Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.




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jueves, 22 de marzo de 2012

El hombre audaz.



Ser audaz es querer emanciparse de todo un aparato conceptual al servicio de la técnica y el sistema monetario.

Autor: Yasmin Matuk

"No basta con saber, también hay que aplicar.

No basta con querer, también hay que actuar."
Goethe.


Vivimos afligidos por el entorno que nos rodea no sabiendo cómo proceder en cada acto espontáneo -o no- de nuestra vida social; sentimos que nos supera ampliamente los sucesos ordinarios reflejados tanto en los medios de comunicación como en nuestra experiencia singular y que no hay fuerza capaz de torcer esa mala ventura que nos persigue y condiciona a tales efectos imposibles de utilizar para beneficio nuestro. Ya no cuestiones ligadas a nuestras acciones como ciudadanos dentro de un Estado-Nación, sino como personas que piensan y sienten en cada y por cada acto en el largo camino de la vida. Y, finalmente, dicho entorno -la realidad- gobernada por la técnica y arruinada por el sistema monetario internacional se presenta indirectamente proporcional a nuestros intereses como seres humanos que tratamos de coincidir ya no solo en vivencias, sino en transacciones sociales; mezcla de cultura, de ascendencia familiar con habitus y modernidad.

¿Pero cómo pretender transformar esa realidad que nos golpea de frente con su cachetada más certera si no hay una cambio en nosotros que sea reflejo de las cualidades más elogiables de nuestra condición humana?

Tal vez sea no tramando quiméricas soluciones para modificar esa realidad condicionante, impuesta por poderosos y legada históricamente. Tal vez sea hora de ponerse los pantalones y atacar, pero dentro de nosotros mismos, para provocar esa transformación tan deseada que será eco fuera de nuestro ser. Porque, dicho de otra manera, es en nuestro interior donde se desarrollan las fuerzas capaces no solo de inspirar al mundo, sino de manipularlo, doblegarlo y cambiarlo cuantas veces lo queramos; como el artista frente a su obra inconclusa y a la espera de su pincelada final. Esa capacidad potencialmente devastadora albergada en el interior del hombre es lo que Nietzsche llamó una aspiración al Superhombre; esa capacidad a la espera de ser cosechada es lo que Simmel planteó como "hombre cultivado".

Y esa misma capacidad que, quien humildemente escribe e inscribe sus nociones, llama Hombre Audaz. Y éste ha de ser el que lo ha logrado, el libre, el que ha llevado su espíritu de lucha con el presente a un nivel más alto en la marea de su entorno, que su presencia no es alcanzada ni por las moscas del mercado ni por el alma arcaica del bueno que permanece bueno y que no sabe del noble que todo a su paso transforma. Éste es el hombre que en cada respiración que exhala e inhala se cuestiona una, dos y mil veces el porqué y el para qué del todo; los medios más factibles y los fines teleológicos. Y, justamente, para él nada es casualidad porque él es el creador y transformador de su entorno.

Que un hombre audaz es quien se atreve a enfrentarse a la realidad expuesta; a interrogarla, a levantar el velo que la cubre y tratar de ponerla de manifiesto para corroborar su influencia en la acción cotidiana. Pero si este es un verdadero hombre, lo hará ubicado desde una profunda humildad; ora con conciencia de que esa realidad es problemática y que ninguna verdad la agota, ora porque no dictará a la realidad cómo es o debe ser, sino por el contrario verla, reconocerla y aceptarla para poder modificarla en favor suyo.

El hombre audaz debe, necesariamente, enfrentarse con esa realidad sin mediaciones, exclusiones ni amputaciones; aceptarla y someterse a esa verdad diferente de un producto, órgano o imposición cultural; sino manifestación latente y natural de acuerdo a su época histórica, los procesos y el todo que circunscribe a ella. Y como aludía Jünger: una educación interior es deber en el hombre para que su potencial alcance a transmutar todos los valores universales.

Y para ello el hombre debe y tiene que ser libre; pero no libre en el sentido acuñado a lo largo de los siglos pasados, ni desde la política, la psicología u otra ciencia. Sino libre porque él decidió participar en su lucha contra la esclavitud del sistema que lo condiciona y prepara para el abuso. Libre porque está comprometido y ha elegido con su mente, su cuerpo y su espíritu emanciparse de todo el aparato conceptual que viene arrastrando como un fardo heredado e imposible de evadir. Y siendo libre el hombre és; sin sometimiento alguno, solo a la Divinidad.

Ya hay mucha literatura que expresa las máximas ideales sobre el buen proceder cotidiano en la viva realidad. Ya se ha dicho mucho sobre este sistema esclavista y adulterado que solo provoca hombres-mosca revoloteando sin cesar en una porquería limitada. Ya se conoce la gran causa económica que origina el empobrecimiento y la desidia en la que se empapan los hombres del mundo. Ya se sabe que la hegemonía nos necesita ignorantes y mansos para que no entendamos porqué las cosas son como son... ¿No sería hora de poner en práctica todas estas lecciones, de una vez por todas, para lograr esa transformación única, verdadera y beneficiosa del ser humano y de toda la humanidad?

Yasmin Matuk. yasminmatuk.wordpress.com



http://www.webislam.com/articulos/70845-el_hombre_audaz.html