Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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domingo, 12 de septiembre de 2010

China: la furia de los perdedores

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Dirk Reetland · · · · ·



Las guarderías y escuelas infantiles de la República Popular China son con cada vez más frecuencia el objetivo de asesinos de masas que buscan vengarse así de su degradación profesional y de su humillación social.



Los padres chinos se encuentran cada vez más atenazados por el miedo y el horror. Muchos viven por ejemplo con la preocupación de que su hijo pueda ser secuestrado y vendido en la costa oriental a un matrimonio rico pero incapaz de tener hijos. Por doquiera hay peligrosas enfermedades contagiosas: el SARS (síndrome respiratorio agudo severo, por sus siglas inglesas), para empezar. Luego la gripe aviar, la fiebre porcina y la bovina. Cierra la lista el H1N1.

Quien lleva a su prole a la guardería debe cada mañana desinfectarse las manos con spray ante la estricta vigilancia de un funcionario. Luego las manos de los niños son registradas minuciosamente en búsqueda de manchas blancas sospechosas. Hubo una época en que cada mañana se medía la fiebre de los niños a la entrada de la guardería. Además, los padres deben llevarse una lista de la guardería a casa en la que deben registrar la temperatura corporal del niño por la tarde. Y la mayoría de padres han estado de acuerdo con todas estas medidas de seguridad.

Pero el 23 de marzo de 2010 irrumpió Deng Mingsheng, un médico desempleado desde hacía nueve meses, en un centro infantil en Nanping (provincia de Fujian), mató a ocho niños e hirió gravemente a otros cinco. Después del ataque se introdujeron medidas de identificación desde la entrada en la guardería hasta la recogida de los escolares, que debían esperar a la autorización de un funcionario para salir. Se emplazaron vigilantes: en las instalaciones menos acomodadas, casi siempre un adolescente de dieciocho años de hombros caídos en un uniforme gris; en las más caras, un joven chino de mejor aspecto, vestido de cualquier manera con un traje oscuro y corbata. En ocasiones se trata de un hombre joven que lleva escrito en su rostro oscuro el “estigma de ser un niño del campo”. Si en caso de emergencia conseguirían imponerse a un enérgico atacante de piel más clara procedente de la ciudad es algo de lo que conviene dudar.

Por desgracia, “los permisos de recogida” y otras medidas de precaución ayudan menos de lo esperado. El 28 de abril, Chen Kangbing, un profesor “de vacaciones” forzadas por enfermedad desde hace cuatro años, hirió en Leizhou (Guangdong) a 16 niños y un profesor. Un día después el desempleado Xu Yuyuan irrumpió en una escuela de primaria de en Taixing (Jiangsu) e hirió a 29 niños. El 23 de abril el campesino Wang Yonglai de Weifang (Shandong) fue informado de que su casa, construida hace un año y todavía por pagar, era “ilegal”. El 29 de abril firmaba el escrito de consentimiento para su derribo, para entrar al día siguiente con un martillo en la escuela del municipio y herir gravemente a cinco escolares antes de prenderse fuego. También a causa de un problema inmobiliario se registró un caso en Nanzheng (Shaanxi), donde un hombre entró el 12 de mayo en la guardería de su bloque de edificios y mató a siete niños y la profesora, así como una madre.

Sucede que la tragedia personal o la humillación social de todos los atacantes había alcanzado una magnitud abiertamente insoportable. En todos los casos se trataba de hombres fracasados profesionalmente con edades comprendidas entre los 30 y los 40 años. Todos vivían en ciudades pequeñas, que a menudo son abandonadas para siempre por los mejores estudiantes, de camino a la universidad y su posterior carrera profesional. Que dan la espalda a todos los demás si tienen la posibilidad. Para el profesor Chen Kangbing, para Xu Yuyuan y los demás no había ninguna otra esperanza en la sociedad china contemporánea: ningún trabajo, (y por ello) ninguna vivienda, (y por ello) ninguna posibilidad de crear una familia. Su frustración es comprensible, pero a primera vista no explica por qué atacaron a niños inocentes.

¿Han sido humillados durante tanto tiempo que sólo pueden descargar su impotencia en los más débiles de la sociedad, los niños? Los crímenes son «solamente en parte» atribuibles a que sus autores se vieron abandonados por la sociedad y condenados al ostracismo, opina Hu Lifeng, catedrático de trabajo social en la facultad de pedagogía de la Universidad de Beijing. «Por supuesto, ninguno de ellos se planteó, bajo ningún concepto, entrar en un edificio gubernamental. Pero no solamente eso. Los ataques fueron calculados. Si especialmente en los estados más pequeños muchos padres aún tienen solamente un niño [debido a la política de planificación familiar china, N.T.], el asesino sabe perfectamente cómo puede emprender su venganza causando el mayor daño posible y multiplicando sus consecuencias.”

El fénix dorado

De modo similar se expresa el psicólogo Ma Shihong, quien trabaja especialmente en los círculos más pobres de las provincias de Hebei y Shandong. «¿Por qué querría alguien atacar a niños? Si dejamos abiertamente de lado que son los que menos pueden defenderse, quedan tres factores de importancia. El primero es que alguien ha sido tratado con injusticia desde su infancia quiere cobrarse por ello una recompensa. El segundo es que alguien puede pensar debido a la injusticia experimentada que los demás deben sufrir el mismo dolor que él padece. Y el tercero sería que alguien realmente perdiese totalmente el control sobre sí mismo y no supiera lo que hace e inconscientemente atacase a los niños.» Pero esta última es para Ma Shihong la opción menos realista. «¿Por qué debería alguien desarrollar un odio calculado hacia los niños?» Sin embargo, si alguien llegase tan lejos como para perder el control de sí mismo, no explica por qué la mayoría de criminales buscaron conscientemente a los niños como víctimas.

El hecho es que en la sociedad china hay un motivo importante para que la muerte de un niño sea el objetivo de una venganza. Sólo hay que leer la novela aparecida en el 2006 y prohibida poco después, “El sueño de mi abuelo”, de Yan Lianke. En ella un hombre con SIDA infecta al hijo del hombre que le ha convencido para donar sangre.

Sea como fuere, desde julio hay vacaciones de verano, y en principio ninguna noticia en las páginas de sucesos. Y así parecía hasta el pasado 4 de agosto, cuando el periódico de Hong Kong Singtao informó, en un artículo especialmente sangriento y efectista, de que en la ciudad de Zibo (Shandong) tres hombres armados con cuchillos entraron en una guardería, asesinando a dos niños y tres cuidadoras. Un «pequeño camarada» que no puedo escapar a tiempo, afirma el Singtao, fue decapitado de un solo tajo, mientras otro quedó con la cabeza colgando del cuello... Otras fuentes informan con menos detalle y hablan de un sólo un atacante, así como de tres muertos. ¿Existió realmente un ataque de este tipo?

En la página de Internet de las guarderías públicas, que tiene el nombre de Fénix Dorado (zbsychild.172baby.com), la última entrada corresponde al 31 de julio y muestra la fotografía de unas cuidadoras sonrientes que en una «reunión harmoniosa» discutieron sobre el informe financiero y demás provisiones administrativas para los cuadros medios del partido, ante quienes expresaron sus «reivindicaciones democráticas» –un substituto de elecciones– para después presentar el «carácter científico» de su programa educativo.

Si se busca más en las páginas chinas de Internet, se lee una y otra vez mensajes como “disculpe: la página que usted busca ya no existe” o “el tema buscado no existe”. O: “Por favor, regrese a la página anterior”. Una página web informa de que el asesino de Zibo era un jurista antes de que se interrumpa la conexión a Internet. Donde no llegan las medidas de seguridad, el gobierno chino intenta de este modo tranquilizar a los padres.

Dirk Reetlandt es periodista free-lance en Beijing en política doméstica y social.


Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3541