Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

Teléfono: 005068493-6876

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viernes, 16 de julio de 2010

Israel y Palestina tras los sucesos de la Flotilla

israel


Jack A. Smith
Activistnewsletter


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Parte I

El cambio está en el viento


Hay momentos en la política mundial en que un incidente relativamente menor puede desencadenar, dependiendo de las circunstancias, una cadena importante de acontecimientos. Otra forma de expresar esto la encontramos en un antiguo proverbio chino: “Una simple chispa puede incendiar toda una pradera”, especialmente si las condiciones incluyen un cálido viento racheado y la pradera está seca.

Me viene a la mente esa analogía tras el ilegal y violento abordaje de de las fuerzas del ejército israelí de los seis buques y casi 700 personas de la Flotilla por la Libertad de Gaza de hace más de un mes en el Mar Mediterráneo, en el que mataron a nueve activistas turcos de los derechos nacionales palestinos e hirieron a otros cincuenta integrantes de la flotilla.

¿Es posible que este incidente pueda llegar a representar el comienzo de un momento de transición hacia cambios importantes para palestinos, israelíes y quizá Oriente Medio en general? Pensamos que sí y que ese proceso ha empezado ya. Hasta dónde puede llegar, nadie lo sabe, pero las condiciones para el cambio están ya maduras.

Después de tres años de sanciones cada vez más asfixiantes contra el millón y medio de palestinos que viven en la Franja de Gaza, Israel se ha visto obligado a suavizar su bloqueo casi total, y no a causa de las decisiones de las Naciones Unidas y las diversas grandes potencias que han estado trabajando con israelíes y palestinos para conseguir un acuerdo, sino por las acciones de un movimiento popular.

El uso de fuerza bruta que Israel exhibió en alta mar contra un buque cargado de civiles en un arrojado viaje motivado por la compasión hacia un pueblo doliente, lanzó toda una oleada de críticas internacionales e indignación a estrellarse contra las costas israelíes. Como siempre, el Estado judío trató de aparecer como víctima, pero los tiempos han cambiado en estos últimos años y la víctima de ayer, por la que la humanidad todavía lleva luto, es ahora percibida como el verdugo de hoy, capaz de sacar 10, 50 ó 100 ojos por cada ojo.

Gran parte de la ira dirigida el pasado mes hacia el gobierno de Tel Aviv empezó a fundirse cuando Israel atacó el Líbano y Gaza en el verano de 2006. Creció tras la feroz invasión israelí de tres semanas de duración contra la indefensa Gaza iniciada a finales de 2008. Pero fue el fallido ataque contra la flotilla lo que hizo que todas esas críticas confluyeran y desbordaran los diques.

Y ahora, ¿qué? Tras el fiasco de la flotilla y la desaprobación pública, el empecinado Israel está obligado a hacer algunas concesiones a la entidad denominada Cuarteto, compuesto por las Naciones Unidas, la Unión Europea, EEUU y Rusia, un grupo que se formó hace ocho años para resolver las diferencias entre Israel y Palestina y tratar de establecer dos estados separados.

El Primer Ministro Benjamin Netanyahu se reunirá el 6 de julio [*] con el Presidente Barack Obama en Washington en su primer encuentro desde antes de los asesinatos del 31 de mayo. Cada parte hará probablemente algunas concesiones, ya que la principal tarea de ambos dirigentes es conseguir dar la impresión de avanzar hacia una cordial unidad tras varios meses de, al parecer, tensas y dificultosas relaciones.

Uno de los tópicos principales de discusión será convertir las actuales conversaciones indirectas entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), con el mediador norteamericano George Mitchell yendo y viniendo entre las dos partes, en negociaciones directas cara a cara. La ANP no está muy dispuesta a participar en tales reuniones hasta que el gobierno de Netanyahu acepte ampliar su prohibición temporal a construir nuevos asentamientos en territorio palestino. A través de este artículo iremos abordando otras cuestiones entre Tel Aviv y Washington.

La Administración Obama apoya política y militarmente a Israel y ha aumentado las subvenciones de Washington a Israel a 3.000 millones de dólares cuando comience octubre. Sin embargo, se cree que la desproporcionada violencia del régimen de Israel, la ilegal ocupación de Cisjordania (con una población de 2,8 millones de palestinos) y el hecho de resistirse como gato panza arriba a facilitar un estado palestino socavan la hegemonía estadounidense en Oriente Medio y sus intereses imperiales por todo el mundo.

El Presidente Obama se negó a culpar a Israel por disparar contra civiles desarmados en el mar, diciendo tan sólo que: “EEUU lamenta profundamente la pérdida de vidas y los heridos”. Tampoco la Casa Blanca utilizó su decisivo poder para parar de forma permanente la construcción de asentamientos en territorios ilegalmente arrebatados a los palestinos hace cuarenta y tres años, y mucho menos a retirarse de la tierra que ocupa ilegalmente en Cisjordania.

El gobierno de extrema derecha de Netanyahu y la coalición religiosa ultraortodoxa no tiene deseo alguno de reducir el establecimiento de asentamientos judíos en territorio palestino, poner fin a su ocupación de Cisjordania o trabajar con seriedad para la creación de un Estado palestino. Los sectores religiosos de línea dura mantienen la creencia de que “Dios le dio Israel a los judíos”. (Si los palestinos hicieran idéntica afirmación basándose en pruebas parecidas se les habría tildado de típicos fanáticos religiosos islámicos.)

En las cuatro partes de este artículo discutiremos en detalle todas estas cuestiones, denunciaremos las acciones del Presidente Obama y el Congreso, exploraremos el papel de Turquía e Irán, el enfrentamiento entre Fatah y Hamas, la desunión en el mundo árabe y anticiparemos los posibles resultados geopolíticos por todo el Oriente Medio.

El pueblo de la Franja de Gaza sigue aún sufriendo sanciones y muchas otras indignidades pero, de momento, se ha suavizado el dolor de un bloqueo total y el virtual encarcelamiento colectivo en esa estrecha franja de territorio de 25 millas de largo junto a la costa mediterránea apartada en 1949 para acoger a algunos de los refugiados palestinos desplazados por la creación del Estado de Israel.

Las principales organizaciones mundiales por los derechos humanos han acogido bien el levantamiento parcial del bloqueo, pero exigen que se le ponga totalmente fin. Amnistía Internacional manifestó: “Este anuncio deja claro que Israel no está dispuesto a poner fin a su castigo colectivo contra la población civil de Gaza, sino sólo a suavizarlo… Israel debe ahora cumplir con sus obligaciones como potencia ocupante bajo el derecho internacional y levantar el bloqueo de inmediato”.

La UNRWA, que trabaja con la comunidad de refugiados palestinos, declaró el 20 de junio a través de su portavoz Christopher Guinnes: “Necesitamos que el bloqueo se levante completamente… La estrategia israelí es hacer que la comunidad internacional hable de que si un saco de cemento por aquí o un proyecto por allá. Necesitamos un total e ilimitado acceso a través de todos los cruces de frontera”.

El Comité Internacional de la Cruz Roja, que rara vez se manifiesta sobre estas materias, pidió el 14 de junio un fin total del bloqueo, señalando que el embargo ha destruido la economía del territorio y arruinado su sistema sanitario.

Esta pequeña concesión sobre las sanciones no ha cambiado los objetivos políticos del gobierno israelí. En sentido general, busca la destrucción de Hamas (el Movimiento de Resistencia Islámico) que gobierna Gaza; la dominación y manipulación de la ANP y Fatah (el Movimiento de Liberación de Palestina) que dirige la ANP desde Cisjordania; el mantenimiento de las fuerzas ocupantes israelís y los ilegales asentamientos judíos sobre tierra palestina, además de ampliar su control sobre Jerusalén.

El objetivo de Netanyahu es mantener a los palestinos en una situación de subyugación neocolonial todo el tiempo que sea posible. El deseo real de la coalición de gobierno derechista es absorber permanentemente tanto territorio palestino como sea posible. El Cuarteto animó hace algún tiempo a Israel a trabajar para establecer una solución de dos Estados en 2012, pero el régimen actual plantea innumerables obstáculos a un acuerdo equitativo, buscando siempre retrasar tal acuerdo todos los años que pueda, o siempre, si ello fuera posible.

El 29 de junio, el neofascista Ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman anunció que “no podía fijarse” un plazo límite en 2012. Lieberman indicó hace algún tiempo que entraría a considerar la idea de los dos Estados si se desarraigara y “trasladara” al lado palestino de la frontera a los 1,3 millones de habitantes árabes –ciudadanos de segunda clase en su propia tierra-, lo cual parece poco probable. El partido Yisrael Beiteinu de Lieberman ha sugerido ya que la mayor parte de los árabes israelíes son “desleales” y que habría que revocarles la ciudadanía. “Si no hay lealtad, no hay ciudadanía”, fue su eslogan electoral en el territorio que los seguidores de Israel denominan como la “única democracia en Oriente Medio”.

El Presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, celebró un extraño encuentro con informadores de la prensa hebrea la pasada semana en Ramallah durante al menos cuatro horas. El Jerusalem Post expuso en su editorial del 1 de julio que el suceso “podía contemplarse como un intento –muy posiblemente con fuerte apoyo estadounidense- para llegar al público israelí. No había nada especialmente nuevo en lo que Abbas tenía que decir. Pero la impresión general es que el jefe de la ANP habrá muy probablemente conseguido convencer a los estadounidenses de que está dispuesto a avanzar con las negociaciones sobre las cuestiones del estatuto final en cuanto a la seguridad y fronteras, mientras que el Primer Ministro Benjamin Netanyahu no ha ofrecido más que un muro de silencio. ‘Aún no nos ha llegado ni un signo de progreso por parte de Netanyahu’, dijo Abbas”.

Dos partidos políticos más moderados –Kadima, que se define a sí mismo como “centrista” aunque funciona como si fuera de derechas, es el partido más numeroso en la Knesset (Parlamento); y el Partido Laborista, que todavía luce etiqueta de “centro-izquierda”, aunque como mucho es de centro-derecha y claramente de derechas en lo que se refiere a los palestinos, se muestra mejor dispuesto ante la proposición de los dos estados. Pero no ha indicado interés más que por un débil y virtualmente dependiente estado palestino. Y ninguno de los partidos mayoritarios israelíes da credibilidad a la idea de izquierdas defendida por algunos de transformar Israel-Palestina en un único estado multiétnico y multirreligioso basado en una igualdad auténtica y mutuo beneficio.

Se dice que el Presidente Obama está considerando la idea de proponer un estado palestino “independiente, democrático y contiguo” al que –“en aras a la seguridad de Israel”- no se le permitiría tener un ejército o entrar en un pacto de seguridad mutua con otro país. Dada la historia reciente de violentas incursiones militares de Israel en los países vecinos, parece lógico preguntarse, ¿y qué pasa con la seguridad palestina?

Por su parte, evidentemente, Netanyahu no ha aprendido nada de las críticas internacionales hacia el duro bloqueo israelí y el ataque contra la flotilla. Recientemente dijo en la Knesset: “Quieren despojarnos del derecho natural a defendernos. Cuando nos defendemos contra los ataques con cohetes, se nos acusa de crímenes de guerra. Y no podemos abordar navíos cuando atacan a nuestros soldados y les disparan, porque también es un crimen de guerra”.

Uri Avnery, el dirigente del Bloque por la Paz israelí Gush Shalom, ve las cosas de forma muy diferente, como escribió el 19 de junio: “Desde hace años, el mundo está viendo cada día al Estado de Israel en las pantallas de televisión y en las portadas de los periódicos en la imagen de soldados fuertemente armados disparando contra niños que lanzan piedras, o lanzando misiles de fósforo contra zonas residenciales, helicópteros ejecutando “eliminaciones selectivas” y, ahora, piratas atacando buques civiles en alta mar. Mujeres aterradas con bebés heridos en los brazos, hombres con miembros amputados, casas demolidas. Cuando uno ve cien fotos como esa por cada foto que muestra un Israel diferente, Israel se convierte en un monstruo”.

Al comentar las acciones del gobierno israelí, el semanario conservador The Economist declaraba el 5 de junio: “Israel está atrapado en un círculo vicioso. Cuanto más piensan sus halcones que el mundo exterior les odiará siempre, más actúan disparando primero contra sus oponentes y preguntando después, y cada vez se encuentran más con que el mundo está en efecto lleno de enemigos… Él [Netanyahu] no da la impresión de estar dispuesto a reconocer nada en aras de la paz”.

Time Magazine señalaba a este respecto el 21 de junio: “Además de fracturar las relaciones del estado judío con Turquía, su más importante aliado musulmán, y socavar un naciente acercamiento con la Administración Obama en Washington, su aliado más importante, el fiasco de flotilla invita también a juzgar el tipo de democracia en que se ha convertido Israel: una visiblemente beligerante, permanentemente bien dispuesta a utilizar la opción militar cualquiera que sea el problema a enfrentar y, por tanto y al actuar así, susceptible de ser rechazada”.

Parte II

Rompiendo el bloqueo

El bloqueo de Israel es un acto de castigo colectivo de todo un pueblo –proscrito por la jurisprudencia internacional-, lanzado inicialmente en forma de sanciones contra los habitantes de Gaza por elegir democráticamente al partido islámico Hamas en las elecciones legislativas de enero de 2006. Tanto Israel como EEUU habían dado su apoyo a los candidatos de la Autoridad Nacional Palestina, dirigida por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), una coalición de partidos políticos en la que Fatah es el componente principal.

Las sanciones se transformaron en un atrofiante asedio un año después de que Hamas ganara una virtual guerra civil contra Fatah en Gaza, a pesar del obsequio de Washington de 60 millones de dólares a Fatah en entrenamiento y armas para aplastar a Hamas. Desde ese momento, Hamas ha gobernado en Gaza y la ANP ha gobernado en el territorio palestino ocupado más grande de Cisjordania, con el apoyo parcial y ocasionalmente coercitivo de Washington y Tel Aviv.

El bloqueo ha sido tan brutal que toda la población de la Franja de Gaza lleva de hecho encarcelada en el pequeño territorio los tres últimos años. Aunque no se permitió que entraran en Gaza muchos productos alimenticios, y la ingesta calórica disminuyó en gran medida, nadie se murió de hambre. Esa fue la única medida de gracia del bloqueo. Al pueblo de Gaza se le negó jabón, cemento, colchones, maquinaría, juguetes y miles de otros productos. El cemento es especialmente importante ya que el territorio no ha podido aún reconstruirse tras haber reducido el ejército israelí a escombros muchas de sus casas, centros comerciales, plantas industriales y oficinas del gobierno.

AP informó el 5 de julio que Israel iba a levantar la prohibición sobre casi todos los productos de consumo y otros artículos pero que “continuaría prohibiendo la mayor parte de las peticiones de viajar y las exportaciones, y que restringiría la importación de los desesperadamente necesarios materiales de construcción. Es muy poco probable que las nuevas normativas puedan restaurar la devastada economía del territorio o permita reconstruir todo lo que la guerra del pasado año destruyó”. Hamas ha denunciado las nuevas regulaciones porque, a pesar de suavizar algo la situación, ésta sigue siendo de bloqueo.

Israel, la superpotencia militar de Oriente Medio, lanzó una breve guerra de castigo contra el Líbano y Gaza en el verano de 2006, generando las críticas internacionales. La opinión mundial se indignó de nuevo en diciembre de 2008, cuando el ejército ocupante volvió a la indefensa Gaza, aparentemente en venganza por los ataques con cohetes, asesinando a 1.417 palestinos, en su mayoría civiles, e hiriendo a otros 5.500. Israel tuvo 14 muertos, en su mayoría soldados. (Hamas mantuvo el alto el fuego durante meses antes del ataque hasta que Israel rompió la tregua, que es por lo que Tel Aviv se puso a gritar “los cohetes, los cohetes”, tratando de justificarse y que tan falso sonó en todas las instancias anticoloniales. (Véase artículo: “Leading U.S. Papers Distort Gaza Roles”).

La desesperada situación del pueblo de Gaza atrajo el apoyo de todo el mundo. La coalición del Movimiento Free Gaza de grupos pro-palestinos organizó nuevo intentos para desafiar en bloqueo israelí enviando buques con suministros humanitarios hacia Gaza a partir de agosto de 2008 y hasta el 31 de mayo de 2010. Ninguno de ellos transportaba armas de ninguna clase. Todos fueron repelidos por Israel para mantener la inviolabilidad de la privación masiva como instrumento de coerción estatal.

El pasado mes de mayo, al Movimiento Free Gaza se le sumó la Fundación Turca por los Derechos y Libertades Humanas y la Ayuda Humanitaria (IHH, por sus siglas en inglés), enviando seis buques y 663 activistas pro palestinos procedentes de 37 países diferentes en desafío del bloqueo. Los buques, cargados de suministros no militares, se unieron el 30 de mayo hasta formar una flotilla cerca de la isla mediterránea de Chipre para llegar a Gaza. Muchos de los pasajeros habían recibido entrenamiento en la no violencia. No portaban arma ni bomba alguna.

Los buques y helicópteros militares israelíes abordaron la flotilla en alta mar a unos 90 kilómetros de la costa de la Franja de Gaza. Incluso aunque los barcos hubieran podido entrar en aguas territoriales, debería señalarse que hubiera sido territorio palestino, no israelí. Tropas del ejército israelí fuertemente armadas abordaron los navíos y se hicieron con el mando. Cinco de los buques fueron rápidamente dominados sin muertes de pasajeros.

El sexto, y con mucho el más grande, el navío turco Mavi Marmara, comprado anteriormente este año por la organización IHH, fue abordado por varios comandos que descendieron amenazadoramente desde helicópteros suspendidos sobre el barco mientras lanchas rápidas del ejército rodeaban el buque. Unos cuantos pasajeros se resistieron a los intrusos, porque –en opinión de muchos- tenían todo el derecho a hacerlo así al encontrarse en aguas internacionales. Actuaron como valientes y pagaron con sus vidas.

Los comandos dispararon y mataron a nueve personas, a algunos tan a quemarropa como para sugerir que fueron ajusticiados. Una de las víctimas era un ciudadano estadounidense, Furkan Dogan, un joven turco-estadounidense de 19 años. Es muy probable que algunos de los muertos y heridos no estuvieran presentando resistencia cuando las balas alcanzaron sus cuerpos. Un sargento del ejército israelí, que afirmó haber disparado a seis civiles, dijo que todos ellos eran “terroristas”.

El gobierno israelí no planeaba matar a miembros de la flotilla humanitaria. Pero creó una situación en la que si un elemento de su elaboradamente montado acto de agresión se les iba de las manos, todo el infierno podría desencadenarse.

¿Por qué el Secretario de Defensa Ehud Barak, autor del famoso embellecimiento de que el ejército israelí era “el más moral del mundo”, insiste en que los comandos recibieron previamente instrucciones para responder racionalmente a la posibilidad de encontrar resistencia no armada por parte de unos pocos pasajeros?

Las noticias de los tiroteos sometieron de inmediato a Israel –con sus ya anteriores violaciones de los derechos humanos hacia los palestinos- a un intenso oprobio internacional. A cambio, el aparato propagandístico del gobierno de Netanyahu sometió al mundo a una plétora de autojustificaciones, casi todas ellas falsas o al menos haciendo exhibición de grandes exageraciones, pero al parecer suficientemente buenas para la Casa Blanca y el Congreso.

Al mundo se le dijo que se “linchó” a los bien armados comandos. Que les dieron una paliza con “bates”. Que había 50 “soldados turcos” a bordo del Mavi Marmara. Más tarde, se cambó esto último a “75 mercenarios de Al-Qaida”. El buque, dijo Netanyahu, era un “buque del odio”. Muchos defensores de Israel en EEUU prefieren aún creer esos y otros cuentos chinos. Uno podría pensar que si realmente había 75 miembros de Al-Qaida a bordo del gran buque turco, podrían haberles arrestado y castigado cuando les llevaron a Israel. ¡Qué extraño, pues, que no arrestaran a ninguno, ni a quienes “lincharon” a los inocentes comandos, ni a los que blandieron los “bates”, ni a los “soldados turcos” ni a los “terroristas mercenarios”!

Quizá el golpe más bajo de toda esta charada propagandística sea la información de la revista Time de que “la titubeante respuesta oficial al fiasco de la flotilla” incluía “entre los muchos videos que el ejército israelí publicó online, el más obviamente inflamatorio era uno en el que podía escucharse una voz, supuestamente desde una transmisión por radio de la flotilla, que decía gruñendo: ‘Volveos a Auschwitz’”. Era, según Time y otras diversas fuentes, un comentario “evidentemente montado”, interpolado en el video por los propagandistas del gobierno, “aficionados a las relaciones públicas”, según un columnista del diario de Tel Aviv, el Yedioth Ahronoth, el periódico de mayor circulación en Israel.

Al enterarse del ataque de los comandos armados israelíes, la conocida escritora y poeta estadounidense Alice Walker escribió en apoyo de los “indefensos activistas por la paz llevando ayuda a Gaza que trataron de rechazar a los soldados utilizando sillas y palos. Siento agradecimiento al saber lo que significa ser buena persona; sé que las gentes que iban en la Flotilla de la Libertad son… algunas de las mejores personas de la tierra. No se quedaron en silencio observando la brutal y prolongada destrucción de otros seres y se ofrecieron a sí mismos, sin más armas que sus cuerpos, para transformar la situación”.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos consiguió aprobar una resolución en la que se pedía una investigación internacional rigurosa y objetiva del incidente de la flotilla, pero Tel Aviv se negó a cooperar, insistiendo en realizar sus propias pruebas. Se dice que la Administración Obama logró un compromiso: a cambio de un levantamiento parcial del embargo, a Israel se le permitiría llevar a cabo la investigación sobre sus propias acciones sin interferencias exteriores.

La Administración Obama tildó la auto-investigación israelí de “un importante paso adelante”, dejando en blanco hacia dónde era ese paso, como no sea, probablemente, más que la propia exoneración. El Ministro de Exteriores turco Ahmet Davutoglu declaró que “No tenemos confianza alguna en que Israel, un país que ha sido capaz de perpetrar un ataque contra un convoy civil en aguas internacionales, lleve a cabo una investigación imparcial”.

Teniendo en cuenta la parodia de la prueba desarrollada por Israel tras su ataque contra Gaza del invierno de 2008-2009, y su consiguiente rechazo –vergonzosamente apoyado por el Congreso y la Casa Blanca- del imparcial Informe Goldstone encargado por las Naciones Unidas, que resultó ser muy crítico con las acciones israelíes, hay pocas dudas de que la nueva investigación, que se puso en marcha el 28 de junio, no sea más que un encubrimiento a menos que se cambien las reglas. Netanyahu aventuró recientemente que la investigación “demostrará que los objetivos y acciones del estado de Israel y de su ejército fueron acciones defensivas apropiadas de acuerdo con los más altos estándares internacionales”. Ese será precisamente el resultado si cae en sus manos, pero los obstáculos parecen haber aumentado.

Muchos israelíes influyentes mostraron reservas sobre una auto-investigación, y hubo extensas críticas en los medios israelíes acerca de cómo se realizaría la investigación, muchas más que en los medios estadounidenses, que no critican jamás nada de lo que hace el gobierno de Israel. En palabras del periódico diario israelí Haaretz, la investigación cada vez se “parece más a una farsa”. Gush Shalom, el Bloque por la Paz, ha pedido al sistema judicial que amplíe la investigación y su mandato.

Después, según el Haaretz del 30 de junio, el juez retirado Yaakov Tirkel, que fue nombrado para dirigir la investigación “le dijo al gobierno que el comité no podría hacer su trabajo sin que se le ampliaran sus poderes para investigar”. “Quiere convertir el comité en un comité de investigación, con todas las de la ley y con dientes de verdad, de la actuación del gobierno. Que le permita citar a testigos y tener acceso a documentos, advertir a quienes testifiquen ante el comité que los hallazgos del panel podrían ir en su contra y contratar expertos exteriores en campos importantes”. El 4 de julio, el gabinete de Netanyahu accedió a un número limitado de cambios. Entre ellos, se añadían dos expertos al panel y que aceptaban que se pusiera a los testigos bajo juramento. La investigación sigue siendo aún un asunto interno con notables restricciones, por ejemplo, no van a permitir que se interrogue a los comandos del ejército que atacaron al Mavi Marmara.

El asunto de la flotilla no ha mejorado en nada las problemáticas relaciones de Netanyahu con Washington, que es una de las razones por las que está ansioso por causar una buen impresión cuando se reúna con Obama, y esto significa ofrecer un poco de “dar” en vez del usual “tomar”.

Con el correr de los años, Israel ha afirmado ser la víctima de diversas y diferentes amenazas “existenciales”, la última por parte de Irán, pero como hemos señalado con anterioridad, el Estado sionista se enfrenta sólo a una amenaza existencial: perder el apoyo de Washington. Como conocen esto perfectamente, Israel y sus dedicados partidarios estadounidenses invierten una inmensa cantidad de tiempo, esfuerzo y dinero en cortejar a la opinión pública estadounidense, trabajando con diligencia para elegir políticos favorables a Israel y cultivar con asiduidad a sus patrocinadores en la Casa Blanca y en el Congreso.

A pesar del apoyo incesante del gobierno estadounidense hacia Israel, la mayoría de la población israelí no se fía mucho de la Administración Obama, aunque los judíos estadounidenses apoyen lo suyo. Por ejemplo, según una encuesta realizada en el mes de junio en nombre del B’nai B’rith World Center en Jerusalén, “el 65% de los judíos israelíes dicen que los judíos estadounidenses deberían criticar la política de Obama hacia Oriente Medio”. Esto se basa en gran parte en un análisis incorrecto de la política de la Administración Obama hacia el mundo musulmán, su disposición a “hablar” con Teherán y algunos signos de impaciencia con Netanyahu. Expongo a continuación nuestro punto de vista sobre esas tres cuestiones:

Es obvio que la apertura del Presidente Obama al mundo musulmán durante su discurso en El Cairo de hace un año fue un gesto de relaciones públicas que no representó cambio importante alguno, a no ser en la retórica, en la política estadounidense. El objetivo era desviar las críticas crecientes hacia EEUU por parte de la comunidad religiosa global islámica, compuesta por alrededor de mil millones de seguidores, mientras emprende y amplia las guerras en varios países musulmanes. El objetivo, si hablamos con franqueza, era fortalecer el imperialismo, no debilitar a Israel.
El tono de Obama hacia Irán es menos beligerante que el de su predecesor, pero sus políticas (como las nuevas sanciones) rivalizan con las del Presidente George W. Bush. En efecto, parecen incluso peores, juzgando por la peligrosamente aumentada actividad de la Marina estadounidense en el Golfo Pérsico y aguas cercanas, más la grave concentración de suministros bélicos en la base de EEUU en el Océano Índico. (Véase parte 4 para las amenazas a que se enfrenta Irán.)
Obama espera al menos pequeñas concesiones de Netanyahu, por ejemplo en la cuestión de los asentamientos, a cambio de la protección sin restricciones de Washington; el propósito es fortalecer el dominio de EEUU sobre los estados árabes.
El gobierno israelí está también furioso con Washington debido al documento final resultante de la reunión de revisión, celebrada en mayo en las Naciones Unidas, sobre el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que, en primer lugar, insta a Israel a firmar el TNP y, en segundo lugar, fija la fecha de 2012 para una conferencia regional que logre que Oriente Medio sea un territorio libre de armas nucleares. Cuando se abordó la cuestión de Israel en la revisión del TNP de 2005, una de las razones de que no hubiera documento final fue que la Administración Bush se negó a firmar documento alguno en el que se mencionara a Israel.

El problema de Israel es que si firma el TNP tendría que reconocer que posee grandes depósitos de armas nucleares o que no cumple con el Tratado, contradiciendo así que sus muchas negativas no eran sino mentiras lanzadas frente al mundo entero. Además, no hay duda de que en la conferencia de naciones de Oriente Medio de 2012 se proscribirán las armas nucleares de la región, obligando a Israel a desmantelar su armamento, lo que no parece muy probable de lograrse, o exponerse a sí mismo como proscrito nuclear. Pero había sencillamente demasiado en juego a nivel político en la conferencia nuclear para que EEUU intentara una vez más hundir las conversaciones, especialmente en uno de sus principales apartados: la proliferación. Los israelíes se quedaron tan perturbados, que EEUU emitió un comunicado crítico de la reunión por no condenar a Irán, quien, desde luego, no posee armas nucleares.

No sólo la Casa Blanca sino también demócratas y republicanas en el Congreso y en el Senado apoyan abrumadoramente a Israel y muchos de ellos muestran desprecio por los oprimidos palestinos.

En un artículo de mediados de junio publicado en Focus sobre Política Exterior, Stephen Zunes escribió: “Los dirigentes demócratas del Congreso se alinearon junto a sus colegas republicanos para defender el ataque israelí. Para contrarrestar el amplio consenso de los expertos legales internacionales que reconocen que el ataque fue una flagrante violación de las leyes internacionales, importantes demócratas abrazaron la idea orwealiana de que asalto israelí… fue una especie de acto de autodefensa. La ofensiva del liderazgo demócrata fue dirigida por el diputado Gary Ackerman (demócrata por Nueva York), que sirve como portavoz no oficial de los demócratas del Congreso sobre la política en Oriente Medio… Según Ackerman, los asesinatos fueron ‘totalmente el fallo y la responsabilidad de los organizadores por querer romper el legítimo cierre impuesto por Israel y Egipto contra una Gaza controlada por el terrorismo’”.

Casi todos nuestros miembros del Congreso del Estado de Nueva York han emitido declaraciones apoyando al régimen ultraderechista de Netanyahu durante el asunto de la flotilla. El diputado por Nueva York Jerrold Nadler comentó: “Ha sido absolutamente mortificante observar la hipocresía y la furia, la inmerecida furia contra Israel por dar un paso en su propia autodefensa”. Y el representante por Hudson Valley dijo: “Seguiré trabajando duro en el Congreso para asegurar que Israel continúe teniendo todo el apoyo y respaldo de los Estados Unidos”.

A últimos de junio, 87 de los 100 senadores y 307 de los 435 diputados firmaron una carta dirigida al Presidente Obama sobre el ataque de la flotilla, declarando: “Apoyamos absolutamente el derecho de Israel a la autodefensa”, defendiendo que “los comando israelíes que llegaron al sexto buque [el Mavi Marmara]… fueron brutalmente atacados con barras de hierro, cuchillos y cristales rotos. Se vieron forzados a responder a ese ataque y lamentamos las pérdidas de vidas que se produjeron”.

La carta elogiaba a Obama por la “acción que tomaste para impedir que en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se adoptara una resolución injusta, que habría representado un asalto al buen juicio por parte de la comunidad internacional”.

Pero hubo tres congresistas que particularmente asumieron duras posiciones contra el ataque israelí: el representante Brian Baird (demócrata por Washington), el representante Keith Ellison (Partido Laborista Campesino Demócrata, por Minnesota) y el representante Dennis Kucinin (demócrata por Ohio) escribieron una carta al Presidente Obama en la que decían: “Estados Unidos debe recordar a Israel… que no es aceptable que siga violando el derecho internacional una y otra vez… ni disparar y matar a civiles inocentes… ni proseguir con un bloqueo que niega la ayuda humanitaria”.

En abril, según un artículo de Ben Smith en Politico, 76 senadores y 333 representantes “firmaron una carta dirigida a la Secretaria de Estado Hillary Clinton reprochando a la Administración Obama por su posición de confrontación hacia Israel”, como si la Casa Blanca no hubiera retrocedido virtualmente cada vez que Netanyahu mueve desaprobadoramente un dedo ante la cara de Obama, o avergüenza públicamente al visitante Vicepresidente Biden. La carta de los congresistas culpaba a los palestinos por el fracaso de las conversaciones y la falta de progreso para resolver las cuestiones clave, señalando “a diferencia del primer ministro de Israel, que afirmó categóricamente que está ansioso por empezar incondicionales negociaciones de paz con los palestinos”.

La falta de voluntad de Israel para trabajar hacia un acuerdo real de dos estados (o un acuerdo de un único estado con igualdad para todos) y el alineamiento político, económico y apoyo militar de Washington hacia Israel, constituyen los obstáculos fundamentales para la paz entre las dos partes. Pero hay otros problemas importantes a que también se enfrentan los palestinos.

Parte 3

Dos problemas para los palestinos

La dominación israelí y la falta de voluntad del gobierno derechista para comprometerse en algo son los mayores problemas a que se enfrentan los palestinos. Pero hay otras dos grandes dificultades.

La primera es la actual desunión entre la laica ANP/OLP, de Fatah, en Cisjordania y la islámica Hamas en Gaza. Las dos partes están alejadas tanto a nivel político como geográfico, un hecho bien explotado por Tel Aviv y Washington. El segundo problema es que los países árabes, aunque en general apoyan a los palestinos, están ellos mismos divididos y se muestran relativamente débiles, además de estar, varios de ellos, dentro de la esfera de influencia de Washington.

Israel y EEUU no reconocen ni hablan con los dirigentes de Hamas, incluido Ismail Haniyeh, que llegó a Primer Ministro tras las democráticas elecciones de enero de 2006 para formar el Consejo Legislativo de la Autoridad Nacional Palestina, que Fatah dominaba anteriormente. Hamas ganó 74 escaños frente a los 45 de Fatah en un órgano de 132 miembros. Otros cuatro partidos consiguieron los escaños restantes. La Administración Bush se unió de inmediato al gobierno de Israel para desacreditar la votación, que Jimmy Carter y otros observadores electorales habían definido como completamente honesta, y trataron de subvertir o derrocar a Hamas, con quien Israel considera que está en guerra.

Al año siguiente, como consecuencia de una virtual guerra civil entre Fatah y Hamas, el Presidente de la ANP Abbas –un antiguo dirigente de Fatah que también preside la Organización para la Liberación de Palestina- destituyó a Haniyeh como Primer Ministro. (Siempre se ha reconocido internacionalmente a la OLP, también lo hace Israel, como la “única y legítima representante del pueblo palestino”.)

El dirigente de Hamas contestó que la destitución era ilegal y continúa actuando como Primer Ministro sólo en Gaza, legalmente apoyado por el Consejo Legislativo. Abbas, quien recientemente anunció que no planea presentarse a la reelección en enero debido a la ausencia de progreso en las negociaciones con Israel, nombró a Salam Fayyad como Primer Ministro. Fayyad actúa en virtud de esa capacidad en Cisjordania, sin aprobación legislativa y presumiblemente sin autoridad legal. Está considerado como amigo de EEUU, donde vivió cuando era estudiante en la Universidad de Texas, en Austin, mientras obtenía el doctorado en Económicas, un campo donde se dice que es un gran experto.

Con el correr de los años, Israel ha ido encarcelando a docenas de los parlamentarios de Hamas, en su mayoría con acusaciones falsas. Al menos diez parlamentarios de Hamas permanecen retenidos en las prisiones israelíes. Según un informe de fecha 29 de junio de un investigador palestino, en las veinte prisiones israelíes hay actualmente 7.300 palestinos, entre ellos diecisiete parlamentarios, dos ex ministros y unos trescientos niños.

EEUU e Israel sólo tratan con Abbas, Fayyad y el gobierno de la ANP. Son bien conscientes de que esos socios palestinos son hoy más débiles, si se considera el apoyo masivo que la organización disfrutaba cuando era dirigida por el legendario Yasser Arafat hasta su muerte acaecida hace seis años. Y el Presidente Abbas, desde luego, está más dispuesto que Hamas a hacer concesiones a Israel y EEUU.

Las razones del enfrentamiento entre las dos partes son complejas. No puede olvidarse que en los primeros años del movimiento, Israel animó el crecimiento de Hamas como alternativa al laico e izquierdista Fatah dirigido por Arafat. Fatah ha perdido los apoyos de una porción del pueblo palestino por diversas razones, y no es la menos importante las contradicciones internas, la rivalidad y la presunta corrupción dentro de la organización. Hamas ofrece un amplio y popular programa de atención social y lucha contra la corrupción y el favoritismo. En ese sentido, ha ido ganando apoyos considerables.

Para gran pesar de Tel Aviv, dadas sus primeras esperanzas, Hamas resultó estar tan dedicado a la lucha nacional como Fatah y la OLP. Al contrario de la OLP, Hamas se niega a reconocer a Israel pero ha dejado ver que no es inflexible si se trata de llegar a un acuerdo equilibrado y sostenible. Fatah tampoco reconoce a Israel. En realidad, que un partido político “reconozca” o no a un Estado no tiene significado legal. El reconocimiento es una cuestión de estado a estado. Es bastante cierto que un eventual estado palestino supondría intercambiar mutuos reconocimientos con Israel.

En estos momentos, las dos facciones palestinas siguen siendo enemigas, aunque están de acuerdo en muchas cuestiones. Se ha sabido en estos últimos meses que ambas partes han estado considerando las condiciones para una posible reconciliación. Abbas dijo que estaba dispuesto a enviar una delegación de Fatah a Gaza para mantener conversaciones pero, al parecer, Hamas rechazó la oferta. La Liga Árabe ha estado presionando a ambas partes para que trabajen por la unidad.

Pero si el pueblo palestino quiere conseguir sus objetivos, va a ser necesaria alguna clase de unidad entre Fatah y Hamas dentro del contexto de la ANP y la OLP. La eventual necesidad puede llevarles a una relación de trabajo, especialmente si empiezan a celebrarse negociaciones serias para alcanzar un estado independiente más próximo a la realidad.

La segunda gran dificultad a que enfrentan los palestinos es la falta de unidad y objetivos en el mundo árabe. Israel ha trabajado para dividir a los palestinos. EEUU ha trabajado para dividir a los árabes o, mejor dicho, para agruparles dentro de la esfera de influencia de la superpotencia de Washington, un proceso que hasta ahora parece haber tenido éxito.

Uno de las metas principales de la estrategia de Washington es asegurar el éxito para el principal objetivo del gobierno estadounidense, que es controlar Oriente Medio. En este aspecto, parece que EEUU quiere reducir la molestia de Israel-Palestina a proporciones manejables para asegurar Tel Aviv como sustituto de EEUU en el extremo oriental del Mediterráneo próximo al estratégico Golfo Pérsico, con sus reservas de petróleo al este, y el Norte de África, incluido el Canal de Suez, al oeste.

Discutiremos brevemente aquí la relación entre algunos estados árabes importantes y el conflicto israelo-palestino de más de seis décadas de duración.

Todos los países árabes apoyan a los palestinos a nivel retórico y algunos lo hacen materialmente también. Pero actualmente muy pocos –dos décadas después del colapso del primer proyecto socialista global que apoyaba las aspiraciones palestinas- están dispuestos a asumir riesgos políticos por la liberación nacional palestina, dada la probabilidad de incurrir en la cólera de Washington en un mundo unipolar. Sólo dos países árabes mantienen relaciones diplomáticas con Israel: Egipto y Jordania, ambos adyacentes al territorio palestino. En la mayor parte de los casos, las relaciones entre el resto de países árabes e Israel son más distantes pero no muy antagónicas.

Puede resultar de interés señalar que EEUU proporciona subvenciones anuales a los dos países árabes que reconocen a Israel. Egipto consiguió para este año 1.300 millones de dólares; la más pequeña Jordania recibe 540 millones.

Egipto es el país árabe más poderoso, con una población de unos 80 millones de habitantes, y sigue manteniendo su influencia en la región. Pero los días en los que el gobierno de El Cairo intentaba encabezar a las naciones árabes tras la bandera anticolonial y panarabista se esfumaron con los vientos del desierto de otra época, junto con la importancia de sus fuerzas militares.

El Cairo se encuentra hoy en día bien metido en la órbita de Washington y, por extensión, también en la de Tel Aviv. El régimen del Presidente Mubarak desprecia profundamente a Hamas porque está ideológicamente asociado con su principal enemigo interno, los Hermanos Musulmanes. De esa forma y manera, se ha unido al bloqueo israelí de la Gaza árabe. Egipto no tenía más opción tras la debacle de la flotilla que la de abrir por fin el cruce de frontera de Rafah, justo antes de que Israel anunciara que iba abrir algunos de sus propios cruces como parte de una parcial suavización del bloqueo. Esos cruces son los únicos medios para que la gente o los suministros entren y salgan de Gaza. La Marina israelí mantiene la prohibición del acceso por mar.

El Presidente Mubarak tiene ya 82 años y se ha mantenido en el poder cerca de 29 años, todos ellos bajo un continuo estado de excepción que le garantiza sus extraordinarios poderes, saliendo reelegido de forma rutinaria prácticamente sin desafío alguno. La siguiente elección presidencial tendrá lugar en 2011 y aún no ha ofrecido su candidatura. Mohamed El Baradei, que se retiró el pasado año como jefe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, puede aparecer como candidato. No cuenta con el favor de Washington ni de Tel Aviv, que quieren que se muestre mucho más duro con Irán. Se rumorea que Mubarak está preparando a su hijo Gamal para que le suceda en el poder. Es dudoso que la elección vaya a producir cambios en las relaciones de Egipto con Israel, pero no puede asegurarse nada.

Jordania, con su gran población palestina, está en el bolsillo del Tío Sam porque es pequeña, débil e insegura en relación con Fatah y Hamas. El Reino Hashemita gobernante se enfrentó dramáticamente a la OLP, aplastando a los grupos combatientes palestinos en septiembre de 1970 (conocido por los palestinos como Septiembre Negro). En julio de 1971, diversas organizaciones de la OLP fueron expulsadas de Jordania, encontrando refugio muchas de ellas en el Líbano, donde se vieron de nuevo asediadas cuando Israel invadió el país en 1982. El Rey jordano Abdullah II puede estar temiendo que un vecino estado palestino laico o islámico pueda finalmente socavar la monarquía. El Rey Abdullah trabajó con Obama para desarrollar el concepto de un estado palestino sin fuerzas militares.

El reino de Arabia Saudí ha venido recibiendo la protección de EEUU desde el final de la II Guerra Mundial a cambio de un acceso sin trabas al petróleo, asegurando la supervivencia de la familia real con su particular forma de islam sunní, el wahabismo. El gobierno saudí ha ayudado a los palestinos financieramente y apoya muchas de las posiciones políticas de la OLP, pero su estrecha asociación con Washington le convierte en un amigo inconsistente de la liberación palestina. Los saudíes no tienen lazos diplomáticas formales con Israel pero la relación es cooperativa y amistosa. Un estado palestino fuerte, independiente y moderno, bien bajo el liderazgo laico de Fatah, o un gobierno islámico de un tipo sunní diferente, es problemático para la Casa de los Saud y reduce su posible apoyo.

Los países árabes del Golfo ricos en petróleo, incluyendo ahora al Iraq post-baazista (que antes de la invasión de Washington de 2003 apoyaba firmemente los objetivos palestinos), todos dan luz verde a la causa palestina pero hincan la rodilla ante el poder global de Washington.

Siria apoya fuertemente a los palestinos de muchas formas y mantiene relaciones cordiales tanto con Fatah como con Hamas, pero no puede medirse con la supremacía militar regional de Israel y la exigente presencia estadounidense, por lo que mantiene un nivel relativamente bajo. El principal interés del Presidente Bashar al-Asad está en negociar un tratado de paz con Israel que posibilite la devolución de los ocupados Altos del Golán a Siria, y en conservar su influencia histórica en el Líbano. Se opuso firmemente a la invasión israelí del Líbano en 2006 y expresó admiración por la resistencia emprendida por Hizbollah, la organización popular chií apoyada por Irán.

Sofisticado y pequeño, el Líbano ha sido demasiado a menudo el campo de batalla israelí como para que ahora se ponga a provocar la ira israelí. Sin embargo, algunos observadores creen que Israel echará mano de cualquier pretexto para invadir una vez más el país y aplastar a Hizbollah, la fuerza de defensa musulmana chií no gubernamental, tras el fracaso en cumplir este objetivo de 2006. A los militaristas israelíes todavía les escuece el fracaso en el intento de destruir a Hizbollah, que es esencial para que puedan conseguir controlar todo el Líbano. La invasión de Israel costó las vidas de 1.183 civiles libaneses, unos 4.000 heridos y alrededor de 30.000 hogares destruidos o gravemente dañados. Durante el mes de la guerra, Hizbollah lanzó hacia Israel miles de cohetes no guiados, en gran medida ineficaces pero que sirvieron para sembrar el terror, que mataron a 36 civiles. No se conoce el número de víctimas de Hizbollah. Israel perdió también 118 soldados.

El resto de los países árabes, incluidos los estados radicales de otro tiempo, como Libia, continúan apoyando las esperanzas palestinas y votan correctamente en las reuniones de la Liga Árabe, pero poco más hacen para promover su causa.

Parte 4

Dos comodines: Turquía e Irán

Toda esta situación coloca dos comodines en la región –y ninguno de ellos es árabe- que son capaces de complicar el juego de EEUU e Israel en Oriente Medio.

Uno es Turquía, la república laica democrática militarmente fuerte y en gran medida occidentalizada con casi 78 millones de habitantes, con una extensa población musulmana sunní. El otro es Irán, una república islámica bastante modernizada con más de 67 millones de habitantes, en su mayoría musulmanes chiíes. Ambas son sociedades maduras que en otro tiempo constituyeron imperios: el otomano y el persa, respectivamente. Ambas están situadas estratégicamente, Turquía entre Europa y Asia, Irán entre Asia Central y Oriente Medio.

Turquía, miembro de la OTAN y desde hace tiempo estrecho aliado de Israel y EEUU, mantuvo un perfil discreto durante muchos años. Después, a principios de 2009, el gobierno de Ankara del Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan irrumpió abruptamente en la escena regional al condenar con dureza la calculadamente cruel invasión israelí de Gaza.

Hace pocos meses, Turquía entró inesperadamente de nuevo en la escena internacional con Brasil como socio, anunciando que habían conseguido un acuerdo para el intercambio de combustible nuclear con Irán que obviaba la necesidad de nuevas sanciones contra ese país por parte de EEUU y las Naciones Unidas. Creían, evidentemente de forma correcta, que contarían con el apoyo del Presidente Obama por esta misión independiente. Pero cuando ofrecieron un acuerdo que era virtualmente idéntico al que Obama buscaba originariamente, la Casa Blanca lo rechazó y trató a los oficiosos intermediarios como entrometidos poco gratos.

Bajo nuestro punto de vista, lo que la cohorte Obama-Netanyahu quería realmente era intensificar las sanciones, no un acuerdo nuclear que eliminara el pretexto para demonizar a Irán, probablemente en preparación de una agresión en un futuro no muy lejano.

El pasado mes –después de que los comandos israelíes liquidaran a nueve miembros turcos de la flotilla humanitaria-, las relaciones entre Tel Aviv y Ankara se deterioraron aún más, y un furioso Erdogan retiró al embajador de Turquía pero no rompió lazos diplomáticos. Exigió a Israel que se disculpara por los asesinatos e indemnizara a las nueve familias implicadas, pero Tel Aviv se negó, afirmando que los comandos se defendieron a sí mismos. Erdogan anunció que: “Aunque todo el mundo volviera la espalda a los palestinos, Turquía nunca volvería la suya, ni a Jerusalén ni a los palestinos”, y adoptó algunas modestas medidas como prohibir que la aviación militar israelí sobrevolara su espacio aéreo.

El 29 de junio se transmitió en el programa de Charlie Rose de PBS una entrevista con el Primer Ministro Erdogan, en el que llamó a Netanyahu “la barrera más grande para la paz”, una verdad obvia de la que la Administración Obama debe ser plenamente consciente aunque guarde silencio en público. Y lo más importante, Erdogan añadió también que Turquía seguía siendo “amigo de Israel”, pero Ankara anunció pronto que rompería relaciones diplomáticas con Israel a menos que Tel Aviv se excusara por los asesinados de la flotilla o aceptara que se llevara a cabo una investigación internacional.

Al día siguiente, el Ministro de Exteriores turco Davutoglu se reunió en secreto en Zurich con el Ministro de Trabajo y Comercio israelí Binyamin Ben-Eliezer para discutir sobre cómo reducir las tensiones. Fue una cadena de televisión israelí la que filtró la noticia del encuentro. No se ofreció información alguna sobre el resultado del mismo. El Ministro de Exteriores israelí Lieberman, reconociendo que Netanyahu le había apartado intencionadamente de ese importante evento, habló despreciativamente de su jefe por excluirle.

Netanyahu está bajo las presiones de Washington para que busque una reconciliación con Erdogan para mantener a la estratégica Turquía en el entorno político de Washington. El gritón de Lieberman habría probablemente exacerbado las tensiones si se hubiera reunido con Davutoglu. Netanyahu necesita al partido Yisrael Beiteinu de Lieberman en su coalición para mantenerse en el poder, que es la única razón para que ese exaltado se haya convertido en Ministro de Asuntos Exteriores. Al analizar el último contratiempo, el Jerusalem Post opinaba el 1 de julio: “Otro indicador de que la política diplomática israelí es disfuncional”.

En este momento, nadie conoce realmente la extensión de las ambiciones geopolíticas de Ankara, que serán lo que determine hasta dónde Turquía puede llegar a distanciarse de Israel, y quizá también de EEUU. Es cierto que Oriente Medio carece de un liderazgo dinámico que Turquía, que parece tener buenas relaciones con todos los países musulmanes, podría tratar de ostentar.

Si Turquía se limita a apoyar a los palestinos y a criticar Israel, eso tendría un impacto regional importante que quizá fuera suficiente para galvanizar a los países árabes a adoptar más medidas en nombre de Gaza, dando una pausa a Tel Aviv e induciendo a Washington para que se tome en serio que hay que poner ya fin al estatuto colonial del pueblo palestino.

Pero si Turquía busca desempeñar un papel en los asuntos regionales que vaya más allá de la cuestión palestina, quizá unida a un par de actores regionales, esto podría posiblemente alterar el equilibrio de poder en Oriente Medio, que ahora se inclina de modo considerable hacia el eje Washington-Tel Aviv.

¿Y cuál es el papel de Irán, el otro comodín, en todo este escenario? Diversos comentaristas han especulado que la república islámica busca dominar Oriente Medio, que quiere imponer sus creencias chiíes por toda la región, o que trata de destruir a Israel, entre otras absurdas especulaciones.

Cualquier valoración objetiva de las condiciones a que se enfrenta Teherán hoy mostraría que su prioridad esencial, y su casi única preocupación, es la seguridad nacional, y su estrategia militar es defensiva, no ofensiva, como Washington y Tel Aviv saben bien. Consideren los siguientes elementos:

Según las noticias, una armada de once buques de guerra de la Marina estadounidense y un buque israelí, dirigido por el portaaviones USS Harry Truman y su Grupo de Combate de 60 bombarderos de ataque, pasaron por el Canal de Suez el 18 de junio dirigiéndose hacia el Golfo Pérsico, donde se unirán a otros buques situados cerca de Irán. Flotas de combate de la Marina con misiles Cruise y Tomahawk y aviones de combate deambulan por el Mar Arábigo, el Mar Mediterráneo, el Golfo de Omán y el Océano Índico, así como por el Golfo Pérsico.
La inmensa base estadunidense de Diego García en el Océano Índico no cesa de recibir suministros para una posible guerra contra Irán, incluyendo 400 misiles anti-bunker para penetrar profundamente en la tierra.
La Fuerza Aérea de EEUU está lista para aplastar rápidamente Irán en cuanto se dé la señal.
Israel no deja de amenazar con atacar Irán.
La maquinaria militar estadounidense está acampada en la frontera occidental de Irán (Iraq) y en su frontera oriental (Afganistán). Las tropas de las Fuerzas Especiales del Pentágono han estado explorando Irán en todas las direcciones, buscando vulnerabilidades y registrando bien todo el territorio.
Durante varios años de la Administración Bush, los analistas de la información predijeron un ataque inminente de EEUU que no se produjo, probablemente debido al atolladero del estancamiento militar en Iraq. Pero Teherán sabe que probablemente se enfrenta hoy a un peligro mayor que durante los años de Bush.
Irán está las veinticuatro horas bajo vigilancia de los satélites espía y tecnologías de escucha por todo el país que pueden “ver” cada parte del mismo y “escuchar” cada conversación telefónica, por no mencionar los espías sobre el terreno.
Irán ha estado trabajando durante décadas bajo sanciones económicas y comerciales cada vez más duras después de que la revolución islámica despachara al potentado títere de Washington en Irán, el odiado Shah.
Las grandes potencias amigas de Irán, Rusia y China, se unieron a EEUU en la imposición de las últimas sanciones de las Naciones Unidas, después de diluirlas (pero sabiendo que Washington añadiría nuevas sanciones por su parte para compensar). Esto conmocionó y preocupó a Teherán, aunque aún considera a ambos países como aliados y no se espera que abandonen a Irán.
Al menos durante la última década, Washington ha estado proporcionando apoyo a material y moral al movimiento disidente contra el régimen, y no hay duda alguna que el gobierno de Obama continúa con esa práctica.
Washington está tratando de crear una coalición anti-iraní compuesta por varios estados árabes sunníes, exacerbando las tensiones étnicas y religiosas para dividir y vencer.
Los misiles estadounidenses de largo y medio alcance, tanto los convencionales como los dotados con cabezas nucleares, están en alerta, esperando pacientemente la señal.
Por su parte, Teherán continúa apoyando a los chiíes de Hizbollah en el Líbano y a los sunníes de Hamas en Gaza. Hizbollah –un movimiento político que dirige la segunda mayor coalición electoral en el Líbano- critica a Tel Aviv como colonialista pero sus guerrilleros luchan habitualmente contra Israel sólo cuando invade el Líbano. Los combatientes de Hizbollah son en gran medida responsables de la decisión de Israel de retirar sus fuerzas militares en mayo de 2000, tras casi dos décadas ocupando el Líbano, y de la segunda humillación del ejército israelí cuando volvió en 2006 con sus armas llameando.

Hamas es una organización política dedicada a liberar al pueblo palestino de la dominación colonial. Sin armas pesadas, tanques o aviones que utilizar en su lucha de liberación contra el ejército israelí, lanza hacia Israel cohetes no teledirigidos y en cierto modo primitivos que en los últimos años han matado a unos diez civiles. Israel, desde luego, ha matado a muchos miles de palestinos durante ese mismo tiempo.

EEUU e Israel identifican a ambos grupos como “terroristas” y también a Irán por apoyarles. En opinión de muchos izquierdistas y personas del mundo en vías de desarrollo, no son sino combatientes de la resistencia contra la opresión imperialista y colonial.

El gobierno del Presidente Mahmoud Ahmadineyad niega estar elaborando armas nucleares y declara que sus esfuerzos van dirigidos a producir energía para usos pacíficos, no bombas. Incluso con todas las técnicas de espionaje de que dispone Washington, no hay aún prueba alguna que confirme esa acusación contra Irán. Sin embargo, Israel –del que se dice posee unas 200 cabezas nucleares en desafío del TNP- se presenta como la pretendida víctima de Irán. Irán no ha emprendido ninguna guerra de agresión desde la primera mitad del siglo XIX (una corta incursión sobre la frontera afgana), y no está absolutamente en disposición de hacerlo ahora.

Ni a EEUU ni a Israel les preocupa actualmente que Irán cometa en efecto un suicidio nacional preparándose para atacar, o atacando ya, al estado judío, provocando así una ofensiva preventiva o una venganza masiva instantánea por parte de Tel Aviv, con EEUU presto a acudir en su ayuda.

Para EEUU e Israel hay otras dos preocupaciones regionales en las que pensar a largo plazo:

Una es la posibilidad de que un Irán chií y un Iraq de mayoría chií puedan eventualmente formar un bloque conjunto en algún tipo de relación estrecha de aquí a varios años. Comparten una serie de intereses además de su rama compartida del Islam, una minoría a menudo dominada en tierras bajo control sunní. Ambos quieren ser independientes de la violencia y amenazas estadounidenses y pueden llegar a la conclusión de que esa unidad potencia sus defensas. Al formar equipo podrían explotar de forma mucho más provechosa sus extraordinariamente inmensas reservas petrolíferas. Y a ambos les preocupa el movimiento independentista kurdo, entre otros factores. Washington hará cuanto pueda para mantener separados a Bagdad y Teherán. Planea conservar una influencia considerable en Iraq una vez que la mayor parte de la legión extranjera estadounidense se dirija hacia otros campos de batalla, pero la era de los gobiernos títere y de los amos coloniales, a pesar de los residuos por aquí y por allá, está desvaneciéndose en la historia.
La otra preocupación, quizá incluso más peliaguda a largo plazo para el Tío Sam, es la posibilidad de que Irán pudiera formar bloque con Turquía y Siria para oponerse a la dominación estadounidense en Oriente Medio. Si Iraq se les uniera, los cuatro países se extenderían a lo largo de unos 3.500 kilómetros, desde el Estrecho de los Dardanelos en el Mediterráneo hasta el Mar Arábigo. Esto podría inducir a Egipto a ponerse de nuevo en marcha. Por supuesto que es una posibilidad remota, pero es un potencial elemento de cambio en el mundo árabe, un cambio muy esperado.
Oriente Medio aparece a menudo como una zona estática, en la que los estadounidenses llevan siempre la batuta, pero esa noción es engañosa. Nadie sabe lo que puede ocurrir en las próximas dos décadas respecto a alguna de las muchas posibilidades de cambio que actualmente giran alrededor de Oriente Medio, especialmente cuando surgen con fuerza otras naciones en el mundo mientras EEUU se mete en lo que parece ser el principio de una larga decadencia.

Los valientes voluntarios que participaron en la reciente flotilla humanitaria han obligado con sus hechos a Israel a suavizar el bloqueo contra Gaza. Ese es un cambio importante. Y sus esfuerzos enfocaron una brillante luz sobre las fechorías perpetradas por Israel, y la potencia que le allana todos los caminos, contra los palestinos. Ese es buen comienzo hacia cambios más importantes, y puede convertirse en un momento de transición que con el tiempo no sólo aporte resultados fructíferos para el oprimido pueblo palestino sino también para la región entera.

N. de la T.:

[*] Este artículo apareció publicado el pasado 6 de julio.

Fuente: http://activistnewsletter.blogspot.com/




http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109741

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