Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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domingo, 2 de octubre de 2011

Sobre la comprensión del Corán.

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Asghar Ali Engineer

Teología Islámica de la liberación (AGN Libros 2010)
Autor: Asghar Ali Engineer


Es importante plantear la pregunta ¿cómo entender el Corán? ¿Es suficiente con citar un verso de aquí o de allí en un tema en particular? Esta es una práctica habitual, incluso por parte de estudiosos islámicos. Pero eso nunca es suficiente, crea confusión y muchas veces va en contra del espíritu del Corán. El Corán es una escritura divina y no puede ser entendido citando versos aislados.

La cuestión es cuál la mejor manera de comprender el Corán. Cuando el Profeta (la paz sea con él) estaba vivo, los musulmanes le preguntaban por el significado de las aleyas. Cualquier cosa que dijera fue recogida más tarde en forma de hadices. Todos los comentaristas después de la muerte del Santo Profeta han citado estos hadices para explicar el significado de los versos del Corán. Así nació la inmensa literatura del Tafsir (exégesis coránica). Los comentaristas posteriores se limitaron a repetir lo dicho por los anteriores sin añadir apenas nada.

Es importante señalar que el Corán tiene que ser entendido no sólo en el contexto en el que los versos fueron revelados, sino también a diferentes niveles. El Corán trata de distintos temas a nivel social, cultural, espiritual y moral. Se tratan ciertos temas a nivel social determinado, pero también trata el mismo tema a nivel moral, lo que le añade una dimensión trascendente. Uno no puede hacer justicia a los preceptos del Corán sin comprenderlos en diferentes niveles.

Los compiladores de las leyes de la Sharia adoptaron el método del mono-nivel, lo cual creó problemas difíciles de resolver en épocas posteriores. Lo que es peor, los seguidores de estas leyes adoptaron un enfoque muy rígido y consideraron las formulaciones hechas por los grandes imames como inmutables, lesionando el espíritu del Corán. Así, no sólo se fija el Corán en un período histórico determinado, sino también crea problemas a sus seguidores. Por lo tanto, resulta imprescindible entender el Corán en sus distintos niveles, incluso para la elaboración de leyes basadas en los mandamientos divinos.

Tomemos el concepto de qisas (retribución en la misma medida) en el Corán. Es sobre este principio que la Sharia prevé ojo por ojo, nariz por nariz y oreja por oreja. Este precepto coránico está en un nivel, pero en el plano moral vemos que el Corán considera que indultar a los delincuentes es moralmente superior que el buscar venganza. A veces la dimensión realista y la dimensión moral están contenidas en la misma aleya y otras veces en diferentes versos.

Vamos a examinar desde esta óptica el versículo sobre el qisas en materia de homicidio (qatla). El verso dice:

“¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Se os ha prescrito la justa retribución para los casos de homicidio: el libre como libre, el esclavo como esclavo y la mujer como mujer. Y si le es perdonada al culpable una parte por su hermano, esta deberá cumplirse en forma honorable y la restitución a su prójimo se hará de buenas maneras. Esto es un alivio de vuestro Sustentador y una misericordia. Y a aquel que, a pesar de ello, exceda intencionalmente los límites de lo correcto, le aguarda un castigo doloroso”
(Corán 2:278)


Si analizamos esta aleya, lo primero que observamos es que el Corán tiene en cuenta las costumbres tribales de la época. De hecho, la retribución en la misma medida (qisas) era la forma tribal de hacer justicia a los agraviados. El Corán toma tanto la visión realista como la visión moral de tal práctica. Al nivel realista conserva la práctica tribal, pero por supuesto lo hace mediante la pertinente reforma para que sea rigurosamente justa. Entonces la trata a nivel moral, invocando los valores más elevados.

Aún aceptando la práctica tribal de la retaliación, lo hace reformándola y haciéndola más justa, exigiendo el libre como libre y el esclavo como esclavo y la mujer como mujer. A menudo, las tribus solían ofrecer la vida de un esclavo para salvar la vida de un hombre libre, pero el Corán hizo obligatorio que el libre pagara por el libre y el esclavo por el esclavo. Se trataba de un proceso de reforma. Pero el Corán va más lejos e invoca el valor moral mediante la retribución económica, el precio de sangre. Esta es, sin duda, moralmente superior a la búsqueda de la venganza y es descrita como una misericordia del Señor. Pero, al mismo tiempo, advierte que “todo aquel que excede el límite después de esto, tendrá un castigo doloroso.”

Por lo tanto aquí, en una misma aleya, el Corán trata el asunto a tres niveles, a saber: el nivel realista con la dimensión añadida de la reforma; el plano moral al invocar el valor de la misericordia; y un nivel más, el de un castigo doloroso si se exceden los límites después de todo esto. Así, no es adecuado seguir cualquiera de los niveles de una forma rígida, ignorando el resto. El Corán defiende un enfoque realista, reformador y moral que sea apropiado para el contexto.

En general, los musulmanes no siguen esta metodología y quedan atrapados en uno de los niveles, provocando las críticas de los que son hostiles al Islam. Elaborar leyes es un trabajo de gran responsabilidad social y ha de ser realizado con conciencia de esta responsabilidad. Además, cabe señalar que las leyes no deben ser rígidas y que ninguna ley puede servir eternamente, por muy cuidadosamente formulada que esté. Las condiciones objetivas cambian continuamente y la legislación debe adaptarse a dichos cambios.

Si podemos llegar a nuestro destino a caballo hoy, no dudaremos en llegar en tren o en avión al día siguiente. El destino seguirá siendo el mismo, pero las herramientas para llegar al destino cambian. La ley no es más que una herramienta. Un legislador tiene que ser consciente de ello y examinar las condiciones objetivas para ver si se cumplen las condiciones para las que la ley fue hecha.

Esta es una carencia en el caso de la Sharia. Por lo general, nuestros ulemas argumentan que la ley es divina e inmutable. Se olvidan de que los primeros juristas —quienes formularon las leyes sobre la base de los mandamientos del Corán— eran seres humanos y ningún ser humano puede estar por encima de las limitaciones humanas. Así, la Sharia no es más que sincero enfoque humano de los preceptos divinos que figuran en el Corán. No fue sino hasta los tiempos modernos que se nos ha permitido entender esto. Debemos tomar la religión en los distintos niveles: sociológico, moral y trascendente. El enfoque sociológico es tan importante como el moral. La moral no funciona en el vacío, opera en condiciones sociales concretas. Es por esta razón que los juristas islámicos han aceptado el concepto de aadat, es decir, el derecho consuetudinario de la sociedad dada en la que opera la Sharia. Así, en muchos casos, el derecho consuetudinario puede prevalecer.

Pero el derecho consuetudinario es, en sí mismo, heredado del pasado y, por lo tanto, es estático. En el mundo moderno ni el derecho consuetudinario heredado de las costumbres del pasado, ni la sharia tal como se formuló en la temprana sociedad islámica por los juristas islámicos, pueden ser suficientes. Tenemos que repensar las cuestiones jurídicas de forma continua en las condiciones sociales cambiantes. Sin embargo, ese re-pensar no puede ser arbitrario o contrario a los valores del Corán.

Se puede explicar con el símil de la construcción de una estructura. Mientras que los cimientos siguen siendo los mismos, el diseño de la superestructura puede ir cambiando. Los valores constituyen la base y esos cimientos deben ser fuertes, de manera que la superestructura puede persistir durante más tiempo. Por ejemplo, la justicia es el cimiento y las leyes del matrimonio, divorcio, etc., pueden cambiar para que sean más justas. A menudo se confunden las prioridades. Para nosotros la superestructura se convierte en más importante que los cimientos.

La poligamia se ha vuelto más importante en el mundo islámico que el concepto de justicia subrayado por el Corán. Se justifica el tener varias esposas, incluso si se viola el concepto de justicia que es mucho más fundamental que la poligamia. La cuestión de la justicia de género se ha convertido en el tema fundamental. Las relaciones de género en la Edad Media eran muy diferentes de lo que son hoy. Las leyes de la Sharia formuladas en aquel tiempo se basaban más en las relaciones de género existentes en el contexto dado que no en el concepto trascendente de las relaciones de género que podemos encontrar en el Corán.

Al igual que otras cuestiones, la cuestión de género también es tratada en el Corán en diferentes niveles. El Corán, en su sabiduría divina, no podría haber ignorado las relaciones de género existentes en esos días. Por lo tanto, es tratada a un nivel realista y también a un nivel moral y trascendente.

Tomemos como ejemplo el matrimonio y el divorcio. El Corán hizo del matrimonio un contrato entre marido y mujer. Es importante señalar que el Corán a la vez que aceptó en un nivel realista el derecho consuetudinario tribal, lo mejoró considerablemente. En el derecho consuetudinario tribal, las leyes del matrimonio desfavorecían a la mujer. Ella no podía negociar su propio matrimonio, sino por medio de su wali (tutor), que era su padre o, en su ausencia, el abuelo, el hermano mayor o su tío. La institución del tutor matrimonial era fundamental en el derecho consuetudinario tribal. Pero el Corán no menciona dicha institución y le da a este derecho directamente a las mujeres. En segundo lugar, el importe del meher (dote) era negociado por el tutor y le pertenecía a él, mientras que el Corán le da a la mujer el derecho a negociar la dote y es a ella a quien pertenece. Por lo tanto se trataba de una reforma importante, para que la ley del matrimonio fuera más justa.

Además, el Corán eleva el matrimonio a un plano moral más alto, a pesar de su naturaleza básica contractual, al invocar valores morales como el amor y el ihsan (benevolencia). Encontramos lo siguiente:

“Él es quien os ha creado de un solo ente vivo, del cual formó a su pareja, de modo que se sienta cómodo con ella. Y una vez que la hubo cubierto, concibe ella una carga leve y la lleva en su seno. Luego, cuando se siente pesada, invocan ambos a Dios, su Sustentador: ¡Si en verdad nos concedes un [hijo] sano, seremos, ciertamente, de los agradecidos!”
(Corán 7:189)


Esto se refiere claramente a la mujer cuando queda embarazada y luego ambos rezan a Dios para que les conceda un hijo sano (Saleh). Así, el matrimonio se eleva a un plano moral y se desarrollan lazos firmes en los que el marido puede encontrar consuelo en la mujer y crear juntos hijos sanos para perpetuar la especie. El matrimonio es, pues, no sólo para satisfacer la apremiante necesidad sexual, sino mucho más que eso, un vínculo de amor y un instrumento para perpetuar la especie. De este modo, el matrimonio, según el Corán, es a la vez un contrato y un vínculo moral. Dice el Corán:

“Y entre Sus portentos está el haber creado para vosotros parejas de vuestra misma especie, para que encontréis tranquilidad en ellas, y ha puesto entre vosotros amor y compasión: ¡ciertamente, en esto hay en verdad mensajes para la gente que reflexiona!"
(Corán 30:21)


El matrimonio sin amor y compasión no puede ser un vínculo duradero.

No obstante, el Corán no pasa por alto la situación en la que el hombre y la mujer ya no puedan continuar juntos. Para resolver este tipo de situaciones se aprueba el divorcio y, en estos casos, la naturaleza contractual del matrimonio sirve de ayuda. En algunas religiones el matrimonio es considerado un sacramento y, por tanto, el vínculo no puede ser roto. Eso hace que la vida de ambos miembros de la pareja sea un infierno.

El Corán, al mismo tiempo que trata el matrimonio como algo más que un contrato, ha conservado su carácter contractual y también permite el divorcio. Pero no hace del divorcio una ruptura amarga entre marido y mujer y asesora al hombre a vivir con la esposa de modo ma'ruf (buenas maneras) o dejarla ir con buenas maneras, no con amargura. Así, el meher o los regalos que él le haya dado, no deben ser devueltos. El Corán dice:

“Así pues, cuando habiendo divorciado a vuestras mujeres, se acerque el fin de su período de espera, o bien las retenéis en forma honorable o las dejáis ir de buenas maneras. Pero no las retengáis contra su voluntad por hacerles daño: pues quien tal hace falta contra sí mismo”
(Corán 2:231)


Vemos, pues, el plano moral al que el matrimonio y el divorcio han sido elevados por el Corán. Sin embargo, los juristas musulmanes han pasado por alto este aspecto moral del matrimonio y el divorcio en el Corán y permitieron que el matrimonio pueda romperse por pronunciar tres palabras de talaq (divorcio), incluso en medio de la ira y la amargura. Si consideramos la naturaleza moral del divorcio en el Corán, el repudio o triple divorcio no tiene cabida en absoluto.
El Corán también decretó que los problemas sean atendidos por árbitros por parte del varón y de la mujer, que traten de buscar soluciones para continuar con la vida en común antes de separarse:

“Y si teméis que se produzca una ruptura entre ambos, nombrad un árbitro de la familia de él y otro de la familia de ella; si ambos desean un arreglo, Dios propiciará su reconciliación”
(Corán 4:35)


Así, el Corán no permite la ruptura repentina de la relación entre marido y mujer en un estado de ira, sino que promueve la armonía y el acuerdo en la medida de lo posible. El divorcio no debe ser visto simplemente como una ruptura de contrato de manera arbitraria, sino la separación como la última medida después de todos los esfuerzos para lograr la armonía en la pareja. Por tanto, cualquier ley de divorcio debe estar basada en un enfoque moral del Corán.

Este enfoque moral se hace más evidente en el siguiente versículo, donde el Corán prescribe que:

“Un divorcio puede ser (pronunciado) dos veces, después de lo cual o bien se reanuda el matrimonio en forma honorable, o se disuelve de buenas maneras. No os es lícito quedaros con nada de lo que hayáis dado a vuestras esposas; a menos que ambos teman no poder mantenerse dentro de los límites fijados por Dios: así pues, si teméis que no puedan mantenerse dentro de los límites fijados por Dios, no incurrirán en falta ninguno de los dos por aquello a lo que ella renuncie a fin de quedar libre. Estos son los límites que Dios ha fijado; no los violéis: pues quienes violan los límites que Dios ha fijado —¡esos son los malhechores!”
(Corán 2:229)


Así, lo fundamental son los límites (hudud) de Dios, y ¿cuáles son estos sino los límites de la moralidad? El matrimonio y el divorcio no deben ser tratados simplemente como un contrato legal que tuvo lugar y se rompe, sin tener en consideración los valores morales implicados en estos actos. Lamentablemente, nuestros juristas trataron el matrimonio y el divorcio como algo estrictamente jurídico carente de valores morales, y es por eso que se permiten el divorcio arbitrario o tomar varias esposas a la vez.

Los juristas musulmanes trataron a la mujer de manera desigual en materias como recibir la mitad en la herencia o que su testimonio valga la mitad, en base a ciertas aleyas que de ninguna manera prueban su inferioridad con respecto al hombre en cuanto a su dignidad humana se refiere. Además, hay un gran malentendido acerca de estas aleyas. Es un error tomar su testimonio como la mitad, pues la aleya nos habla en lo que respecta únicamente a los asuntos financieros a causa de que las mujeres no tenían experiencia financiera y, además, no se trata en absoluto de algo obligatorio, sino que tiene carácter de recomendación. Hoy las mujeres también son expertas financieras e incluso presiden bancos. ¿Cómo pueden ser tratadas como medio testigos en las cuestiones financieras? La aleya tiene un carácter de recomendación debido a las condiciones de aquellos tiempos. De ninguna manera puede ser citada para demostrar su inferioridad.

Tampoco su parte de la herencia es prueba de inferioridad, ya que también tuvo que ver con el hecho de que, en esos días, las mujeres no eran miembros contributivos en el mantenimiento material de la familia. Ellas dependían primero de sus padre y después de sus esposos. El Corán había establecido su mantenimiento obligatorio por parte de su padre antes del matrimonio y por parte de su marido después del matrimonio y para sus hijos, si los tenía, después de la muerte del marido. No tiene nada que ver con ser mujer. Hoy, en la mayoría de los casos, ellas mismas tienen ganancias y contribuyen a la riqueza de la familia y no hay razón para no hacer una revisión de su porción de la herencia.

El Corán estableció para el derecho a la herencia de las mujeres tres capacidades: como hija, como esposa y como madre. Antes del Islam no podían heredar nada. Dado que en esos días no contribuían a la riqueza de la familia y eran económicamente dependientes, el establecimiento del derecho a la herencia fue un paso revolucionario. Así, dado que su condición ha cambiado, ese derecho ha de ser desarrollado. Esto no dañaría en absoluto el espíritu del Corán, al contrario, lo enriquecería.

Es muy importante señalar que el Corán dio valores para la humanidad, que no existían en el desierto de Arabia antes del Islam. En la época pre-islámica el valor más importante era lo que se llamó en árabe muruwwah (hombría) que se deriva de la palabra mar'a es decir, hombre. Así, muruwwah agruparía cualidades tenidas por viriles, sobre todo valentía y generosidad. Sin embargo, otros valores no fueron reconocidos o, al menos, de manera habitual. Así, las mujeres no tenían cabida en la medida en que estos valores se refiere.

El Corán, por el contrario, trajo valores como la igualdad, la justicia, la benevolencia, la compasión, la sabiduría, la tolerancia hacia otras religiones, la dignidad humana, el amor y la verdad. Estos valores estaban destinados a elevar la conducta humana a un plano mucho más alto. También atacó actitudes negativas como la arrogancia, la tiranía y el sentimiento de superioridad sobre los demás. Actitudes que estaban muy extendidas entre los árabes.

A lo largo de la historia islámica la Sharia ha ocupado un papel más importante que los valores morales. Fueron los sufíes los que pusieron más énfasis en los valores morales que los ulemas que exhibieron su poder a través Sharia. Lo que es fundamental para el Corán es la prevención antes que el castigo. El castigo es el último recurso.


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