Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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jueves, 9 de junio de 2016

El crimen más atroz.

Una madre quema a su hija por haber elegido ella misma a su marido. Contó con la ayuda del hermano de la víctima, el cual, debía limpiar el honor de la familia.
¡Puta! Estamos deseando descubrir agua o indicios de vida fuera de nuestro planeta mientras no cuidamos ni nos importa lo que sucede en el nuestro.
Amo la ciencia, sin embargo, mientras existan personas que consideren al otro de su propiedad o un estorbo para alimentar su ego, no le encuentro sentido a mejorar la calidad de vida en temas tecnológicos.
Que sean mujeres quienes les practican la ablación genital a sus propias hijas por miedo a que puedan sentir el placer sexual que también las suyas les cercenaron como si fuera pecado y todo para satisfacer el salvajismo de culturas en las que ellas mismas permiten al hombre que las domine y doblegue, no me entra en la cabeza.
Que la mujer que  llevó nueve meses en su vientre y parió con dolores indescriptibles a una criatura culpable únicamente de haber nacido en medio de la ignorancia y estupidez para  terminar siendo asesinada por su progenitora, indican el nivel de decadencia de nuestra fallida humanidad.
Ocurrió en Pakistán, pero también ocurre en el resto del mundo, por diferentes razones y motivos, solamente que con métodos diferentes para aniquilar las ansias de libertad.
En nuestro país, la epidemia de violencia en la que nos encontramos enfrascados, comienza con los niños desde que nacen, continúa en los centros educativos, ámbito laboral y termina cuando los abandonamos ya de ancianos en cualquier hospital porque nos estorban en nuestras vacaciones.
¿Qué hemos hecho para merecer ésta ignominia?
Nada. Precisamente ése es el origen de todo.

Rashida Jenny Torres.