Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.




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jueves, 22 de marzo de 2012

La represión y la carestía ahogan al pueblo sirio.


La misión de la ONU no convence, mientras el gobierno combate contra la resistencia e intenta dar imagen de normalidad


Yassin Sweha
Diagonal


La campaña militar del régimen contra la oposición está fracturando la situación social y económica del país, con la aparición de tensiones sectarias entre confesiones.


Tras la toma de control del barrio de Baba Amr, en Homs, el 1 de marzo, después de intensos bombardeos que han durado casi un mes, los planes del régimen sirio parecen ser continuar con la estrategia de aplastar, militarmente, el levantamiento de esta región.

El Ejército sirio dirige sus fuerzas hacia zonas en las que existe una fuerte presencia del Ejército Libre (oficiales que desertaron), como las provincias de Idleb, Hama y Deraa, sin dejar de lado los suburbios de Damasco y Aleppo, o la propia Homs, donde todavía se sufren bombardeos en barrios como Karm Azzaitun. El resultado de estas operaciones militares lo vive la población civil que está huyendo hacia otras regiones de Siria y también a Turquía y Líbano. Los civiles reclaman ayuda humanitaria que, según organismos de derechos humanos, llega con cuentagotas, por las trabas del régimen.

Al mismo tiempo que continúan los combates sobre el terreno, Kofi Annan, enviado de la ONU a Siria, intenta sin éxito un alto el fuego. La misión de Annan, que no entusiasma a ninguna de las partes, tiene muchos más obstáculos que facilidades. Por un lado, se encuentra con un régimen que, apoyado por Rusia, China e Irán, no está dispuesto a conceder más que un aperturismo limitado y tutelado por él mismo, y sólo tras una victoria militar.

Una oposición dividida

Por otro lado, hay una oposición dividida, tanto entre las facciones del Consejo Nacional Sirio (CNS) y el Comité de Coordinación Nacional, como dentro de cada facción, sobre todo el CNS, que cuenta con constantes muestras de tensión que, en más de una ocasión, ha estado a punto de provocar una ruptura. Esta debilidad de la principal plataforma opositora entra en contradicción con su empeño en ser elegida representante legítima del pueblo sirio por instituciones y gobiernos regionales e internacionales. Además, la relación entre esa clase política y el Ejército Libre es otro tema que preocupa a los observadores, ya que esta milicia, formada por militares que han desertado y civiles de zonas castigadas por las operaciones militares del régimen, ha empuñado las armas pero no presenta una estructura sólida y jerarquizada. Se le supone una jefatura única, con un exoficial, Riad Al-Asaad, al mando, pero no queda claro el control real que ejerce sobre los grupos de combatientes repartidos por la geografía siria.

Hace unos meses, el Ejército Libre y el CNS firmaron un acuerdo en el que se le concedía la jefatura política al CNS, con el que el Ejército Libre coordinaría sus acciones. Sin embargo, este acuerdo voló por los aires al poco tiempo. Entre tanto, la crisis siria ya no se nota sólo en las zonas calientes, pese a que la prensa del régimen da imágenes de calles tranquilas y restaurantes llenos, especialmente en los centros de las grandes ciudades de Aleppo y Damasco.

El efecto más generalizado de la crisis está en la asfixiante situación económica, con la actividad comercial casi parada. El euro y el dólar han duplicado su valor frente a la moneda siria en el mercado negro. El carburante escasea y los precios de los alimentos suben de manera descontrolada. Una docena de huevos, por ejemplo, vale más del doble de lo que costaba hace un año. La situación económica, unida a la irritación política y las campañas de represión y detenciones, incluso en zonas donde ni siquiera hay manifestaciones contra el régimen, provocan que la calle esté muy radicalizada, a un lado y otro, con la aparición de preocupantes y sangrientas muestras de sectarismo confesional entre suníes y alauitas. El recrudecimiento de esta lucha sectaria podría servir como “guerra por encargo” entre Irán y las monarquías del Golfo. El resto del tablero internacional ya está ordenado para una partida geoestratégica, donde el pueblo sirio, por desgracia, cuenta poco, o nada.

Fuente original: http://www.diagonalperiodico.net/La-represion-y-la-carestia-ahogan.html

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=146780