Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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martes, 3 de enero de 2012

A ti estimada hermana agredida.




Estimada hermana agredida:

Hola cómo estás? Hace días que no tengo noticias tuyas y me he preocupado.

Cómo te has sentido últimamente?

Me pregunto si será acaso tu larga ausencia una forma de ocultar los moretones viejos o recientes que te ha propinado el amor de tu vida.

Será talvez que estás tan adolorida que no puedes levantarte de la cama o te averguenza salir y caminar renca?

No sabes qué excusa inventar esta vez para que nadie sospeche que el único hombre por el que respiras te ha golpeado de nuevo?

No te preocupes estimada hermana, yo sé lo que se siente.

Yo lo viví y no puedo olvidar cómo pensaba que era imposible sobrevivir sin mi ¨amado¨.

Sé lo que es sentirse completamente sola y desamparada sin saber qué hacer, sin encontrar una salida. El miedo que ello implica...

Cómo olvidar sus ataques de ira en las que cualquier excusa es válida para armar un escándalo y comenzar a propinar golpes a diestra y siniestra.

Cualquier error o situación difícil que sucedía en casa, siempre resultaba que yo era la culpable.

Sus gritos de energúmeno, sus insultos (basura, perra, mierda, búfalo, vaca, cerda, prostituta), sus patadas, los golpes con el puño cerrado en mi sien hasta dejarme inconsciente aún con nuestra bebé en brazos.

Seguramente mi mente en un claro mecanismo de defensa había borrado esos recuerdos, pero hoy, al recordarte estimada hermana y leer y guardar en silencio los mensajes y experiencias desgarradoras que has soportado, fue cuando lo recordé todo, cuando me dejaba sin comida o me echaba a la calle a medianoche y cerraba la puerta.

Sus constantes reproches de que él no era mi padre y que no tenía por qué mantenerme, que me fuera a la calle porque yo era su castigo aunque en algún momento yo fui la que soporté todo el gasto de nuestra casa.

Me decía que yo era una carga para él, pasé tantas noches de mi embarazo calándome de frío hasta los huesos cuando me echaba de su cama porque le daba asco que fuera una gorda tan indecente...

Una amiga prostituta me brindó asilo, pero tenía pánico de verme envuelta yo también en esa profesión.

Me confundía tanto cuando le veía ser el mejor amigo de sus amigos y el más hermano de sus hermanos, pero en cuanto llegaba a casa les maldecía y renegaba de su existencia.

En tantas ocasiones me avergonzó frente a los demás diciendo que yo no servía en la cama, que mantener relaciones conmigo equivalía a violar un árbol muerto...

Le fascinaba amenazarme conque me iba a dar un ¨regalo¨ cuando llegáramos a casa.

Tenía tanto miedo de estar en un país que no era el mío o de verme en la calle.

Después de golpearme, humillarme y jactarse de ello, me pedía perdón, se ponía de rodillas y me decía que jamás lo iba a repetir...que todo era culpa de las presiones del trabajo y de la vida.

En algunas ocasiones tomaba valor y lo abandonaba, pero cómo resistirme cuando me decía que no dormía, que me echaba de menos, que yo era su vida pero que por favor bajara de peso, para que yo no le avergonzara frente a sus amigos y conocidos ya que él es un hombre muy atlético que pasa mucho tiempo haciendo ejercicio.

No me veía viviendo con otro hombre que no fuera él.

Cuando me era infiel con otras mujeres. si yo mostraba algo de enfado me reclamaba que él me estaba haciendo el favor de tenerme en su casa.

Yo soñaba cómo podía ser estar con un hombre diferente, un hombre decente, cariñoso, honesto, pero la sola idea me hacía sentir sucia e infiel.

Sus llamadas a medianoche llorando, recordándome que sin mí no podía vivir, que nadie le había enseñado a amar, que yo era el único amor de su vida.

Yo no entendía porqué si nunca he sido mala con nadie la vida me probaba de esa manera.

Sabía que tenía que dejarle porque sus días tranquilos eran muy pocos, los demás no me hablaba o no paraba de insultarme.

Sus golpes no dolían tanto como sus insultos, ver cómo destrozaba la imagen que yo me había creado de él me atormentaba.

Sentir que me detestaba pero que también me quería era como una pesadilla de la que nunca me podía despertar.

Las preguntas no dejaban de rondar en mi mente: Porqué un hombre al que yo sólo le daba amor, no tenía compasión de mi?

Pero un día algo cambió, observé el rictus de terror de mi cara frente a un espejo y no me reconocí, esa no era yo, esa no era la mujer alegre, ilusionada, cariñosa y feliz que yo conocía.

Esa imagen me resultaba extraña y me aterrorizó más que todas sus agresiones juntas.

Pensé que NADIE merecía vivir bajo tanta injusticia por su propia voluntad y tomé la decisión de dejarle definitivamente.

No fue fácil, pero sabía que continuar con él me llevaría inexorablemente al camino de la muerte y a mi anulación como mujer, esposa, madre, pero más que nada, como ser humano.

Confeccioné un plan de emergencia en el cual yo podría huir lo más pronto posible de sus abusos la próxima vez...no fue demasiado lo que tuve que esperar.

Cuando salí corriendo de su alcance, podía escuchar todavía sus gritos: te odio, prostituta, asquerosa, gorda, malagradecida, pedazo de mierda!!!

Pero ya no había vuelta de hoja, preferí morir sola y en la más completa pobreza a tener que seguir con comida y casa pero sin dignidad ni amor.

Pronto encontré trabajo y pude recomenzar lejos de él, de todo su veneno, de tanto odio y dolor.

No fue fácil, ya que intentó suicidarse (pero antes llamó a todos sus amigos para que llegaran a tiempo a rescatarle y a hacerle un lavado de estómago).

Me sentí culpable por haberle creado ese grado de desesperación, pero perseveré.

Ya no era sólo mi vida, sino también la de mi hija que él había puesto en peligro cuando después de una discusión se subió a mi vientre de siete meses de embarazo y me rompió la fuente, provocando que tuvieran que sacar a mi hija por medio de cesárea y anestesia epidural.
En cuarentena lloraba al observar a mi hija recién nacida sin padre, frunciendo el ceño igual que él, sonriendo igual que él, llorando igual que él.
Pero me propuse liberarla de la violencia, mi hija no merecía vivir en un lugar lleno de terror, no; yo fui quien ayudó a traerla a este mundo y era mi responsabilidad criarla en un ambiente sano y lleno de amor.

Ella ha llorado cuando sus amigos se burlan de ella porque es la única que no tiene padre, o cuando pregunta porqué él nunca la llama o no la busca; pero es mejor que tenga ese pequeño vacío a una gran inseguridad y desvalorización como persona.

Ella me salvó la vida, por ella renació en mí el instinto de supervivencia.
Espero, estimada hermana, que recuerdes que aunque estamos separadas por la distancia, estamos unidas por el cariño que hemos cultivado a través de todo este tiempo en que compartimos nuestras dolorosas experiencias, las injusticias y el dolor al que fuimos sometidas por un ser inhumano.

Te pido que recuerdes, porque siempre lo olvidas, que no estás sola, que somos cientos de miles las mujeres que día a día somos avasalladas por cobardes de esta calaña.

Muchas de ellas no sobreviven y se marchitan como una flor en el desierto.

Y tú, estimada hermana, no tienes que aislarte ni aparentar que no necesitas ayuda.

Lo que crees que es amor, no es más que un círculo vicioso lleno de veneno y peligro que sólo te traerá la muerte.

Que no te averguence el qué dirán, los que de verdad te aman, estarán felices de verte de nuevo libre.

Nadie dice que va a ser fácil, pero sé que al igual que yo, te vas a poder librar porque NADIE merece vivir sintiéndose ¨no persona¨.

Los que te queremos con toda nuestra alma, te estamos esperando hermana, por favor ven, no te tardes, la tardanza sólo alargará tu sufrimiento y ya es hora de que dejes de guardar silencio y alimentar la falsa hombría de un cobarde.

Dí al igual que yo y tantas otras que logramos escapar: Nunca más, nunca más, nunca más!

Rashida Jenny Torres
Sobreviviente de violencia doméstica.

2 comentarios:

Sr.Masis dijo...

Salam, muy bueno y muy bien que vuelvas a postear! Ese relato es tuyo? Es desgarrador y lleno de dolor, pero las experiencias dolorosas nos hacen mas fuertes para afrontar la vida. Nadie absolutamente nadie puede violentar a otra persona, aun cuando corrompan aquella esencia del versículo del Q'ran. Saludos

Rashida Jenny Torres dijo...

Wa alaikum salam wa rahmatullahi wa barakatuh Sr. Masís, así es, es parte de mi testimonio de agresión doméstica.
Disculpa que no haya estado publicando en el blog, me he encontrado sumamente ocupada en otros asuntos.
Espero pronto poder hacerlo, más que todo, el problema se da cuando no tengo acceso a la computadora por falta de tiempo. Pero lo intentaré. Muchas gracias.