Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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jueves, 8 de julio de 2010

La mujer musulmana vacila entre la libertad y el libertinaje.

mujeres

frente a toda una sociedad materialista y de consumo donde la mujer también tiene que rendirse a las reglas de consumo

Autor: Farouk Ait Nasser -

Al parecer, gran parte de la sociedad occidental no quiere comprender la “no visibilidad” de la mujer musulmana, esto es, que la “ocultación” de ésta choca con la incapacidad cognitiva, que constituye, a su vez, una percepción no adecuada que conduce, naturalmente, al rechazo de ciertas realidades ajenas simplemente porque la lógica del occidental no está hecha para comprender otras realidades de acuerdo a otros niveles de lógica.

Este desentendimiento por parte de los occidentales nos ayuda a entender, hasta cierto punto, las causas del rechazo y la negación del otro o de todo aquello que no concuerda con la vida moderna tal como la conciben. Y por esta simple razón hay, y cada día son más, las personas con gran capacidad de imaginación fácilmente engañados por la ignorancia que suelen propagar algunos medios de comunicación occidentales para creer en la importancia de salvar a la mujer musulmana y, por tanto, justificar su incomprensible interés por algo que no comprenden y, por consiguiente, no les incumbe: creer en la obligación de redimir la mujer musulmana de lo que ella es para autosatisfacerse es, pues, pura fantasía occidental.

Ahora bien, partiendo de un enfoque teórico que comprenda este planteamiento miope occidental de la problemática de la mujer musulmana, deducimos, por tanto, que estos creen conocer la situación de ésta haciéndose suponer que tienen la obligación de salvarla de la sumisión y servidumbre del hombre musulmán olvidándo que la mujer occidental está todavía más sumisa y al servicio de la imagen que le impuso el hombre occidental a causa de la industria del bienestar en concreto, puesto que para percibirlo solo hay que fijarse en el contenido publicitario – para no hablar de otros sectores- y ver hasta qué punto la mujer deja de ser una mujer para que se confunda con el producto que se expone al consumidor. Esto es, que se convierte en un producto, y aquello supone, desafortunadamente, una de las prácticas más habituales de la publicidad en el mundo occidental. La mujer se nos presenta a través de la publicidad de un modo que imposibilita saber qué producto es aquello que se comercializa, ¿es su cuerpo lo que se comercializa? Aquella imagen, bien confeccionada, atormenta a muchas y hace que estén viviendo permanentemente acongojadas deseando encajar, lo máximo que puedan, con ese perfecto modelo de un cuerpo ficticio que se impone y que les invade tanto por vista como por oído: se ve a través de la televisión, en los carteles publicitarios, en las revistas de moda, etc. Y todo para que la mujer no acepte su cuerpo porque los intereses comerciales entran en juego.

Y si posee un cuerpo no aceptable desde un punto de vista social-occidental “moderno”, como ejemplo, si ella padece problemas de sobrepeso -víctima de la comida basura-, entonces vivirá continuamente atormentada por su aspecto físico porque no se ajusta a la imagen que ha elegido el hombre occidental para ella.
Las mujeres musulmanas, sin embargo, según los occidentales, sí que suponen un problema, puesto que están reprimidas y encarceladas en algunos países musulmanes y, por consiguiente, no entienden por qué razón conservan sus costumbres religiosas en las sociedades occidentales. ¿Qué es lo que les hace luchar por conservar su identidad musulmana y desafiar las leyes discriminatorias de algunos países, como los europeos, que no respetan los derechos humanos y se esfuerzan en cosificarla igual que han hecho con la mujer occidental?

Y allí donde la mujer musulmana se siente indefensa, oprimida, desamparada y aun humillada; frente a toda una sociedad materialista y de consumo donde la mujer también tiene que rendirse a las reglas de consumo y formar parte de lo que se suele consumir a menudo.

¿Si se tapan, pues, no es por su propia voluntad? ¿No será por qué ven en las sociedades occidentales ciertos “síntomas de perversidad”?

En una de las entrevistas que shicieron a Elisabeth Roudinesco, ésta dijo respecto a las sociedades occidentales lo siguiente:

“la ‘sociedad perversa’, en la cual el sujeto es considerado por el Estado como una cosa, tal cual está sucediendo en los países occidentales. Donde se tiende a reducirlo todo al cuerpo, a ocuparse del deseo considerando que se lo puede manejar en la gestión del cuerpo y no en la aspiración a un ideal. Una sociedad que es a la vez puritana y pornográfica” .

Lo necesario para que exista una sociedad pornográfica es que, en parte, haya un modelo de una mujer “abierta de mente”: dispuesta a realizar sus fantasías sexuales. Y todo aquello se reúne, eminentemente, en la mujer moderna tal como se concibe en occidente. No obstante, desde el punto de vista musulmán o moral, la mujer que suele perder la virginidad a muy temprana edad, la que suele pasar de los brazos de un hombre a otro igual que una moneda de intercambio, etc., no es, por tanto, una mujer abierta de mente sino un simple cuerpo que constituye una mercancía destinada a la diversión pública. Y partiendo de esta percepción de la realidad que comprende a la mujer conforme a la religión musulmana en particular. Esto impide, en gran medida, que haya una sociedad perversa siempre cuando ésta se mostrase encerrada en sus principios impidiendo que sus valores éticos y morales, se prostituyen por algo llamado vida moderna y es una de las razones que aclara, hasta cierto punto, la dificultad que encuentran algunos occidentales para enterarse de la naturaleza del orden de una comunidad musulmana con todo lo que aquello supone, de un modo objetivo.

Así, pues, según algunos occidentales, nuestra religión no está en paralelo con los cambios que se suscitan en el siglo XXI. En este aspecto, la ilusoria idea de rescatar a la mujer musulmana tendría sentido, esto es, como ejemplo: que debemos librarnos de la herencia ancestral y por ende, aquello implica un cambio radical en nuestra percepción de la desnudez del cuerpo, que tiene que ser más natural, más animal; debemos efectuar una revolución sexual; debe haber más proveedores de servicios para adultos y fomentar la industria del sexo a gran escala; debe surgir fenómenos como el nudismo y debemos pasear en nuestros hogares desnudos delante de nuestros padres y hermanos y bañarnos con ellos si hace falta; se debe enaltecer el cuerpo a nivel artístico; debemos generar tantos niños ilegítimos y lo primero que tenemos que hacer para que surja todo aquello es rescatar a la mujer musulmana; esto es, cosificarla para beneficiarnos de todos los placeres que nos brinda su cuerpo. ¿Y por qué no? ¡No sería lógico para el occidental que ésta llevase una tanga, mini falda y preservativos en su bolso para estar a la altura de la mujer moderna del siglo XXI!

En vez de entender la situación de la mujer musulmana contraatacan con una inapropiada actitud con el fin de que nosotros abandonemos nuestros principios y costumbres. Constantemente hemos oído, incansablemente, de que en los países árabes no se respetan los derechos de la mujer. Y en consecuencia, nos preguntamos: ¿qué derechos son aquellos que no se cumplen? ¿Cómo es la situación de la mujer árabe y cuáles son aquellas libertades que nos faltan en nuestra sociedad que tenemos que asimilar según el ideario rescatista occidental?
En verdad, la mujer musulmana tiene que despojarse de sus prendas que caracterizan al vestido musulmán y poner una ropa más ligera para mostrar sus atributos físicos: algo acorde con siglo XXI. Tiene que abrirse a favor de asimilar la modernidad del Mundo Occidental, y tiene que abrirse en todos los aspectos y dejar de ser lo que era desde que apareció el islam y convertirse en algo abierto de “mente”, es decir, abierto al placer, fácil de penetrar, un simple instrumento o un medio que el hombre emplea en un espacio y un tiempo determinado: algo que se usa y se desusa, producto de consumo. En definitiva, tiene que ser lo que no es. Un ente extraño que desempeña ciertos roles específicos como la satisfacción de los deseos corporales por ser abierto de mente porque resulta que eso es lo mejor que sabe hacer.

La filosofía sostiene, tradicionalmente, que el ser humano es un animal racional no obstante, a mi entender, si el ser humano se deja llevar por sus placeres carnales sin estar vinculado a ciertos principios religiosos o morales entonces dejará de ser un animal racional para quedar como un simple animal y esto es concretamente el resultado de una sociedad que deja atrás sus valores éticos y morales engañándose a sí misma con el concepto de la civilización y vida moderna. De hecho, los musulmanes vinculan todos los valores con la religión, entonces al enfocarlos desde otra perspectiva que no sea religiosa algunos valores podrán desaparecer puesto que lo único que controla y sucumbe la inmensa mayoría de los musulmanes es, por consiguiente, la religión; y con ello no será difícil imaginar el rol que ocupará la mujer en este sentido sin esos valores.

Las mujeres desde la época del profeta Muhammad (PyB) ejercían todo tipo de oficios. Algunas de ellas, incluso, podían luchar junto a los hombres en la guerra, y la única condición era que tenían que salvaguardar su identidad femenina demostrando con ello que su labor en la sociedad no se reducía únicamente a atraer sexualmente a los hombres y así se ha convencido durante muchos siglos de la necesidad de cubrirse. Una necesidad que no está al alcance de la lógica occidental, en la actualidad.

marttin1235@hotmail.com

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