Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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domingo, 25 de septiembre de 2011

Tengo miedo.

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Tengo miedo de observarme y ser testigo de tantos cambios que antes parecían impensables con mi forma de ser y estilo de vida.

Tengo miedo, porque esta no es la manera que los demás esperan, necesitan o quieren de mí.

Tengo miedo, porque ser como soy, implica quedarme sola en muchos aspectos en los que necesito compañía.

Tengo miedo, porque antes era muda y ahora puedo decir y escoger lo que pienso y siento.

Tengo miedo, porque si soy testigo de alguna injusticia lucharé por los derechos míos o ajenos aún a costa de que pierda mi empleo, la salud o la libertad.

Tengo miedo, porque no quiero ser una más del montón, de los que viven en un mundo lleno de apariencias, vacuidad, mediocridad.

Tengo miedo, porque cada vez que los medios de comunicación me obligan a consumir publicidad cargada de morbo y sensualidad a cambio de ¨informarme¨ o ¨soslayarme¨ con alguna película o documental de mi interés, comienzo a reclamar y a decir a viva voz: Qué asco! mientras los demás me observan sin lograr comprender en dónde está el escándalo si ya todo esto es tan ¨normal¨ y yo debiera estar ya acostumbrada a todo ello.

Tengo miedo, porque hace tiempo dejé de comprar los periódicos de los que estoy hastiada por sus portadas plagadas de mujeres desnudas y de su contenido en el cual el 90% se lo dedican a crímenes, asaltos, violaciones y sexo; mientras que el arte o la cultura no aparece y si se encuentra algo es a costo de tener que comprar y por lo tanto, fomentar lo primero que odio y detesto.

Tengo miedo, porque ya no me gustan las canciones estúpidas, llenas de letras lujuriosas y sentimentaloides hechas con el claro afán de fomentar conductas ilícitas para hacerlas parecer lícitas y convertirlas en éxitos instantáneos, mientras que ahora YO ESCOJO lo que quiero ver, escuchar y leer.

Tengo miedo, porque no soporto las telenovelas en las que siempre la trama está basada en una pareja de amantes infieles que tienen que luchar contra viento y marea para permanecer juntos, mientras los co-protagonistas crean planes perversos llenos de mentiras y crueldad, enseñando a delinquir a los que no saben cómo ya que en mi país siempre hay alguna telenovela de moda y el que no la ve es catalogado como un anticuado que no sabe de lo que se está perdiendo, hasta los padres de familia y actividades importantes deben ajustar sus horarios para que no nos ¨perdamos¨ del último y estúpido capítulo.

Tengo miedo, porque no puedo imaginarme regresar a mi forma anterior de vestimenta en la cual tenía que mostrar el escote, las piernas y hasta lo que no tengo, para ser tomada en cuenta dentro de esta sociedad y no ser motivo de burla, multas, cárcel o escarnio por andar recatada y decente.

Tengo miedo, porque antes el físico me importaba sólo para competir con la apariencia del resto, pero ahora lo crucial es ser una persona saludable en cuerpo y alma para dar batalla a cualquier injusticia de la que sea testigo.

Tengo miedo, porque el que no se emborracha hasta la inconsciencia, fuma o usa cualquier droga sintética es considerado por mi sociedad como un ¨retrasado¨ que no sabe de lo que se está perdiendo mientras que mi mayor vicio es leer y escribir para permanecer constantemente informada de lo que sucede dentro de mi entorno y fuera de él.

Tengo miedo, porque si soy testigo de algún delito, mi consciencia me obliga a reaccionar y a tratar de defender o hacer algo por la víctima aún a costa de que peligre mi vida, sin que me importe saber que quienes continúan sus caminos indiferentes mascullan que si algo malo me sucede es sólo resultado de mi estúpida intromisión.

Tengo miedo, porque a diario recibo testimonios de mujeres agredidas tanto física y psicológicamente por sus familiares más cercanos y todavía no he podido concretar alguna ayuda real para la mayoría de ellas.

Tengo miedo, porque en cualquier trabajo siempre me esfuerzo por dar lo mejor y más de lo que me piden, aunque ello implique que los demás compañeros se acerquen a pedirme que ¨por favor no los haga quedar mal a ellos¨ porque a propósito escogen un ritmo más lento e irresponsable de trabajo y si no acepto el compás de vagabundería al que ellos están acostumbrados, me discriminan por ganarme el salario de forma honesta.

Tengo miedo, porque quiero volver a casarme a pesar de que en el pasado he tenido que divorciarme de varones agresores de los que en alguna ocasión casi me mata a palos o simplemente asesinaron mi autoestima haciéndome creer que merecía tratos injustos y degradantes sólo porque yo debía estar agradecida de que ellos me habían alzado a ver y aún así, no perdí jamás la esperanza de encontrar a algún hombre de verdad que me valore y acepte todos mis errores porque mis pocas virtudes valen la pena.

Tengo miedo, porque este deseo de querer rehacer mi vida en pareja implica que las personas que me conocen se burlen de mí y murmuren en público o privado que soy una mujer ¨caliente¨ que no puede estar sin ¨hombre¨.

Tengo miedo, porque ya no me importa que otros me consideren una mujer sucia y escandalosa, la ¨vergüenza de la comunidad¨; si lucho por mis derechos y hablo por los que no pueden hacerlo por miedo o vergüenza.

Tengo miedo, porque ya me tiene sin cuidado que mis detractores me consideren una mujer cochina cuando llega algún mendigo a casa y le doy de comer en mi propio plato, ya que muchos consideran que compartir estas cosas que antes me guardaba con ustedes, es sólo una muestra más de cuán engreída soy.

Tengo miedo, porque ya no puedo dejarme algún dinero extra que me hayan dado por equivocación, o apoderarme de algo que encuentre si después sé quién es el dueño, lo cual me obliga a devolvérselo aunque tal vez yo necesite más que esa misma persona lo que he devuelto, aún sabiendo que en la mayoría de las ocasiones el dueño ni siquiera será capaz de dar las gracias.

Tengo miedo, porque ya no me importan las miradas de reprobación de los demás si espontáneamente realizo alguna acción innoble, como juntar la basura que otro dejó botada, o por no querer dejar sobras en el plato del restaurante y recogerlas para llevarlas a casa y consumirlas después, porque recuerdo que ha habido momentos en los que no he tenido nada para comer y un solo grano de arroz me habría saciado o de que hay tantos que se salvarían si yo les pudiera hacer llegar eso que otros consideran simples desechos.

Tengo miedo, porque quisiera que mi vida no acabe tranquilamente recostada en mi cama despidiéndome de mis seres queridos sin haber luchado lo suficiente, sin haber dicho todo lo que se agolpaba en mi pecho, sin haberlo dado todo.

Tengo miedo, porque haber cambiando tanto, porque si bien antes, guardaba todo estos sentimientos en mi corazón, ahora los expreso y los publico ya que imagino que tal vez a alguien en algún remoto lugar, le han de servir de motivación o por lo menos se sienta compinche o por el contrario, me acompañe en mi dolor.

Tengo miedo, porque cada día quiero superarme y eso me exige muchas veces un esfuerzo físico y mental que me sobrecoge y abruma.

Tengo miedo, porque a pesar de que cometo tantos errores, cuando soy consciente de ellos trato de rectificar y de restaurar el daño que hice.

Tengo miedo, porque no he podido disculparme con todos las personas a la que herí consciente o inconscientemente en el pasado y a los que tal vez la vida no me dará la oportunidad de volver a ver para tratar de enmendar mi falta.

Tengo miedo, porque en alguna ocasión fui testigo de injusticias y me quedé callada para salvar mi pellejo y ahora soy consciente de que ese tiempo ya pasó y no regresará jamás.

Tengo miedo, porque por mi estupidez e ignorancia algunos animales que consideré mis mascotas, murieron por no saber cuidarlas y ahora prefiero no tener ninguna antes que ser culpable de maltrato a cualquier ser vivo.

Tengo miedo, porque veo que mi país está sin rumbo, lleno de corrupción y ya no tengo vergüenza de querer hacer algo aunque sea desde la política para tratar de ayudar de alguna forma a reparar el daño que sentimos y que nos tiene resentidos en todo sentido.

Tengo miedo, porque perdí el temor de ser señalada por la gente ¨normal¨ como ¨la loca¨, ¨la ridícula¨, ¨la anticuada¨, ¨la que quiere llamar la atención¨.
Tengo miedo, porque ya no me importan las miradas o comentarios de reprobación.

Tengo miedo, de ya no sentir miedo.

Rashida Jenny Torres
Musulmana Costarricense