientes como granizo del cielo”

[…]

“De Anas lbn Málik, quien dijo: “Fuí compañero del Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sena con él, durante diez años, y percibí todos los perfumes, pero nunca olí un perfume más exquisito que el suyo. Y era que cuando lo iba a ver uno de sus discípulos o de sus compañeros, permanecía con él y no se iba hasta que el hombre fuera el primero en marchase, y también, cuando lo encontraba uno de sus discípulos y lo tomaba de la mano la mantenía con él, y no la retiraba hasta que el hombre fuera el que la retirase. Nunca estiró sus piernas delante de alguien sentado ante él, y nunca se sentó junto al Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, una persona, y que él se levantase antes de que el otro se pusiera de pie”.
(Maqarimul Ajlaq)

La expresión islámica que designa la actitud adecuada, aquello que hace la vida más fácil, la actitud de ayuda ante cualquier dificultad es el adab o cortesía, que no es sino el saber estar, algo que resulta ser consustancial con el islam. 'Al-islamu kul-luhu adab' (Todo en el islam es adab).

El adab, la cortesía, es una de las expresiones y cualidades más características de la vida del musulmán. Tiene una connotación espiritual, y por ello el adab no implica nunca hipocresía. La hipocresía es hacer cosas, formalidades, sin sentirlas, por quedar bien o por algún otro motivo, interés u objetivo que no se expresa abiertamente. En la hipocresía hay algo escondido que no se muestra. En el ádab hay sobre todo respeto, una voluntad de actuar correctamente.

La cortesía está unida necesariamente a la sinceridad, la cual no consiste en expresarlo todo, en exponerlo todo, pues a eso se le considera obscenidad o indecencia. La sinceridad, por el contrario, implica pudor y por eso mismo nunca es una expresión grosera, maleducada, o falta de consideración.

El pudor está en la base del adab. Haya (pudor, en árabe) es un término relacionado con hayat, (vida), y significa ruborizarse, hacer que fluya la sangre y llegue hasta las mejillas, una señal de vida y de salud. El adab no es un mero formalismo externo sino un medio que nos ayuda a conformar los escenarios en los que vivimos como musulmanes.

“De Abu Sa’íd Al-Judri quien narró: “el Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, era pudoroso, no se le pedía nada sin que lo diera”.

“Y del mismo, quien narró:

"El Mensajero de Allah, la paz y las bendiciones sean con él, era más pudoroso que la virgen en su cámara nupcial, y era que cuando detestaba algo lo conocíamos por su rostro”.
(Maqarimul ajlaq)


El adab nos ayuda a evitar algunas conductas destructivas que pueden interferir o incluso destruir relaciones en un grupo puesto que nos induce a una serie de actitudes y comportamientos, entre los que figuran especialmente los siguientes.

“De Amir Al Mu’minín ‘Alí Ibn Abi Talib, la paz sea con él, quien dijo: “El Mensajero de Allah la paz y las bendiciones sean con él, era el más magnánimo de la gente en dar y el de trato más noble. Quien lo trataba y conocía lo amaba”.
(Maqarimul ajlaq)


“De lunus Ash-Shibáni quien narró: “Me preguntó Ya’far As-Sadiq —P.—: ‘¿Cómo es el sentido del humor entre vosotros?’. Respondí: ‘Escaso’. Dijo: ‘Por qué no lo incrementáis? Sin duda que la jovialidad es parte del buen carácter, y con ella infundes la alegría en tu hermano. El Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, chanceaba con la persona con intención de alegrarla’“.

“Se cuenta que el Mensajero de Allah la paz y las bendiciones sean con él, no dejaba que nadie caminara junto a él, si iba montado, sin que lo llevara con él, y si lo rehusaba le decía: ‘lAdelántate a mí y espérame en el lugar que deseas!’.


“Del “Libro de la Profecía”, de ‘Alí, quien dijo: “El Mensajero de Allah la paz y las bendiciones sean con él, nunca estrechó la mano a nadie y retiró su mano de la otra, hasta que el otro fuera el que retirara la suya; ni dialogó nunca con nadie, por necesidad o por un comentario, ni se iba hasta que la otra persona fuese la que se retirara; ni nunca polemizó con nadie y no callaba hasta que el otro fuese el que se callara. Nunca se le vio extender su pierna ante alguien sentado delante suyo. No le era dado a elegir entre dos opciones sin que optara por la más dificil; ni reivindicó para sí perjuicio alguno hasta agotar plenamente los preceptos de Allah, y entonces su enojo era el enojo de Allah, Bendito y Exaltado.

Nunca comió recostado, hasta que se separó del mundo. Nunca le fue pedido algo y dijo ‘no’, ni rechazó en absoluto al que pedía por una necesidad sin satisfacerla, o con palabras suaves. Era el más leve de las gentes en la oración a la perfección (puntualmente tanto en el sentido temporal como en la ejecución); y el más breve de las gentes en disertar ante la comunidad; y el que menos vanidades contaba (entrometerse en lo que no le importaba). Cuando llamaba a alguien lo hacía tres veces, y cuando hablaba lo hacía sucesivamente, con pausas, y cuando pedía permiso lo hacía tres veces. Su palabra era nítida (se distinguía en ella cada sonido), la podía discernir todo el que la escuchaba, cuando hablaba se ve ¡a como la luz salir de entre sus incisivos, y si lo contemplabas creerías que tenía una hendidura entre ellos, pero no tenía ninguna separación. Su mirada era la observación atenta y rápida. No hablaba a nadie aquello que éste detestara. Cuando caminaba lo hacía como si se desprendiera de una colina. Decía (B. P. y Desc.): ‘El mejor de vosotros es el de mejor carácter’. No denigraba ningún sabor, ni lo alababa. No disputaban polemizando sus discípulos en su presencia. Quien lo describía decía: ‘Nunca vieron mis ojos nadie semejante a él (6. P. y Desc.), ni antes ni después’“.
(Maqarimul ajlah


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