Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.




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jueves, 22 de marzo de 2012

El encubrimiento cobarde por parte de la OTAN del bombardeo de Libia.



Investigaciones en torno a Libia


Vijay Prashad
Jadaliyya

Traducido del ingles para Rebelión por Christine Lewis Carroll



A los diez días de la sublevación de Benghazi el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas creó la Comisión Internacional de Investigación sobre Libia. La finalidad de la Comisión fue “investigar todas las supuestas infracciones del derecho internacional de derechos humanos en Libia”. La agenda general fue establecer los hechos en torno a las infracciones y los crímenes y tomar las acciones necesarias con el fin de permitir la rendición de cuentas por parte de los responsables. El 15 de junio la Comisión presentó su primer informe al Consejo. Este informe fue provisional, puesto que el conflicto seguía en marcha y el acceso al país era limitado. El informe de junio no fue más concluyente que el trabajo de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos (como Amnesty International y Human Rights Watch). En algunos casos el trabajo de los investigadores de estas ONG (como Donatella Rovera de Amnesty ) fue de mayor calidad que el de la Comisión.

Debido a la guerra inconclusa, seguida de la inseguridad reinante en el país a consecuencia de la misma, la Comisión no volvió al país hasta octubre de 2011 y no inició ninguna investigación real hasta diciembre de 2011. El 2 de marzo de 2012 la Comisión presentó por fin un documento de doscientas páginas al Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. Hubo poca fanfarria cuando se publicó el informe y las deliberaciones del Consejo en torno al mismo fueron igualmente comedidas.

Sin embargo el informe es bastante revelador e indica dos elementos importantes: primero, todas las facciones cometieron sobre el terreno crímenes de guerra, sin mencionar el posible genocidio llevado a cabo por las fuerzas de Gadafi ; segundo, hay una falta total de transparencia sobre los posibles crímenes de guerra de la OTAN. Estos dos puntos son muy importantes. Apuntan a que la prisa por la “intervención humanitaria” por parte de la OTAN podría haberse basado en pruebas exageradas y que los efectos de la propia intervención militar de la OTAN podrían haber sido menos “humanitarios”.

Es precisamente por la ausencia de obligación de dar cuenta por parte de la OTAN que hay indecisión en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en cuanto a la emisión de una resolución firme sobre Siria. “A causa de la experiencia libia”, me contó en febrero el embajador indio en Naciones Unidas Hardeep Singh Puri, “otros miembros del Consejo de Seguridad, como China y Rusia, no dudarán en ejercer el veto si -y sólo si- se dicta una resolución que contemple acciones bajo el Capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas, que permite el uso de la fuerza y medidas punitivas y de coacción.

Crímenes contra la Humanidad


La sublevación libia empezó el 15 de febrero de 2011. El 22 de febrero el Jefe de Derechos Humanos de Naciones Unidas Navi Pillay alegó que se había matado a 250 personas en Libia, “aunque el número real es difícil de verificar”. No obstante, Pillay señaló que los “ataques extendidos y sistemáticos contra la población civil podrían constituir crímenes contra la humanidad”. Pillay emuló al Representante Permanente de Naciones Unidas en Libia Ibrahim Dabbashi que se había aliado con la rebelión y alegó que “Gadafi había iniciado el genocidio contra el pueblo libio”. Muy pronto los líderes mundiales intercambiaron los dos conceptos “genocidio” y “crímenes contra la humanidad”. Estos conceptos crearon un clima donde las fuerzas de Gadafi o ya mataban indiscriminadamente a muchísimas personas o estaban preparándose para una masacre de las proporciones de la guerra de Ruanda.

Un trabajo valiente realizado el año pasado por parte de Amnesty International y Human Rights Watch y el informe de 2012 de Naciones Unidas desmienten este criterio (igual que mi libro Arab Spring, Libyan Winter de AK Press ) que analizan los acontecimientos diarios y señalan dos cosas: que los dos bandos utilizaron una violencia excesiva y que los rebeldes parecían tener el control del conflicto debido a que las fuerzas de Gadafi podían retomar las ciudades pero no mantenerlas.

El informe de Naciones Unidas se centra mucho más en los crímenes cometidos sobre el terreno. Éste es el tipo de pruebas forenses que aparecen en el informe:

En la base militar y el campamento de detención de Al Qalaa. “Testigos y la fiscalía local descubrieron los cadáveres de 43 hombres y adolescentes con los ojos vendados y las manos atadas detrás de la espalda.” Las fuerzas de Gadafi los habían matado. Para Naciones Unidas muchos de estos incidentes, junto con el bombardeo indiscriminado de artillería pesada, representan crímenes de guerra o contra la humanidad.
“Se informa que más de una docena de soldados de Gadafi recibieron un tiro en la nuca por parte de los thuwar (combatientes rebeldes) en torno al 22/23 de febrero de 2011 en un pueblo entre Al Bayda y Darnah, hechos corroborados por imágenes captados por teléfono móvil.” Tras una relación exhaustiva de muchos incidentes de este tipo y del uso de artillería pesada contra ciudades como Sirte, el informe de Naciones Unidas sugiere la preponderancia de evidencia del crimen de guerra de asesinato o contra la humanidad.

No hay ninguna mención de genocidio en el informe y ninguna de una masacre civil organizada. Esto es importante porque la Resolución 1973 de Naciones Unidas que autorizó la guerra de la OTAN se realizó bajo la premisa de “los ataques extendidos y sistemáticos que tienen lugar en Al Yamahiria Árabe Libia Popular Socialista contra la población civil” que “pueden constituir crímenes contra la humanidad”. No hubo ninguna mención en la Resolución 1973 de la violencia desproporcionada de los thuwar contra la población pro Gadafi (de la que ya se había informado en al-jazeera antes del 19 de febrero), un hecho que podría haber hecho reflexionar a Naciones Unidas cuando permitió a la OTAN intervenir en el conflicto a favor de los rebeldes. Los bombardeos partidistas de la OTAN permitieron a los rebeldes tomar el país más deprisa de lo que lo hubieran hecho en una guerra más prolongada, pero también les dieron carta blanca para continuar con sus propios crímenes contra la humanidad.

Con el respaldo de la OTAN estaba claro que nadie iba a investigar debidamente el comportamiento de los rebeldes ni permitir el procesamiento por crímenes contra la humanidad. Este tipo de violencia por parte de los aliados no se investiga nunca, como se demostró después de la Segunda Guerra Mundial cuando, por ejemplo, no hubo ninguna valoración del bombardeo criminal de Dresde. No extraña que el informe de Naciones Unidas indique que los miembros de la Comisión están “profundamente preocupados porque no se ha realizado ninguna investigación o procesamiento por las matanzas cometidas por los thuwar”. Ni es probable que se haga. En este momento hay más de 8.000 combatientes pro Gadafi en las cárceles libias. No hay ningún cargo contra ellos. Muchos han sido torturados y varios han muerto (entre ellos Halah al-Misrati, el locutor de la era Gadafi).

La sección del informe de Naciones Unidas sobre la ciudad de Tawergha es alarmante. Los thuwar de Misrata obligaron a los 30.000 residentes a salir de la ciudad. El sentimiento general entre los thuwar de Misrata era que el régimen de Gadafi había dado a los habitantes de Tawergha un tratamiento preferencial, una alegación que disputan éstos. La carretera entre Misrata y Tawergha se pobló de pintadas, tales como “Brigada para depurar a los esclavos de piel negra”, que indica la limpieza étnica de la ciudad. El apartado sobre Tawergha ocupa 20 páginas del informe. Es una lectura escalofriante. Los habitantes de Tawergha dijeron a la Comisión “que durante los ‘interrogatorios’ se les golpeó, se les echó cera caliente en los oídos y se les exigió confesar haber realizado violaciones en Misrata. Se informó a la Comisión que a un hombre se le echó gasóleo caliente por la espalda y luego se le prendió fuego; al mismo hombre se le tuvo encadenado durante 12 días”. Y estos hechos continúan. El número de muertos no está claro. Se trata mal a los refugiados en su camino hacia Benghazi y Trípoli.

Para la Comisión los ataques contra los habitantes de Tawergha durante la guerra “constituyen un crimen de guerra” y los que han sucedido desde entonces “infringen el derecho internacional de derechos humanos” y constituyen un “crimen contra la humanidad”. A causa de las “actuales dificultades a que se enfrenta el gobierno libio” concluye la Comisión, es improbable que el gobierno pueda traer justicia a los habitantes de Tawergha y menoscabar la “cultura de impunidad que caracteriza los ataques”.

Los crímenes de la OTAN

En los últimos meses, los rusos han pedido una investigación en condiciones, a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del bombardeo de Libia por parte de la OTAN. “Hay una gran desgana para llevar esto a cabo”, me comentó el embajador indio en Naciones Unidas. Cuando los Estados de la OTAN en el Consejo de Seguridad clamaban por la guerra en febrero y marzo de 2011, se celebraron las discusiones en sesión abierta. Después de la aprobación de la Resolución 1973 y desde que terminó la guerra, los Estados de la OTAN sólo han permitido debatir sobre Libia en sesión cerrada. Cuando Navi Pillay habló sobre el informe de Naciones Unidas, sus comentarios no se hicieron públicos.

De hecho cuando se hizo aparente a la OTAN que la Comisión de Naciones Unidas quería investigar su papel en la guerra de Libia, Bruselas se opuso. El 15 de febrero de 2012 el asesor legal de la OTAN Peter Olson escribió una carta enérgica al Presidente de la Comisión. La OTAN aceptó que el régimen de Gadafi “cometió graves infracciones del derecho internacional” que condujeron a la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad. Pero no fue aceptable ninguna mención de las “infracciones” de la OTAN durante el conflicto.

“Estaríamos preocupados, sin embargo, si los ‘incidentes de la OTAN’ se incluyeran en el informe de la Comisión al mismo nivel que los incidentes que sí infringieron el derecho internacional o constituyeron crímenes en opinión de la Comisión. Señalamos a este respecto que el mandato de la Comisión es discutir ‘los hechos y las circunstancias de… las infracciones y los crímenes perpetrados’. De la misma manera pediríamos que en el caso de que la Comisión decida incluir una discusión de las acciones de la OTAN en Libia, el informe afirme claramente que la OTAN no tuvo como objetivo deliberado a los civiles y no cometió crímenes de guerra en Libia.”

En su favor la Comisión sí discutió los “incidentes” de la OTAN. Sin embargo hubo algunos problemas objetivos. La Comisión alegó que la OTAN realizó 17.939 misiones de combate en Libia. La OTAN afirma que realizó “24.200 misiones, lo que incluye 9.000 misiones de ataque”. La diferencia entre las dos cifras no se analizó ni en el informe ni en la conferencia de prensa posterior. La Comisión señala que la OTAN sí realizó varios ataques sobre zonas civiles (como Majer, Bani Walid, Sirte, Surman, Souq al-Juma) además de zonas que la OTAN alega que fueron “nódulos de mando y control”. La Comisión no encontró ninguna “evidencia de tal actividad” en estos “nódulos”. La OTAN cuestionó tanto las muertes civiles como las dudas de la Comisión sobre estos “nódulos”. Como la OTAN no quería cooperar con la Comisión, la investigación “no pudo determinar, por falta de suficiente información, si los ataques se basaron en inteligencia incorrecta o no actualizada y por tanto si cumplían el objetivo de la OTAN de tomar las precauciones necesarias para evitar bajas civiles”.

Tres días después de hacer público el informe en el Consejo de Derechos Humanos, el Jefe de la OTAN Anders Fogh Rasmussen negó las conclusiones anodinas sobre la OTAN del informe. Y luego Rasmussen, en un golpe de efecto, dijo que estaba satisfecho con las conclusiones del informe de que la OTAN “había efectuado una campaña altamente precisa, con una determinación demostrable para evitar bajas civiles”. No existe tal conclusión. El informe es mucho más discreto y se interesaba demasiado por la falta de información como para hacer una declaración clara sobre los bombardeos de la OTAN. La OTAN había realizado su propia investigación pero no presentó sus datos a la Comisión de Naciones Unidas.

El 12 de marzo el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon afirmó en el Consejo de Seguridad que estaba “profundamente afectado” por los abusos de derechos humanos en Libia, lo que incluye a los más de 8.000 prisioneros encarcelados sin juicio (entre ellos Saif al-Islam Qaddafi, quien de acuerdo con la lógica de la OTAN tenía que haber sido trasladado a la Haya. Pocos cuestionan esta parte del informe. La tensión creada dentro del Consejo de Seguridad es debida a la parte que concierne a la OTAN. El 9 de marzo Maria Khodynskaya-Gole Nishcheva de la misión rusa de Naciones Unidas en Ginebra señaló que el informe de Naciones Unidas omitió explorar las muertes civiles causadas por la OTAN. “Desde nuestro punto de vista, durante la campaña de la OTAN se cometieron muchas infracciones del derecho internacional y de derechos humanos, entre ellos el más importante, el derecho a la vida.” El 12 de marzo el Ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov acusó a la OTAN de “bombardeos masivos” sobre Libia. Fue en respuesta al comentario de Lavrov que el portavoz de Ban, Martin Nesirky, apuntó que Ban acepta “la conclusión general del informe de que la OTAN no tenía a los civiles como objetivo deliberado en Libia”.

La OTAN es reacia a permitir una investigación completa. Cree que lleva la ventaja y que Libia es la demostración de cómo Naciones Unidas utilizarán ahora a la OTAN como su brazo militar (o cómo los Estados de la OTAN podrán utilizar a Naciones Unidas para ejercer su poder). En el Consejo de Seguridad, señala Rasmussen, “Brasil, China, India y Rusia se hicieron conscientemente a un lado para permitir la actuación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” y “no pusieron su poder militar a disposición de la coalición”. La OTAN no tiene rival. Es por esto que los rusos y los chinos no quieren aprobar ninguna resolución de Naciones Unidas que implique la intervención militar. Temen que la caja de Pandora se abrió con la Resolución 1973.

Fuente: http://www.jadaliyya.com/pages/index/4700/investigations-around-libya_natos-craven-coverup-o

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=146742