Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

99 nombres de Allah

Islam y Musulmanes de Costa Rica

¿Qué piensas del Islam?

lunes, 20 de junio de 2016

Soy musulmana y defiendo a la población LGBT

El reciente asesinato de unas 50 personas de la comunidad LGBT en la ciudad de Orlando, EEUU; llama profundamente la atención sobre la importancia que debemos dar los musulmanes hoy más que nunca a nuestra tan cacareada tolerancia.
Aunque muchas pruebas apuntan a que el asesino era un homosexual reprimido y por lo tanto frustrado, valga la ocasión para hacer algunas aclaraciones que muchos ignoran o lo que es peor, ocultan para generar odio.
Voy a ser clara, en el sagrado Corán, de la misma manera que en las otras dos religiones monoteístas y con idéntico origen, se prohíben las relaciones sexuales fuera del matrimonio: A quienes de vosotros lo cometiesen, castigadles y reprochadles severamente. Pero si se arrepienten y enmiendan dejadles en paz. Allah es Indulgente, Misericordioso” (An-Nisa', 4:16). Y Lot, cuando le dijo a su pueblo: ¿Cometéis esa inmoralidad abiertamente y en público? ¿Os acercáis a los hombres con deseo en lugar de las mujeres? Realmente ignoráis la magnitud del castigo que os aguarda. (Al-Naml, 27:55). ¿Cometéis una inmoralidad de la que no hay precedentes en la humanidad? 81. Satisfacéis vuestros deseos con los hombres en vez de las mujeres; en verdad sois unos desvergonzados” (Al-A’raf, 7:80-81).
La prohibición no resulta por lo tanto, novedosa; lo que sí llama poderosamente la atención es el hecho de cómo, un pecado o falta más, se ha ido magnificando de manera peligrosa e innovadora, tanto así que en países como: Yemen, Sudán, Somalia, Sierra Leona, Nigeria, Mauritania, Irán, EAU, Arabia Saudita; practicarla es penada con la muerte.
Es bien sabido o lo que es peor, obviado por los musulmanes fanáticos; que desde tiempos anteriores a los del Profeta (pbsce), existían hombres andróginos, sin deseo sexual hacia las féminas, los que evitaban contraer matrimonio con ellas y hasta los afeminados; quienes eran defendidos por el mismo profeta Muhámmad de sus compañeros homofóbicos, tal como Abu Huraira quien deseaba matarlos y le molestaba sobremanera que el Profeta permitiera que las mujeres se mostraran ante ellos con hijab y ropas femeninas: los mukhanathun. Estos hadices los podemos encontrar en el Libro de Adab de Abu Dawud, Número 4928 (4:282), Libro 41 Número 4910.
Los mukhanathun es la población que al día de hoy consideramos como LGBT y que musulmanes fanáticos se han dado a la tarea de perseguir, acusar, señalar y asesinar; arrogándose el derecho de decidir por encima de Allah quién merece vivir y quién no ya que, en ningún lugar del sagrado Corán se especifica que su falta debe ser castigada con la muerte.
Si bien es cierto, la relación sexual homosexual es vista como falta grave dentro de nuestra fe, también lo son las relaciones sexuales anales que son practicadas de manera normal y muy bien vistas entre los musulmanes heterosexuales cuando mantienen contacto con mujeres vírgenes para que las mismas lleguen “puras”, en otras palabras, con el himen intacto al matrimonio y ahí “no ha pasado nada”.
El rechazo, odio y segregación a la población LGBT en países islámicos es solo comparable con el apartheid, colonización y racismo que han sufrido tanto la población negra como nativa tanto en África como en la India o Estados Unidos de Norteamérica; millones de los cuales, precisamente, también son o fueron musulmanes. De la misma manera y más reciente, la creciente islamofobia promovida por los países occidentales o gente ignorante que nos ve y trata como una peligrosa amenaza o epidemia mundial que debiera ser erradicada a toda costa.
Es por esta razón que resulta incomprensible que sea precisamente una parte de la población musulmana que conociendo de primera mano lo que es ser víctima de prejuicios, crímenes de todo tipo, malos tratos e injusticias; quienes dirijan sus frustraciones causadas en gran parte por mero puritanismo y absurda mojigatería, los que se rasgan las vestiduras hacia una población que no nos hace daño alguno más que el mundo de verdaderas faltas graves ya sea cometidas con dolo o por mera omisión hacia la población más débil e indefensa de nuestras comunidades.
Es la misma aversión que muestran las poblaciones musulmanas en cualquier lugar del mundo a mostrar el afecto de manera natural entre hombre y mujer, la que inclusive puede promover conductas que incentivan escoger una preferencia sexual homosexual aunque bien sabemos que muchos nacen ya con esta condición.
Si tomamos en cuenta las dotes astronómicas e inalcanzables para el grueso de la población masculina musulmana en donde los padres convierten a sus hijas en una vía, escape o manera fácil de salir de la pobreza y condenando de esta manera a los hombres a no poder desarrollar su natural sexualidad con mujeres, los empuja a satisfacer la necesidad natural de mantener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo.
La maldita separación de sexos que comenzó en las mezquitas cuando Umar Bin al Jattab, hiperceloso de que alguien observara a su bella esposa, ordenó que las mujeres fueran relegadas o escondidas como si fuera motivo terrible de vergüenza ser mujer, para que nadie pudiera admirar la belleza de su esposa, se fue extendiendo ya a los demás ámbitos de la vida de los musulmanes ya que muchos, tal vez con la mejor de las intenciones, consideraron que esta innovación era “buena” para la comunidad sin tomar en cuenta o advertir lo terrible de dicha exclusión.
Comenzaron entonces los hombres a realizar sus actividades solo con hombres, de la misma manera que las mujeres solamente se podían reunir con mujeres. Bailes, fiestas, dormir juntos, hombre - hombre y mujer - mujer, no se veía mal porque no era hombre - mujer.
Y así los musulmanes fueron degenerando lo que desde un principio es lo normal: la sana convivencia hombre - mujer sin imposiciones de ningún tipo.
Los musulmanes que insisten en justificar su homofobia basados en que Allah erradicó a Sodoma y Gomorra solamente porque su población mantenía relaciones homosexuales, olvidan de manera muy conveniente que Allah también erradicó en tiempos de Noé a toda la humanidad por pecar de todas las formas posibles:
“…y Noé llamó a su hijo que se encontraba en un lugar apartado: ¡Oh, hijito mío! Embárcate con nosotros y no te cuentes entre los incrédulos. Dijo: Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas. Dijo: Hoy no habrá nada que pueda socorreros del designio de Allah, y sólo se salvará aquel a quien Allah le tenga misericordia; y las olas se interpusieron entre ambos, y [su hijo] se contó entre los ahogados”. (Corán 11:42-43) “Y fue ordenado: ¡Oh, tierra! Traga tu agua. ¡Oh, cielo! Deja de llover. Y entonces el agua fue descendiendo y así se cumplió el designio, y [la embarcación] se detuvo y se asentó sobre el monte Yudii, y fue dicho: ¡La maldición recayó sobre los inicuos y fueron exterminados!” (Corán 11:44)
Así que, si usted es un musulmán homofóbico ¿por qué entonces no aplica el mismo criterio y comienza a pensar en asesinar a toda la humanidad, incluidos a nosotros mismos los musulmanes heterosexuales ya que, también pecamos? La respuesta es fácil, usted es consciente que también comete faltas, ama a su familia que también peca y ama la vida. Aplique entonces por favor aquel dicho tan justo: “No juzgue a otro solo porque peca diferente a usted”.
Le invito cordialmente a que en vez de juzgar y condenar a la población LGBT, medite qué puede hacer usted para facilitar la calidad de vida de ellos, de la misma forma en la que muchas personas que sin ser musulmanes, se desviven por erradicar la islamofobia y demostrar que somos seres humanos que hemos nacido o escogido un modo de vivir diferente al de ellos que merecemos todo el respeto, comprensión, justicia, equidad y derechos al igual todo ser viviente en la Tierra.
Rashida Jenny Torres
Musulmana costarricense.

domingo, 12 de junio de 2016

Sobre el atentado en Orlando, EEUU.

Según parece, el asesino de más de 50 personas y otras tantas heridas en una discoteca para personas homosexuales en Orlando, es un fanático musulmán.
De ser así,  este hecho atroz,  implica, otra llamada de atención para todos los musulmanes que evitan a toda costa tratar estos temas en sus mezquitas,  lugares de reunión e incluso sus propios hogares.
Inmediatamente muchos saldrán a decir que el asesino "no era musulmán" porque el Islam no permite la muerte de seres inocentes. Lo cual resulta una verdad a medias puesto que, si bien es cierto, el Islam prohíbe de manera tajante asesinar a personas inocentes, el criminal sí es musulmán, fanático, pero musulmán al fin y al cabo, aunque no lo queramos aceptar.
Inshallah algún día los musulmanes pensantes, conscientes y responsables, logren anteponer la razón al corazón y pierdan el miedo a todos los tipos de fanatismo que obstaculizan que seamos conocidos como "la mejor gente De la humanidad". Sin embargo,  mientras nos sigamos desviando  del tema o culpemos a la islamofobia, todo será en vano.
Sirva ésta terrible historia para recordarles a mis hermanos no musulmanes y ateos, uno de los pasajes más bellos del sagrado Corán  y que dice:
"Quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen, es como si matara a toda la humanidad. Y quien salva una vida es como si salvara toda la humanidad".
Corán 5,32.

viernes, 10 de junio de 2016

El Paraíso no siempre está debajo de los pies de las madres.

El Paraíso no siempre está debajo de los pies de las madres.

Luego del horror que genera la noticia de que una madre musulmana, como tantas otras, ha quemado viva a su hija por haber cometido el sacrilegio de casarse con un hombre que no le agradaba, considero justo y necesario realizar algunas aclaraciones al respecto.
Durante el tiempo que tengo de haber escogido el Islam como mi fe y estilo de vida, he sido testigo tanto presencial, como de excepción de todos los horrores a los que nos vemos expuestos por parte de los fanáticos.
Si bien es cierto y tal como sucede con el resto de las diferentes culturas alrededor del planeta, las mujeres somos víctimas fáciles de la violencia degenerada y gratuita por parte de hombres abusadores, en honor a la verdad, no se puede ni debe evitar denunciar la violencia que sufren también, tanto varones como mujeres musulmanes por parte de muchas madres musulmanas.
Las agresoras, se basan en los siguientes hadices o relatos del Profeta Muhámmad:

Abu Huraira narró que un hombre vino al Profeta Muhámmad y le preguntó que ¿quién de entre los suyos tenía más derechos sobre él? El profeta respondió "Tu madre", entonces el  otro preguntó "¿Quién después?" a lo que el Profeta respondió de nuevo "Tu madre". El otro preguntó de nuevo "¿Quién es el siguiente?", el Profeta respondió de nuevo "Tu madre". Cuando el hombre le preguntó quien después de ella, el Profeta le dijo "Tu padre".
En otra narración el Profeta Muhámmad dijo: "El paraíso se encuentra a los pies de las madres".

Una persona se acercó al Profeta Muhámmad y se quejó de que su madre era malhumorada. El mensajero de Allah dijo "ella no era malhumorada cuando te tuvo en su vientre durante nueve meses". La persona insistió "Oh Profeta, yo te estoy diciendo la verdad, ella es malhumorada". El Profeta Muhámmad dijo, "Ella no era malhumorada cuando solía mantenerse despierta durante toda la noche por tu causa y te alimentaba". "Yo he recompensado todos estos servicios de mi madre" se jactaba el demandante. Entonces el Profeta preguntó "¿Cómo la has recompensando?". Respondió "Le ayudé realizar el Hajj cargándola sobre mis hombros. Entonces el Profeta le dijo "¿Podrías recompensar también los dolorosos espasmos que tu madre padeció al momento de darte a luz?".

Estos relatos muestran  sin lugar a dudas, el más alto grado de respeto, amor y consideración por parte del profeta Muhámmad hacia las madres, lo cual produce una satisfacción infinita para tantas mujeres que por años fueron invisibilizadas dentro de la cultura patriarcal.
Cuando armamos a un delincuente con armas peligrosas, no dudará un momento en utilizarlas en nuestra contra y esto es precisamente lo que hacen las musulmanas agresoras para doblegar a toda costa la voluntad de sus hijos e imponerles la propia, esté bien o mal.
Es por esa misma razón que se convierten en dictadoras dentro y fuera de su casa, tratando de controlar de manera perversa todos los ámbitos de las vidas de sus hijos, vivan o no con ellas. Se entrometen en la vida matrimonial de sus hijos, esclavizan a sus nueras a placer y crían niños que como siempre, aprenden las mismas conductas.
El caso de marras, nos informa sobre cómo una joven, decidió casarse en Pakistán por amor y no por imposición. Abandonó la casa materna y se casó con todas las de ley con un hombre del que se encontraba profundamente enamorada.
La madre criminal, no lo pudo tolerar y de manera premeditada tramó la forma para asesinar al fruto de su vientre. Le pidió ayuda a otro hijo y después de suplicarle que les acompañara, la llevaron de nuevo a casa, la amarraron a un catre, vertieron queroseno en su cuerpo y procedieron a quemarla viva.
Ya que el atroz crimen sucedió durante el sagrado mes de Ramadan, me pregunto si bestias de este tipo, consideran que el hecho, no anula su ayuno.
El único consuelo y esperanza que nos queda es esperar que al menos, los musulmanes con sentido común y equilibrio, tengan como estandarte en sus vidas, la máxima del sagrado Corán que nos dice:
“Quien mata a una persona sin que ésta haya cometido un crimen o sembrado la corrupción en la Tierra, es como si matara a toda la humanidad. Y quien salva una vida es como si salvara a toda la humanidad”.
Corán 5,32.
Espero que el iftar de todos, les satisfaga, a mí, se me atora en la garganta al ver que en ninguna mezquita se trata el tema porque todos están preocupados en recitar el sagrado Corán, convertir los centros y casas en clubes sociales y esconder nuestra basura debajo de las caras alfombras.
¿Cuándo comenzaremos a actuar responsablemente, cuántos Ramadanes más tendrán que venir y cuántas personas inocentes tendrán que morir para que veamos lo que nadie quiere ver?

Rashida Jenny Torres
Musulmana costarricense.

jueves, 9 de junio de 2016

Hora de combatir.

Mucha gente se siente más que feliz, aliviada con el fin de la bazofia de programa que resulta "Combate".
Algunos alegan que somos los padres los que tenemos la obligación de cuidar qué es lo que ven nuestros hijos, es cierto. Sin embargo, como no puedo cuidar lo que ven los hijos de los demás y éstos llegan a las escuelas y colegios comentando "lo bueno" que estuvo tal o cual programa, obviamente los niños como seres curiosos que son, van a querer saber de qué se trata, por eso, aunque en casa no vean estos programas, sus compañeros y amigos les traerán los pormenores de los mismos; lo cual, influirá de una u otra manera en su psiquis.
Sobradas razones para celebrar el cierre de Combate pero, ¿qué hay con el resto de tele basura que nos inunda a toda hora?
Y es que basta solamente unos minutos de cualquier programa para encontrar decadencia por doquier.
Los medios informativos se regodean en reproducir lo fácil, estúpido y estereotipado.
Claro, pensar no es un ejercicio por el cual se caracteriza nuestra sociedad.
El tico necesita hacer las cosas de manera mediocre para jugar de vivazo creyendo que nadie nota el mínimo esfuerzo que realiza en lo poco que hace y que aún así considera sobrehumano, con tal de ahorrar tiempo y tener un poco más de ganancias con el mínimo de esfuerzo.
La mediocridad está enraizada cual nefasta metástasis en todos los ámbitos de nuestras vidas.
Con muy pocas excepciones, son pocas las instituciones gubernamentales o privadas que se aboquen a ofrecer la excelencia como su más preciado servicio.
Basta salir a la calle y observar calles colapsadas, infraestructura desordenada, zopilotes en todas las filas de los diversos trámites que tengamos que hacer.
Nos pasamos quejando de las argollas sólo cuando no estamos dentro de ellas.
Nuestra sociedad es decadente y me duele ser testigo de cómo nos dirigimos como ovejas hacia el matadero sin tener verdadera conciencia de que el cambio sólo puede funcionar cuando cada uno actúe de manera responsable y en consecuencia.
Soy optimista y confío en que los pocos que tememos el caos total, logremos de una u otra manera, virar en la dirección correcta,  creando los cambios necesarios, dolorosos en muchos casos y urgentes en todos, ¡estamos a tiempo, no todo está perdido!

Rashida

El crimen más atroz.

Una madre quema a su hija por haber elegido ella misma a su marido. Contó con la ayuda del hermano de la víctima, el cual, debía limpiar el honor de la familia.
¡Puta! Estamos deseando descubrir agua o indicios de vida fuera de nuestro planeta mientras no cuidamos ni nos importa lo que sucede en el nuestro.
Amo la ciencia, sin embargo, mientras existan personas que consideren al otro de su propiedad o un estorbo para alimentar su ego, no le encuentro sentido a mejorar la calidad de vida en temas tecnológicos.
Que sean mujeres quienes les practican la ablación genital a sus propias hijas por miedo a que puedan sentir el placer sexual que también las suyas les cercenaron como si fuera pecado y todo para satisfacer el salvajismo de culturas en las que ellas mismas permiten al hombre que las domine y doblegue, no me entra en la cabeza.
Que la mujer que  llevó nueve meses en su vientre y parió con dolores indescriptibles a una criatura culpable únicamente de haber nacido en medio de la ignorancia y estupidez para  terminar siendo asesinada por su progenitora, indican el nivel de decadencia de nuestra fallida humanidad.
Ocurrió en Pakistán, pero también ocurre en el resto del mundo, por diferentes razones y motivos, solamente que con métodos diferentes para aniquilar las ansias de libertad.
En nuestro país, la epidemia de violencia en la que nos encontramos enfrascados, comienza con los niños desde que nacen, continúa en los centros educativos, ámbito laboral y termina cuando los abandonamos ya de ancianos en cualquier hospital porque nos estorban en nuestras vacaciones.
¿Qué hemos hecho para merecer ésta ignominia?
Nada. Precisamente ése es el origen de todo.

Rashida Jenny Torres.

martes, 24 de mayo de 2016

Perdón público a creyentes y a ateos en este mes de Ramadán que se aproxima.

Como musulmana y haciendo gala de la tradición islámica que nos insta a pedir perdón durante el sagrado mes de Ramadán a toda persona a la que hayamos causado cualquier tipo de agravio, aprovecho para ofrecer las disculpas del caso y a nombre de todos los musulmanes a creyentes y ateos.
- Pido perdón por todas las ocasiones en las que los musulmanes nos creemos mejores que las demás personas por el solo hecho de practicar nuestra fe aunque ellos demuestren con hechos, lo valiosos y buenos que son tanto para su comunidad como para la sociedad en general.
- Pido perdón por todos los musulmanes que han enamorado a mujeres creyentes y les han jurado que respetarán su fe, a su familia y costumbres, pero apenas se casan con ellas, comienzan a imponerles el Islam, a maltratar a sus seres queridos y a burlarse de todo lo que ellas veneran.
- Pido perdón por todos los que convencieron a tanto a hombres como mujeres para que gastaran todo lo que tenían o más y se fueran a buscarlos a sus lugares de origen y apenas se vieron fuera de países que lo “prohibían todo”, se desbocan en los nuestros, los que lo “permiten todo” y en cuanto saben que son completamente libres, les abandonan a su suerte por otra persona que apenas tenga oportunidad, pateará sus traseros al confirmar que no son más que aprovechados vividores, parásitos emocionales abandonados a sus más bajos instintos.
- Pido perdón por todos los comerciantes musulmanes que explotan a empleados, tanto de su misma fe como ajena, en donde irrespetan todos sus derechos, tanto laborales como humanos.
- Pido perdón por todos los que llegan a nuestros países a buscar mejores horizontes y fortuna y no más amasan su fortuna, no dejan de burlarse de las personas que mantienen sus negocios, tratándoles como la peor escoria que existe.
- Pido perdón por todas las ocasiones en las que somos testigos de injusticias tanto dentro como fuera de nuestra comunidad pero nos quedamos callados porque resulta más sencillo no involucrarse a tomarse la molestia de proteger al indefenso y al más necesitado.
- Pido perdón por todos los miles de billones de dólares que se gastarán este año al realizar la Peregrinación a la Meca, enriqueciendo a un solo país que todavía mantiene esclavos e irrespeta los Derechos Humanos a como se le antoje, mientras miles de millones de personas morirán y sufrirán esas constantes violaciones, convirtiendo a los piadosos peregrinos en cómplices pasivos.
- Pido perdón por la gula que reinará en las casas de millones de musulmanes en este mes del ayuno aunque el vecino padezca las peores necesidades y se esté muriendo de hambre, por todos los que se pasarán jactando tanto en redes sociales como en sus casas y mezquitas por los deliciosos manjares que llenarán sus egoístas estómagos.
- Pido perdón por todos los que no participamos en las diferentes instituciones tanto del Estado como no gubernamentales para ayudar a la sociedad en modo alguno.
- Pido perdón por pasar culpando a la islamofobia como la principal causante de los problemas de la comunidad islámica, pero no mostramos el mínimo de interés por ayudar a los que no son musulmanes y más necesitan de una mano amiga.
- Pido perdón por encubrir a delincuentes, psicópatas y criminales con la cómoda consigna de que: “el musulmán no habla mal de otro musulmán”, creando de esta manera a monstruos de todo tipo que en cuanto tengan la oportunidad, nos devorarán también a nosotros de manera inmisericorde.
- Pido perdón por todas las ocasiones en las que pasamos cacareando y renegando contra la sociedad occidental exigiendo derechos que les negamos a ellos en nuestros países islámicos.
- Pido perdón por pasar culpando a los judíos de todos nuestros males, ignorando el mal que nace de nuestro propio seno, cuando nos complacemos negando el Holocausto y no hacemos nada por el Palestino.
- Pido perdón por hacer ostentación de nuestras riquezas cuando medio mundo vive en la miseria total.
- Pido perdón por no hacer más que escribir estas palabras y tratar de actuar diferente, con la esperanza de que algo cambie algún día.

Rashida Jenny Torres.
Musulmana costarricense.

lunes, 16 de mayo de 2016

¿Necesitamos razones para aprender y cuidar de los ciclistas?


Todos los días me topo con ellos cuando salgo a caminar por la madrugada, me siento privilegiada de observarlos escoger la ruta 126, en la que se encuentra mi casa, para practicar su deporte favorito, aunque de la misma manera abundan en el resto del país.
No hay una sola mañana o día, especialmente los fines de semana en donde observe cuán sensibles, nobles y valientes son.
Suelen saludar a quien se topan a pie amistosamente y aún sudando la gota gorda, ofrecen a los caminantes un gentil: ¡Buenos días!
Si encuentran algún animal o persona en sufrimiento, no dudan un segundo en detener su viaje y ayudar.
Les gusta hacer paradas en las pulperías de los pueblos y mientras se hidratan o alimentan con algo liviano, entablar una pequeña conversación con los lugareños.
Me encanta y llena de curiosidad escuchar y saber en qué terminan las conversaciones que intercambian con sus compañeros de viaje.
Es fácil saber cuándo uno de ellos es principiante en el ciclismo puesto que los demás les ofrecen consejos durante la marcha.
Los que van en solitario, se encuentran atentos a todo y a todos.
En los últimos años, más mujeres desean experimentar este bello deporte y resulta muy agradable observar a parejas o inclusive ellas solas, pedaleando sin parar.
Reconozco a los profesionales de los aficionados por sus uniformes, concentración cantidad y aun así, todos tienen su propia magia y encanto.
Es por esta razón que me extraña que algunas personas los sientan como "estorbos" en el camino porque...¡Qué diferente sería nuestro país si al menos la mitad de las personas que conducen automotores y nosotros mismos como peatones, pusiéramos en práctica los modales de los ciclistas!
Noto que algunas personas, sobretodo conductores y obesos, los catalogan como "vagos", mientras quienes les critican y sienten incómodos, quedan al borde de un paro cardiaco si tienen que caminar un poco o desperdiciar tiempo y belleza del paisaje en las interminables y fastidiosas presas.
Muchos de los que les critican son precisamente los que prefieren jartarse esas presas por horas para dirigirse a un exclusivo  gimnasio y publicar la inflatable fotografía con el sudoroso paño.

Rashida Jenny Torres
Musulmana costarricense 

jueves, 12 de mayo de 2016

La esclavitud del calzado.

Leía la noticia de la camarera que publicó la fotografía de sus pies sangrando luego de un extenso día de trabajo en un restaurante de Canadá.
Ella explica que mientras a las mujeres se les obliga a comprar un uniforme de $30 USD y llevar tacones de al menos una pulgada de alto, los varones pueden ir vestidos con su guardarropa normal y los zapatos que deseen.
Al jefe de ella no le importó cuánto sangraran sus pies y le informó que el lunes siguiente debía volver a llevar el mismo calzado.
Toda una tortura sin duda alguna que demuestra el nivel de esclavitud moderna en el que nos encontramos ya no solo como mujeres sino cualquier trabajador en general.
Luego, después de maldecir al jefe de la camarera y sus políticas sexistas, autoexaminé mis hábitos de vestimenta y no salí bien librada ya que, aunque nunca nadie me obligó a usar tacones altos, durante muchos años los llevé pasando por toda clase de torturas (inclusive para estar en casa).
Es cierto que con tacón alto, la mujer adquiere una postura algo más firme y hasta sensual si los sabe usar, otras en cambio, parecemos loras caminando en mosaico y hacemos ridículos de padre y señor mío para mantener el equilibrio con plataformas tipo Lady Gaga y otros por el estilo.
Con el tiempo, fui cambiando y aunque ahora conservo un par, mi calzado  preferido ahora es el deportivo o con el que me sienta más cómoda.
Ir liberando poco a poco las cadenas que tanto la sociedad como nosotras mismas nos hemos impuesto no resulta para nada fácil pero hay que intentarlo.
Detalle a detalle, iremos marcando nuestra pauta, para que, estimadas mujeres, nuestra huella por el planeta sea más que el sonido de unos tacones altos, el paso firme de la mujer que ya libre de prejuicios, empoderada y feliz; logra retomar su destino y preferencias para poder ser ella misma y calar de esta manera en una sociedad caníbal que olvidó practicar la humanidad de la que tanto nos jactamos.
Ahora inclusive, volví a mis tiempos de la niñez en los que era feliz andando descalza. De vez en cuando también me libero y doy caminatas por el césped o la tierra pura, lo cual, me conecta de nuevo con la Madre Tierra y me permite echar las raíces que hace tiempo yo misma había cortado preocupada por el qué dirán.
Lo que me importa ahora es: Qué dice la niña interior que guardo en mí, le permito juguetear, que haga lo que mejor le plazca y confío plenamente en su ingenuidad e inocencia.
Y así, soy feliz.
Rashida Jenny Torres
Musulmana costarricense.

viernes, 23 de enero de 2015

Las divisiones entre los musulmanes.


Las divisiones entre los musulmanes. A petición de un estimado contacto el cual me ha solicitado que al menos a grandes rasgos le explique cómo se dividen los musulmanes y cuáles son los grupos más radicales. Comienzo por lo más básico, de acuerdo a la información y experiencia que he adquirido a través de 15 años de haber abrazado la fe islámica. ¿Qué es un musulmán? Musulmán es cualquier persona que sigue los cinco pilares del Islam: 1. Atestiguar que solo hay una Divinidad y que Muhámmad es el último de sus profetas: “Ashadu ana la illaha il Allah, wa ashadu ana Muhammadan ar rasulo lah”. A este testimonio se le conoce como Shahada. 2. Realizar el salat o cinco oraciones diarias. 3. Ayunar en el noveno mes islámico de Ramadán, desde antes que salga el sol hasta que se ponga, sin consumir ningún tipo de alimento, agua o mantener relaciones sexuales. La obligación aplica a personas adultas sanas y exonera a mujeres embarazadas, menstruando o enfermas. 4. Dar la caridad obligatoria o zakat, el cual consta del 2,5% de las ganancias anuales al pobre o persona en necesidad que se tenga más cercano, de preferencia los huérfanos y viudas. 5. Realizar al menos una vez en la vida, la Peregrinación o Hajj hacia la ciudad santa de Meca en Arabia Saudita. La obligación se aplica a personas que tienen la posibilidad tanto económica como de salud para realizarla. Mientras el profeta Muhámmad (que la paz y bendiciones de Allah sean con él) vivía, no existía en realidad alguna importante división. Muhámmad (pbsce) poseía un talento nato para mantener la unidad dentro de la ummah (comunidad), de tal manera, que resultaba impensable imaginarla en discrepancias que no se solucionaran más que con la piadosa, justa y sabia intervención del profeta. El profeta era el gobernante por excelencia, el cual delegaba en sus sahabas (compañeros más cercanos y de más confianza) las labores de administración en la incipiente nación. Luego de la muerte del profeta, se produjo el principal cisma dentro de la comunidad al tener que decidir quién ocuparía el cargo de gobernante. Mientras que su gran mayoría exigía que fuera el suegro del profeta Abu Bakar quien debía gobernar puesto que era su mejor e inseparable amigo, el resto, pensaba que el sucesor debía ser Ali, el yerno del profeta. De esta manera, fue como los que apoyaban a Abu Bakar (la mayoría) le designaron como tal y de ahí en adelante, serían conocidos como sunnitas o seguidores de la sunna (la tradición del profeta). Los sunitas se clasifican en cuatro grandes escuelas: Máliki, Hánafi, Sálafi, Hámbali; que mantienen diferencias relativamente mínimas de criterio en la interpretación del sagrado Corán y los dichos (hadices) o sunna. El otro grupo es conocido como los shías (secta), quienes siguen los cinco pilares del Islam aunque mantienen diferentes ritos que los sunitas, tales como la manera de rezar, peregrinaciones extra y líderes religiosos llamados Ayatolás. Algunos de los shías tienden a autoflagelarse para recordar el sufrimiento del imam Alí cuando fue asesinado por sus enemigos. Con el transcurso del tiempo y la llegada de la modernidad así como del avance acelerado de la fe, han surgido diferentes líneas de pensamiento a las tradicionales, abarcando tanto a moderados y contemplativos como a fanáticos extremistas. Entre ellos podemos encontrar a los que se autodenominan o son llamados: super sálafis, wahabis, takfiris y sufíes. Los sufíes son musulmanes que se concentran en la adoración casi exclusiva al nombre de Allah y al profeta Muhámmad, se reúnen en tariqas, es fácil reconocerlos por sus bailes con ropas blancas en las que danzan en círculos en una especie de trance. La gran mayoría son completamente inofensivos aunque dentro de sus ramas, algunos han tomado posturas fanáticas que llegan al grado de afirmar que ¨toda la creación fue hecha por Allah, única y exclusivamente para esperar la llegada del profeta Muhammad, el mejor ser humano que ha existido y existirá sobre la faz de la Tierra”. Los super sálafis son la línea ultraortodoxa del Islam. Aseguran que son los únicos que siguen al profeta y a sus compañeros los sahabas. Rechazan, condenan y repudian lo que ellos consideran cualquier tipo de innovación a la religión, llegando a negarse a utilizar medios tecnológicos y todo lo que según ellos indique que se está alterando la tradición del profeta. Los wahabis, son los musulmanes que siguen, imitan y enarbolan la bandera árabe como supremacía. Suelen vestirse y adquirir las mismas costumbres que ellos y consideran a Occidente como el gran Shaytán a quien es necesario derrotar. Aunado a ello, tienden a odiar a los judíos y promover la animadversión hacia los mismos. Los takfiris, son aquellos musulmanes que se consideran por encima del resto en cuanto a conocimiento y piedad. Se han adjudicado la autoridad y capacidad para juzgar, condenar todo lo que no sea islámico o a musulmanes que no se apeguen a sus reglas y gustos. Pasan emitiendo fatuas de acuerdo a sus criterios, odios y necesidades. Son estos tres últimos grupos quienes suelen militar en grupos extremistas tales como ISIS, EI o ser reclutados por gobiernos occidentales cuando desean que alguien haga el trabajo sucio por ellos.

jueves, 26 de junio de 2014

¡Feliz Ramadán musulmanes hipócritas!

Se aproxima el sagrado mes de Ramadán y tal y como es costumbre, seremos testigos de cómo comenzaremos a salir de nuestros cómodos lugares, como una gran plaga, los millones de musulmanes que solamente por este mes nos acercamos a las mezquitas, luciendo trajes de gala, pintando nuestras casas y adornando pueblos y ciudades con farolitos, lunas y estrellas en la más aparente devoción. Cada noche, después de romper el ayuno y llenar nuestros estómagos hasta el hartazgo, lloraremos emocionados al escuchar la recitación del sagrado Corán exhortándonos a ser mejores cada día. Muchos imames y sheikhs, inmediatamente después de celebrar el salat atarahuí, regresarán a sus casas a golpear y gritar palabras soeces a sus esposas, muchas de las cuales, se encontrarán en estado de gestación, mientras que algunas directivas de mezquitas, las acusarán a ellas de ser las provocadoras de la furia del pilar de la comunidad y las echarán a la calle, pero solamente actuarán después de que termine el mes de ayuno, para poder cumplir tranquilamente con el cuarto pilar de nuestra fe. Otros sheikhs, no enviarán el aporte económico para los hijos de sus divorcios, los obligarán a mendigar y vivir en la miseria, pero harán llorar de emoción a su público de cada viernes, cuando los escuchen ofreciendo su discurso durante el jumoa. Una gran mayoría de piadosos musulmanes, continuaremos culpando y achacando de todos nuestros males, perversidades, omisiones y descaro a los judíos, a los sionistas y a los infieles por venir a corrompernos a nosotros, víctimas inocentes y justas con los que no son como nosotros. Destinaremos la caridad obligatoria para ayudar a cualquier musulmán, aunque sea un degenerado, delincuente e irresponsable y seguiremos ignorando a los más pobres de entre los pobres que tengamos más cerca, aunque sean las mejores personas sobre este planeta, ya que al ostentar el indigno título de káfires corremos el grave peligro de que nos contaminen con sus innovaciones y extrañas maneras de adorar a Dios, aunque las mismas puedan ser mejores que las nuestras. Las mejores musulmanas, llenarán y compartirán en las redes sociales miles de fotografías de los festines, recetas y manjares que preparán durante el sagrado mes, olvidando cómo muchas personas pasan todo el año ayunando a la fuerza, violando de nuevo el mandato de evitar la ostentación para no herir los sentimientos ni la susceptibilidad de los que menos tienen. Los árabes, palestinos y cualquier musulmán adinerado que haya emigrado a tierras extrañas, criticaremos a los sucios, ignorantes y pecadores cristianos de países subdesarrollados, en donde nos hemos arraigado, humildes personas a quienes esclavizamos y pagamos salarios de hambre para aumentar nuestras fortunas, entonces, solamente después de ello, daremos llenos de júbilo el 2.5% de las ganancias obtenidas en casinos, ventas de carne de cerdo y licores. Otros, los más afortunados, tendrán hasta cuatro esposas a las que puedan mantener para jactarse ante la comunidad de su elevado estatus social y su potencia masculina, en vez de ayudarle a algún buen hermano pero de escasos recursos económicos para que al menos pueda tener una sola y crear un mundo más justo y equitativo. Algunos más les propondrán a sus esposas que realicen una especie de relación cooperativa en las que ellas sean las que los mantengan a ellos para superar así el ejemplo y devoción de las esposas del profeta. Muchas musulmanas seguiremos sosteniendo que el hijab es nuestra vida y lo convertiremos en un fetiche, algunas continuaremos asegurando que el niqab y la burka es la ropa más cómoda para no ser molestadas y que preferimos morir antes que quitarlo, algunas otras afirmaremos inclusive, que podemos dejar a nuestra familia morir de hambre tranquilamente y esperar el Paraíso alegremente, con tal de no desempeñar funciones en las que haya que mezclarse con varones extraños a nuestra familia. Luego en casa, tendremos sexo virtual con cualquier musulmán que nos proponga matrimonio, porque, no podemos negarnos a realizar los deberes que como esposas musulmanas tenemos que cumplir y mucho menos arriesgarnos a abandonar a alguien que nos chantajea con publicar las fotografías y videos eróticos grabados en horas de intenso amor incondicional. La mayoría de nosotros, seguiremos afirmando que somos la mejor comunidad sobre el planeta y estaremos rebosantes de alegría al obsequiar las sobras del cus cus y del humus a algún harapiento. Nos olvidaremos de nuevo que mientras haya una sola persona con hambre o en condición de injusticia en el mundo, nos hemos convertido en lo que tanto criticábamos, en lo que más odiamos, en payasos indiferentes. Catalogaremos cualquier tipo de música como pecado, sea o no de adoración, prohibiremos las fotografías, el avance de la tecnología y las ciencias alegando que son costumbres ajenas a nuestra fe aunque Allah nos haya insistido en buscar el conocimiento y la moderación. Alargaremos la lista de acciones que nos sacan del Islam, buscaremos a hermanos musulmanes de bajos recursos económicos o sin títulos universitarios para que traduzcan libros y textos, luego, les pagaremos salarios inferiores al mínimo y las obras aparecerán que fueron traducidas por nosotros, llevándonos todos los créditos, mientras que los verdaderos traductores se sentirán en deuda eterna con personas tan honestas y piadosas como nosotros, que pensamos en darle un trabajo digno a gente que no tiene posibilidad de triunfar por sí misma. Pasaremos largas horas ofreciendo charlas de motivación sacando y repitiendo frases del sagrado Corán, explicando lo que es el verdadero Islam y ¡cobraremos por ello! Usaremos la mano izquierda para lavarnos cuando vamos al baño, negándonos a usar papel higiénico, comeremos con la mano derecha y lameremos nuestros tres dedos para no usar cucharas o tenedores, evitando así imitar a los incrédulos, pero usaremos todo nuestro cuerpo para utilizar los medios de comunicación inventados por ellos, lo descalificaremos todo y olvidaremos que Allah nos sentenció que el Islam vino para facilitar las cosas y no para complicarlas. Bañaremos de oro, piedras preciosas, mármoles y plata extraídos por medio de trabajadores esclavos musulmanes todas nuestras mezquitas, las fabricaremos tan grandes que nunca se verán llenas, nunca serán suficientes. Convertiremos en hoteles nuestras mezquitas, solamente cuando el huésped sea algún adinerado árabe, para que al aportar una generosa donación, nos permita ampliar las instalaciones y a los indigentes les negaremos la entrada porque es prohibido dañar las alfombras con algún tipo de suciedad. Insistiremos en que las oraciones del día viernes deben ser llevadas a cabo solamente en idioma árabe aunque nadie lo entienda porque el país en el que vivimos habla otro idioma y ¡nos haremos entonces millonarios cobrando por enseñar el bendito idioma en el que Allah nos obsequió Su Revelación! Seguiremos burlándonos, descalificando y menospreciando a cualquiera que no practique nuestra fe, pero diremos que los fanáticos son ellos. Los hombres que memorizaron el sagrado Corán, se abstendrán de complacer a sus esposas mientras tienen relaciones sexuales, para evitar así el terror que implica ensuciarse la misma boca con las que recitan el Corán completo, negándoles el derecho de que ellas conozcan el verdadero placer sexual, pero viajarán a países en los que se liberarán pagando por prostitutas, consumiendo pornografía y regodeándose con la zoofilia. Muchos de ellos, se convertirán al Islam con la idea de sexo desenfrenado con 4 mujeres al mismo tiempo o con la obsesión de romper hímenes de jovencitas sin estrenar, mujeres a las que podrán moldear a su imagen y semejanza. Los varones más religiosos usarán la recitación del sagrado Corán y los hadices de nuestro amado profeta, como arma de seducción masiva para atrapar a las nuevas e incautas musulmanas que deslumbradas por el recuerdo de los cuentos de Las Mil y Una Noches o la Telenovela El Clon, esperan encontrar a un guapísimo jeque árabe que la llene de joyas, oro y muchísimo amor. Nos casaremos sin conocer a nuestros prometidos por temor a fornicar y a tener algún encuentro indebido, lo cual nos hará caer en matrimonios con parejas psicópatas y agresoras y muchas de nosotras, moriremos felices porque pensamos que así lo quiso Allah. Esconderemos los relatos del profeta en los que nos recalcó que le hiciéramos caso solamente en asuntos de fe porque en los demás aspectos de la vida era un humano como cualquier otro y por lo tanto, estaba sujeto a error. Llegaremos a decir que toda la creación fue hecha única y exclusivamente esperando la llegada de Muhámmad, lo pondremos siempre en el primer lugar en el que él nos advirtió que no le colocáramos nunca. Evitaremos a toda costa ocupar puestos políticos por mera desidia y evitar cualquier tipo de responsabilidad, pero luego nos quejaremos de las leyes que nos imponen alegando injusticia total de quienes nos gobiernan. Inventaremos la pena de muerte para nuevos crímenes, tales como la homosexualidad, no rezar o apostatar a pesar de que en el Corán no están castigados de esa manera. Nos adjudicaremos el honor y derecho para juzgar y condenar severamente a los que no pequen como nosotros. La comunidad islámica que asegura tener como líder y califa al Mahdi, lo mantendrá en los mejores hoteles del mundo, limusinas y gran cantidad de guardaespaldas, le pedirá a sus miembros realizar grandes esfuerzos económicos más altos que el porcentaje para el zakat por amor a Allah y a la religión, para mantenerle su lujosísimo estilo de vida, los sacrificios en nombre de la fe serán única y exclusivamente para los fieles de menor rango. Alejaremos a los mejores y más sensatos elementos que han acogido nuestra fe, cuando logren comprobar aterrados, que el Islam se encuentra en decadencia y en la era del peor de los oscurantismos. Y así continuaremos manipulando las escrituras a nuestro antojo, orgullosos de cómo profesamos nuestra fe. Que Allah nos ilumine para evitar que el Islam siga convirtiéndose en el mejor caldo de cultivo para psicópatas, fanáticos y enfermos mentales. ¡Feliz Ramadán a todos los musulmanes que al igual que yo, somos solamente sepulcros blanqueados!

martes, 4 de marzo de 2014

Charla sobre bodas islámicas en la Universidad Latina.


Ayer estuve ofreciendo una charla sobre las bodas islámicas a un grupo de estudiantes de la Universidad Latina. Una experiencia muy agradable.

Musulmana? -Por supuesto. Sumisa? -Solo a Dios.


Hace trece años, tomé una decisión que cambió mi vida para siempre: leí el sagrado Corán por completo. Inmediatamente después de leer el sagrado Corán, leí la biografía del profeta escogido por Dios para enviar Su Mensaje a la humanidad, Muhámmad (que la paz y bendiciones de Dios sean con él). Lloré y reí con su ejemplo de vida. Quedé fascinada con la sabiduría, fortaleza y debilidad que como hombre nos mostró sin temor a ser catalogado como débil por mostrar misericordia con mujeres, niños, ancianos o incluso con sus más acérrimos enemigos; temor y sufrimiento con las injusticias o su gran capacidad de estratega en los diferentes conflictos bélicos a los que fue obligado a participar por defender a los suyos. Luego procedí a leer varios libros con muchos de los relatos (hadices) del profeta Muhámmad, en los cuales despeja dudas, enciende luces con respecto a las dudas que presentaban los creyentes ante diversas situaciones de la época y nos muestra principalmente su modo de vivir. Decidí por mí misma, sin coacción alguna, que el Islam (sumisión a Dios) sería de ahí en adelante mi fe y estilo de vida. Confieso que pequé de ingenua al entrar en una fe basada directamente en La Revelación, suponiendo que el resto de los musulmanes lo vivían de la misma manera. He conocido de todo, desde gente muy buena, hasta lo peor de lo peor entre mis hermanos. Algunos de los mejores, se quitan el bocado que estén comiendo o las prendas que llevan puestas para obsequiarlas generosamente y sin esperar recompensa o agradecimiento alguno hacia los más necesitados. Otros son capaces de defender hasta con su propia vida a cualquiera que se encuentre en peligro, sea musulmán o no. También he sido testigo de los que lloran con el dolor ajeno, respetan a sus padres e hijos y se olvidan de sí mismos con tal de agradar a nuestro Dios, los más pacíficos y sumisos de todos. En nuestra comunidad islámica también encontramos fácilmente a los depredadores y psicópatas sexuales que se mimetizan entre los mejores musulmanes, andan a la caza de sus próximas o nuevas víctimas (sobre todo recién conversos), vestidos con un falso traje de religiosidad exagerada y ostentosa para dar rienda suelta a sus más bajos instintos, sobre todo sexuales; encontramos por doquier a los mal llamados "sabios" que manipulan las sagradas escrituras pagados por diferentes intereses políticos para agredir de cualquier manera a los más débiles o sostener sus régimenes dictatoriales dentro del status quo que han impuesto para evitar que la población llegue a sublevarse. Sin embargo, y gracias a Dios por ello, me he encontrado y casi sin querer o buscarlo, con una parte de los musulmanes que no cree a pie juntillas en todo lo que los sabios, sheikhs y auto-proclamados líderes nos hacen pensar que es lo correcto. Tal vez no sean muchos, pero crean una gran diferencia por lo cual fácilmente son tachados como desviados, creadores de fitnah (división) y hasta incrédulos. Entre los más atacados se encuentran los defensores de los derechos de la mujer, esas que son golpeadas día con día y a toda hora, quemadas con ácido o acusadas de adulterio cuando han sido víctimas de violación por no contar con testigos suficientes que hagan valer su palabra. Los que denuncian la pederastia, el abuso sexual o las condenas a muerte fortuitas, así como juicios sumarios que se desarrollan sin el mínimo de requerimientos estipulados en la Sharia (ley islámica). ¿Y qué decir de las nuevas condenas como por ejemplo la pena capital por practicar el lesbianismo, la sexualidad o simplemente no rezar? Después de haber experimentado en carne propia el abuso físico, psicológico, sexual y patrimonial por parte de este tipo de vividores de la fe, comprendí que la única manera de salvar nuestra religión es dejar de lado el estereotipo de que el musulmán debe ser "sumiso" y "guardar las faltas del otro" (una clara manipulación de los relatos del profeta para evitar que la víctima se defienda o denuncie), ya que ello crea una degeneración que solamente afecta a los más vulnerables. Decidí entonces que mi sumisión es única y exclusivamente a Dios, porque el Mensaje de Dios es claro, sin interferencias, ni complicaciones, mientras que la interpretación que le dan las personas están como todo lo humano, sujetos a error. Por eso me convertí en una de ellos, en esos parias que logran hacer que los fanáticos, prepotentes y sabelotodos monten en cólera instantáneamente, con un aliciente y condimento extra: ser mujer. Tal parece que ser mujer es ya un pecado y descalificación instantánea para emitir opiniones, estudiar o pedir igualdad de condiciones en un mundo gobernado por una sociedad machista y patriarcal. Ser considerada creadora de división y el hazmerreír de los verdaderos innovadores del Islam (puesto que el profeta Muhámmad jamás maltrató o menospreció a nadie) lo siento más que una sentencia, un gran orgullo y responsabilidad. Aunque no seamos muchos, espero que sigamos creciendo y que realicemos un cambio, el cambio, del cual espero que salgamos todos victoriosos y beneficiados, si Dios quiere. "Allah no perdona que se le asocie nada, pero fuera de ello perdona a quien Le place". Sagrado Corán 4:48. Rashida Jenny Torres Musulmana Costarricense

jueves, 21 de noviembre de 2013

Consecuencias de limitar La Divinidad al género masculino.



A través de más de diez años de practicar el Islam, he ido estudiando el origen de muchas de las aberraciones que cometen algunos musulmanes, lo cual, como resulta lógico y del todo comprensible; produce rechazo de plano por parte de la gente verdaderamente pensante y que aún siendo creyentes no encuentra su lugar dentro de los otros credos religiosos. Razón que nos priva a los ya practicantes el hecho de contar entre nuestras filas con más gente racional y menos fanáticos. Una de las principales causas de las aberraciones que cometen los manipuladores ha sido y es precisamente justificar cualquier tipo de violencia contra seres indefensos por medio de La Revelación. El origen de tan execrable comportamiento puede tener su origen en la clasificación que se le ha dado a La Divinidad como género masculino, lo cual limita entre Muchas otras, la cualidad por excelencia omnipotente de nuestro Creador. Al encasillar a Allah dentro de un género, con todas las virtudes que ello implique, se comete el crasso error de añadir también todas sus carencias. De la misma manera sucedería si Le encasillamos solamente dentro del género femenino. El temor ante sus prejuicios y miedo a llamar las cosas por su nombre, ha impedido a estos hermanos aceptar el hecho de que Allah con toda Su grandeza no tiene límites y por lo tanto no tiene un sexo en específico. El pánico les apodera y tanto varones como mujeres sienten la imperiosa necesidad de encasillar a La Divinidad en un ámbito que les resulte cómodo de comprender. Las mujeres sometidas por miles de años a la dominación masculina y ante su característica innata de mamífero, crían o ven al padre, esposo o hijo como un semidiós, ése a quien deben explicaciones, el macho alfa de la manada, el de pelo en pecho que con sólo un rugir y sin razonar o derecho alguno que no sea el mero instinto exige que se le obedezca para imponer y alargar su estirpe sobre la Tierra. El macho irracional y agresor por naturaleza o elección por lo tanto, encuentra el caldo de cultivo perfecto para aprender y enseñar la supremacía de su género, doblegando y violando todos los derechos y libertades del género femenino, permitiendo de esta manera aniquilar la esencia del ser que le fue otorgado por Allah para complementar su naturaleza. Esta actitud no se limita al abuso exclusivo contra la mujer, si bien es cierto es el más popular y común, sino que se amplía a cualquier ser humano indefenso para exponer en su máxima expresión, la imperiosa necesidad del macho para marcar su territorio. Al haber sido creados como humanos, perdemos las cualidades de los seres etéreos, quienes siempre se nos han presentado precisamente sin las necesidades básicas de la especie humana, tales como hambre o sexo. Comprender el contexto en el que nos fue dotada la Revelación, resulta primordial para aclarar las nebulosas que se originan con el paso del tiempo. Razón por la que Allah siempre envía a Sus profetas a diferentes pueblos y en distintas épocas sin cambiar la esencia de Su Mensaje al promover la justicia, la paz y el amor de manera categórica. Tal como el libre albedrío, la búsqueda del conocimiento es más que un derecho, un deber imperioso y necesario para evitar la mal interpretación y tergiversaciones propias y comunes de nuestra limitada mente. La muestra más clara de lo expuesto anteriormente se encuentra en el Sagrado Corán y es evadido olímpicamente por los sabios machistas del Islam, cuando ignoran la misma palabra de Allah Quien nos dijo que su mensaje está escrito también con lenguaje alegórico: "Él es quien ha hecho descender sobre ti esta escritura divina, en la que hay mensajes que son claros por, y en sí mismos —que son la esencia de la escritura divina— junto con otros que son alegóricos. Pero aquellos cuyos corazones tienden a desviarse de la verdad van tras esa parte de la escritura divina que ha sido expresada en alegoría, buscando confusión, y queriendo llegar a su significado último de una forma arbitraria; pero su significado último sólo Dios lo conoce. De ahí que aquellos que están profundamente arraigados en el conocimiento digan: ‘Creemos en ella; toda la escritura divina proviene de nuestro Sustentador’ —aunque sólo los dotados de perspicacia tienen esto presente.” (Corán 3:7) Mientras los musulmanes sigan creyendo y observando y enseñando que Allah es un hombre, el Islam no pasará de ser una religión del montón. "Señor nuestro, no permitas que nuestros corazones se pervierte después de que nos has guiado; y concede nos Tu misericordia; en verdad, solo Tú eres el Donador por excelencia". Sagrado Coran 3:8 Rashida Jenny Torres Musulmana Costarricense. 21 noviembre 2013.

jueves, 12 de septiembre de 2013


Farol con el que vamos a desfilar el 14 de septiembre para celebrar la fecha de nuestra independencia.

Alto al bullying religioso.


viernes, 18 de enero de 2013

Por qué nunca voy a ser una buena empleada?


Hace dos meses me despidieron del lugar en el que trabajé durante dos años y tres meses. Confieso que cuando comencé con mis labores, me pareció un lugar de ensueño. Ambiente relativamente tranquilo y decente. Mis primeros compañeros de trabajo y yo nos llevamos de lo mejor, ese año, fui premiada como la mejor empleada en mi departamento. De repente, como es lo normal en esa empresa, la cuenta para la que trabajábamos cerró operaciones y de 25 personas despidieron a 23. A mí me enviaron a uno completamente diferente: atender clientes por chat en inglés y español. El entrenamiento normal para ese puesto lleva aproximadamente un mes. A mí me lo dieron en una hora y me “echaron al agua”. Los compañeros más jóvenes, todos veinteañeros, la mayoría de ellos estudiantes de sistemas operativos, aprendieron muy rápido y se acomodaron perfectamente a sus nuevas labores. A los ocho días de desempeñar mis nuevas funciones, mi nuevo jefe me sometió a un tratamiento de presión muy conocido en call centers: un PIP (llamada de atención en la cual debo firmar un papel que hace constar que si no cumplo con las métricas impuestas por ellos en el tiempo fijado por ellos me despiden sin responsabilidad patronal). Estos famosos PIP según supe después, solo pueden ser otorgados a los empleados cuando luego de 3 meses en una nueva labor no da la talla. Me sentía muy presionada pues venía de ser la mejor de mi equipo a estar de repente en la peor de las situaciones. Mi nuevo jefe me aseguró que no había nada que temer, que mis nuevos compañeros me iban a ayudar en todo lo posible, que solamente les preguntara, porque de hecho a algunos les pagan solamente para eso: responder dudas. Comencé ese día atendiendo clientes con diversas situaciones, todas nuevas para mí y necesitaba ayuda. Ninguno de los “ayudantes” estaba disponible y el único jefe inmediato no paraba de coquetear con una joven muy bella. Le pedí ayuda y de mala gana me dijo que le preguntara a cualquier otro. Yo no conocía a nadie y no sabía quiénes eran los compañeros de mi región. Por lo que utilicé el chat interno para pedir ayuda. Nadie me contestaba. De repente una compañera me dijo: yo te ayudo, pero como no la conocía de nombre, le pregunté al compañero junto a mí si la conocía y me gritó diciéndome: ay yo no sé señora, yo no sé quién es ella, yo estoy muy ocupado! Y yo, yo tenía diez minutos agradeciéndole a los clientes la paciencia mientras trataba de solucionarles el problema….Volví al chat interno, continué pidiendo ayuda, les expliqué que yo era nueva y que por favor me ayudaran y los compañeros comenzaron a poner iconos de caritas llorando, otras sonriendo y me puse a llorar. Los clientes cerraron las conversaciones y yo, yo cerré las ventanas y me fui al salón de comidas a llorar. Tomé los quince minutos de descanso para llorar desconsoladamente. Una cocinera llegó a preguntarme qué me sucedía y como siempre me pasa, yo cuando lloro, no puedo hablar, entonces, no le decía nada. A los quince minutos llegó una mujer con mi jefe inmediato y me preguntó qué había sucedido. Me costó mucho trabajo calmarme y le comencé a contar mi dilema. Frente a mi jefe superior me preguntó si le había pedido ayuda a todos, y le dije que sí. Me preguntó el nombre de las personas a las que les había solicitado ayuda, pero yo no conocía a nadie. Inmediatamente se me subió la presión, llamaron una ambulancia y me llevaron al hospital con un fuerte dolor en el pecho. Estuve internada en el hospital un día completo mientras me controlaban la presión arterial y por lo tanto incapacitada. Luego tuve dos días libres y regresé al trabajo. Cuando regresé a mi puesto, recuerdo a una compañera, la líder negativa le llamaba yo, una mujer gorda y negra, mal hablada, malcriada y vulgar a quienes todos le rendían pleitesía para no tenerla en contra y como apenas llegué me repelió por completo. Todos los compañeros cuando yo llegaba, dejaban de hablar y ella pasaba haciendo bromas sobre el Islam y los musulmanes, ningún compañero me volvió a saludar y me relegaron. La líder negativa le contaba a todos que yo había ido a hablar con los jefes y había hablado mal de todos los compañeros que tan amablemente me habían tratado de ayudar el día en que tuve que ir al hospital. Mi jefe, me llamó, me preguntó qué había sucedido y ESE día me dijo que por favor le preguntara qué no entendía de los procesos que yo debía realizar. Le respondí con sinceridad, le dije: no entiendo nada. Y se dedicó unas tres horas a explicarme con mucha paciencia todas mis dudas. Regresé al trabajo, y ya me daba vergüenza preguntar porque mis compañeros me volvían la espalda y a los encargados les daba mucha pereza estar “ayudándome tanto”. Mi jefe anterior, supo lo que me había sucedido y me dijo que iba a hablar con el jefe nuevo, que era imposible que me pusieran un PIP con solo ocho días en un departamento nuevo. Yo le rogué que no lo hiciera, porque el joven después de todo se estaba esmerando en ayudarme. Mi relación con los nuevos compañeros no fue fácil, la mayoría no me hablaba, y los que me dirigían la palabra era para burlarse del Islam y de mí toda la jornada laboral. Las bromas sobre las bombas, terroristas y suicidas eran el orden del día y yo, el pato de la fiesta. Esperé unas semanas, completamente aislada de todos, opté por cambiarme de lugar y mi jefe me dio permiso, sin embargo, “otro” jefe, el que no me ayudó la primera vez, me gritó cuando me vio cambiarme de lugar y me dijo: va jalando de aquí, no la quiero ver nunca más en esta fila, vaya donde le corresponde! (yo sin saber me había sentado en el lugar de la joven a la que pasa pretendiendo) y tuve que regresar a ser el motivo de burlas todo el día. Confieso que algunas bromas me daban risa, yo he aprendido a reír por no llorar. Tenía mucho miedo de perder mi trabajo por “hacerme la víctima” y me dije que con la ayuda de Dios todo lo iba a soportar. A los seis meses aproximadamente, la líder negativa renunció y mis compañeros volvieron a hablarme y a tratarme casi como una persona normal. Mis calificaciones mejoraron considerablemente, sin embargo, siempre tuve el problema que la persona encargada de evacuar las dudas diarias, porque siempre existen casos nuevos, se resistía a ayudarme, me regañaba mucho, me comparaba con los demás y me decía que el resto buscaba todo por sí solo mientras que a mí me daba pereza. No era cierto, TODOS mis compañeros pasaban preguntando, incluso él mismo siempre tenía alguna duda. Pero a mí me exigía callar. También se divertía mucho haciéndome bromas constantes a pesar de que yo le explicaba mi problema para entenderlas. En una ocasión frente a todos me hizo levantarme y sentarme tres veces, para luego echarse una carcajada y decirme que no le hiciera caso, que solamente estaba bromeando mientras todos soltaban la risa. No era fácil ser el hazmerreír de todos. Pero continuaba, trataba de adaptarme a ellos, a los que se burlaban de mis vestimentas islámicas o a los que se ponían a blasfemar contra el nombre de Allah apenas me veían llegar. Era muy común escucharlos decir: Ay Rashida a Allah no le gusta que hagas eso! Al la puta! Jalá, jalá! Mufasa tu Dios… Le escribí al jefe mayor, le expliqué cuán difícil me resultaba todo pero jamás recibí respuesta. Siguieron los cambios, en cuanto aprendía a manejar una región, la cuenta cerraba y me enviaban a otra más complicada cada vez. Cuando entré, expliqué que mi inglés era básico y por ello me enviaron a realizar chats en español, pero mis nuevas funciones implicaban atender a clientes tanto en inglés como en español y aún así, di la talla. En casa, sufría mucho porque las deudas que me dejó mi ex esposo me obligaban a pedir préstamos y adelantos de salario, lo cual me exigió por ejemplo, enviar a mi hija a clases hasta un mes después del inicio del curso lectivo porque no tenía dinero para comprarle su uniforme o útiles escolares. El padre de mi hija solamente me envía la mitad de la pensión que le corresponde y como debo mantener a mis otros dos hijos estudiantes, pagar la renta de la casa y hasta por quien me cuide a la niña mientras yo trabajo y los otros hijos estudian, implicaba el que a pesar de tener un salario, nunca tuviera dinero más que para lo básico y a veces ni siquiera para eso. En muchas ocasiones, no pude enviar a mi hija a la escuela porque no tenía dinero para ponerle merienda en su bolso, no tenía nada que darle para desayunar o almorzar y un día, con toda la vergüenza del mundo tuve que explicárselo a la maestra porque no quería que pensara que yo era irresponsable o ella una vagabunda y me dijo con todo el cariño del mundo que no me preocupara, que era mejor que la enviara y que ella misma se iba a encargar de que en el comedor de la escuela siempre le dieran de almorzar y hasta me llevó a mí y pidió comida para mí. Yo lloraba mucho, pero tenía que hacerme la valiente. Era sumamente importante llegar con mente clara al trabajo para poder concentrarme en los cambios constantes en las funciones. Y apenas llegaba comenzaban las bromas, los compañeros que se burlaban de cualquier cosa que yo hiciera o dijera, y yo solo sonreía…a veces me defendía, pero cuando ellos se quejaban de mi extrema sinceridad, volvía a callarme por temor a perder el empleo. A ser la que “se queja por todo” o a dar lástima. Después de año y medio de trabajar en ese departamento y desesperada por las burlas constantes, decidí abandonar mi vestimenta islámica. Pensé que tal vez, los más idiotas e ignorantes iban a creer que yo había abandonado el Islam e iban a dejar de molestarme. Lloré mucho el día que me quité el velo por el que tanto había luchado y soportado, el que me daba cierta sensación de seguridad y de orgullo de andar esparciendo mi fe islámica, sin embargo logré de cierta forma el efecto deseado. La mayoría de los que me molestaban incansablemente de repente se cansaron. Yo ya era una más del montón, según ellos estaban muy contentos de que me hubiera liberado y mi jefe mayor me dio la bienvenida tal y como si se tratara de otra persona. Estuve muy nerviosa las primeras semanas, para mí era como volver a nacer, me sentía extraña y asqueada de ser testigo de la estupidez humana y cómo un trozo de tela lo cambia todo. Como no me gusta usar pantalones, cambié mi vestuario por faldas por la rodilla y la ropa normal de nuestras latitudes, volví a ser invisible y de cierta manera eso me gustó mucho, me maravillaba sentir que andaba casi de incógnito, porque en esencia era la misma, pero ya los payasos, los que se creen inteligentes y vivarachos dejaron de molestarme con la intensidad que lo hacían. Hace unos cuatro meses, viajando en la buseta del trabajo, la cual me llevaba desde la empresa hasta la puerta de mi casa, recibí una de las agresiones más indignas de las que tengo memoria. Como mi horario era de 3pm a 11pm, por lo general, termina uno agotado y dormita en la buseta. Ese día, iba muy enferma, y me acosté en los asientos de atrás de la buseta a dormir. De repente me despertó un gran escándalo. Me levanté y pude observar como dos hombres que viajaban conmigo en la buseta, compañeros de la empresa para la que laboraba, habían tomado fotografías de mis piernas, y las estaban compartiendo entre ellos, bromeando mucho. Pero no se habían limitado a tomar una foto, de alguna manera mientras yo estaba inconsciente, habían levantado muchísimo mi falda y casi se me veían los calzones, reconocí mis piernas, la enagua, el asiento de atrás de la buseta y cuando se dieron cuenta de que me había despertado y los había observado, escondieron rápidamente sus celulares. Entré en shock, quería lanzarme sobre ellos, gritarles, despedazar sus celulares, gritarles que no tenían derecho a aprovecharse de mí. Sin embargo, analicé la situación, eran cinco hombres contra mí, yo era la única mujer que viajaba a esa hora con ellos. Pensé en los diferentes escenarios que se podían presentar. Pensé en que si me les lanzaba encima, ellos me podían golpear, lo cual implicaba quedar incapacitada algunos días y perder dinero. ESE día por mera casualidad, olvidé en otro bolso el gas pimienta que siempre llevo conmigo y supe que ante semejante indefensión lo mejor era no actuar en ese momento. Además, era mi palabra contra la de ellos, ellos iban a negarlo todo y yo no tenía pruebas de lo que habían hecho. Y callé en el trabajo, pero sí se lo conté a mis hijos en casa. Pasé tres días llorando, sintiéndome estúpida y tan indefensa! Culpándome por haberme puesto en esa situación, por permitirme dormir, por estar cansada, por no ser fuerte. A los tres días decidí contárselo a mis jefes. Me dijeron que hablara con el departamento de Recursos Humanos. Fui y hablé, me concertaron una cita con la gerente de la otra empresa involucrada puesto que uno de los muchachos pertenece a una empresa “hermana” de la que yo trabajaba. Cuando le expliqué a la gerente de Recursos Humanos todo lo que había sucedido con su empleado. Me regañó, me dijo que yo lo que tenía que haber hecho en el momento de la agresión era golpear a los muchachos, arañarlos, gritarles y despedazarles el teléfono y luego ir a donde ella a denunciar. Le expliqué que como he sido víctima de abuso sexual, yo no actúo igual que las demás mujeres que no lo han padecido, que entro en shock y que me paralizo, que analizo las situaciones y los peligros en los que me encuentro para poder salvar mi vida con el menor daño o dolor posibles, pero me volvió a regañar, me dijo que yo ya estaba “muy grande” para andar con traumas y temores, que ya era hora que me dejara de miedos y que los debía enfrentar, que por favor le llevara el nombre del muchacho, si es que el mismo existía. Quedé pasmada, no podía creer lo que escuchaba y supe que esa batalla la tenía perdida, ya no era yo contra los hombres agresores, sino contra ella, la encargada de “defenderme”. Aún así le llevé los nombres de los jóvenes porque según ella se iba a llevar a cabo una investigación exhaustiva de lo que yo había dicho. Pasaron dos meses y nada sucedió. Tenía terror de seguir viajando con los muchachos, entonces, aunque salía a las 11 de la noche, decidí esperar una hora más en el trabajo e irme en la buseta de las 12 de la noche aunque ello implicaba llegar más tarde y más cansada. Me dolió mucho el que NADIE hiciera nada y ser regañada, me puse muy nerviosa, los veía pasar junto a mí, riéndose, burlándose, imaginaba que iban a colocar las fotos que me habían tomado en cualquier sitio en Internet, tuve miedo, mucha vergüenza y sentimientos de impotencia. El rendimiento en mi trabajo, como es de suponerse bajó, aunque llegaba como siempre una hora o más antes del trabajo, me equivocaba a la hora de marcar las entradas o salidas, mi jefe comenzó a ponerme PIP por todo (como a la mayoría) pero yo estaba más vulnerable. Por esos días tuve que llevar de emergencia a mi hija al hospital con un dolor en el corazón. El dolor en el corazón no era tal, sino que lo que tenía era una gastritis severa, bien por falta de comida o por comer en horarios desordenados ya que como yo llegaba a casa a las 2 am para no viajar con los muchachos de las 11 de la noche y debía levantarme a las 5am para enviarla a la escuela, en la mayoría de ocasiones o me dormía hasta un poco más tarde o no dormía del todo y andaba como un zombie ambulante sin poder atenderlo todo. Todo esto se lo expliqué a mi jefe. El último mes trabajé más de cien horas extra para compensar la falta de dinero. Pero el 1 de diciembre me despidieron por no “dar la talla” y “haber bajado tanto los números” que la empresa pide que ya no les sirvo. Volví a llorar, quería gritarles que no era mi culpa, que tal vez si me hubieran ayudado yo podía llegar a ser de nuevo la mejor empleada del año, pero volví a quedar en shock, muda, impotente y ahora con más temor ante la incertidumbre de no tener trabajo. Con el dinero que me pagaron por la liquidación pagué todas y cada una de las deudas que venía arrastrando de hace años. Pagué dos meses de alquiler, compré comida para dos meses, los uniformes y útiles de mi hija, compré una laptop usada y un teléfono para tener más herramientas trabajo. Ya casi tengo dos meses de haber sido despedida y tengo miedo, mucho miedo. He aplicado en más de cien puestos diferentes, que van desde secretaria, hasta cajera, dependiente, call centers y oficios domésticos. Invertí el poco de dinero que quería ahorrar, para revender o personalizar zapatos y tener alguna entrada mientras “me llaman” de algún lado, me afilié a vender productos Rena Ware y Oriflame, pero nada ha dado resultado hasta ahora. Sí tuve miedo, mucho miedo y asco, pero por sobre todo mucha vergüenza, por no haber sido valiente y no haber dado la talla que pedían mis empleadores. Me deprimen los que me dan palmaditas en la espalda y me dicen que confíe en Dios, que todo va a estar bien y que me calme, que muy pronto voy a encontrar algo. Estoy agotada física y mentalmente y aún así, todos los días camino cuatro kilómetros a las 4:30am y luego a las 7pm, no quiero vegetar, quiero pensar, quiero salir de esto. Ya Dios lo ha hecho en otras ocasiones. Entonces entendí que el miedo no me ayuda y aunque pierda lo poco que ya tengo, luchar por mis hijos, pero en especial por mi hija que es la más vulnerable de todas por el abandono que ha sufrido de parte de su padre, es el aliciente para que no pierda la fe y vuelva a intentar entrar al mundo de “los negocios” y siga buscando un empleo. Soy consciente de que a los jefes no les gustan las mujeres como yo, que sólo se defienden cuando las atacan y que a pesar de todo, dan más de lo humanamente posible para ser una buena persona y la mejor empleada. Pero espero el milagro y le pido a Dios, el Único, el Omnipotente, el Compasivo y Misericordioso que no me olvide, porque yo sé que es Justo y que nos da lo que necesitamos en Su tiempo y no en el nuestro. Lo único que le pido es un trabajo decente para poder mantener mi dignidad y la de mis hijos que son los testigos de que todo esto que digo es cierto. Rashida Jenny Torres Musulmana Costarricense. 18 de enero de 2013.

martes, 30 de octubre de 2012

Dicen que dejé de ser musulmana.


Dicen que dejé de ser musulmana porque tuve que abandonar el velo por ciertas circunstancias que estaban dificultando mi vida en esta parte del planeta. Dicen que dejé de ser musulmana porque me gusta hablar, preguntar e investigar sobre todo tipo de temas que muchos consideran tabú, inclusive el sexo, sí el sexo y yo los expongo sin tapujos, a plena luz del día y en público. Dicen que dejé de ser musulmana porque me codeo y trato de convivir en paz con otros que no son musulmanes, porque o son mis amigos o mi familia o simplemente mi entorno. Dicen que dejé de ser musulmana porque me da miedo la imagen que proyecta el niqab y la burka, porque aunque me encanta ver mujeres usando el velo, esa vestimenta fantasmagórica me parece indigna y fuera de lugar, fanática y perversa. Dicen que dejé de ser musulmana porque cuando estoy indignada puteo. Dicen que dejé de ser musulmana porque abarco muchos temas para sólo para llamar la atención y ser la más “popular”. Dicen que dejé de ser musulmana porque no juzgo a los demás ni me creo mejor solo por ser musulmana. Dicen que dejé de ser musulmana porque me niego a seguir la sunna o relatos débiles del profeta Muhámmad (pbsce) si contradicen al Sagrado Corán. Dicen que dejé de ser musulmana porque amo a mi país, canto su himno y realizo el saludo a su pabellón nacional con un gran orgullo y emoción. Dicen que dejé de ser musulmana porque critico a los musulmanes que son fanáticos. Dicen que dejé de ser musulmana porque no puedo callar la verdad que nos afecta ni tapar la mentira que nos enferma. Dicen que dejé de ser musulmana porque no le impongo la religión a mis hijos. Dicen que dejé de ser musulmana porque no asisto a mezquitas corruptas. Dicen que dejé de ser musulmana porque me encanta la ciencia, el arte, la cultura y la música. Dicen que dejé de ser musulmana porque me desespero por las injusticias cometidas contra no musulmanes. Dicen que dejé de ser musulmana porque no quiero gastar el poco dinero que tengo en ir a la Meca si tengo gente de mi familia y al prójimo que se encuentran en verdadera necesidad y a las cuales les puedo ofrendar ese dinero. Dicen que dejé de ser musulmana porque me encanta sonreír. Dicen que dejé de ser musulmana porque no me avergüenza el cuerpo humano. Dicen que dejé de ser musulmana porque si veo a un hombre guapo o a una mujer bella o algo bueno en alguien se los hago saber. Dicen que dejé de ser musulmana porque no le impongo el hijab a mi hija. Dicen que dejé de ser musulmana porque no he podido aprender el idioma árabe. Dicen que dejé de ser musulmana porque no paro de denunciar la corrupción venga de donde venga. Dicen que dejé de ser musulmana porque quiero participar en la política de mi país para dejar de hablar y crear soluciones en vez de pasar lamentándome por lo que otros no hacen. Dicen que dejé de ser musulmana porque preferiría casarme con un no musulmán que respete mi fe y a mí misma que con un musulmán que me haga indigna. Dicen que dejé de ser musulmana cuando la única verdad es que me siento más musulmana que nunca. Rashida Jenny Torres Musulmana costarricense.