Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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sábado, 20 de agosto de 2011

Yo le tenía terror a la marihuana, la probé, me sanó y la dejé.

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Cuando era niña, fui abusada sexualmente por alguien que mezclaba el uso de la marihuana con el alcohol.

Durante 40 años de mi vida el olor de la marihuana me erizaba y aterrorizaba de tal forma que entraba en una especie de shock nervioso debido al trauma. Me salía de mis cabales y no podía pensar racionalmente hasta que el olor y sus consumidores desaparecieran de mi presencia y sentidos.

Hace unos tres años, mi presión arterial estaba al máximo y desarrollé fibromialgia, una enfermedad muy dolorosa que no tiene una cura en específico.

Tanto la una como la otra, menoscaban partes esenciales de mi estilo y calidad de vida.

No había medicinas, ni tratamiento que aliviaran mis dolencias, por el contrario, las medicinas que me recetaban si bien por un lado aminoraban algunos síntomas, empeoraban o creaban otros nuevos.

Al final, terminaba el día llena de pastillas, casi sedada, con mi estómago destrozado e igual o peor que antes de tomar la cura para estas enfermedades. Sin contar claro está, el gasto económico exagerado que implicaba estar pagando especialistas y medicinas con precios por las nubes.

Mi esposo argentino de ese tiempo, ya me había recomendado y hablado de la marihuana y de su inocuidad, pero siempre me resistí, creí que solamente quería convencerme de que la probara tal y como ya lo había hecho con sus otras ex-parejas y de que yo iba a cometer un ¨gran pecado¨ puesto que jamás había probado ningún tipo de droga (ilícita por estos rumbos).

Un día, me armé de valor, él me dio todas las instrucciones necesarias para consumir la cantidad correcta y bajo su estricta vigilancia en un lugar apartado la fumamos. En alguna de las otras ocasiones sólo la ¨comí¨, porque yo definitivamente no aprendí o no puedo fumar.

Jamás en mi vida había tenido una regresión de ese tipo. Me sentí ¨niña¨ otra vez, completamente pura, tranquila, en paz, sin mancha.

En los cuatro años en los que estuvimos casados no la consumí más de 10 veces en total, mi presión arterial se reguló, los síntomas de la fibromialgia desaparecieron y jamás sentí la necesidad imperiosa por consumir más o la sensación de no poder abandonarla.

NUNCA perdí la conciencia y lo único que cambiaba mientras estaba bajo ¨sus efectos¨ fue que mis oídos desarrollaron hiperacusia (Aumento exagerado de la sensibilidad auditiva).

El sentido del tacto se hizo más profundo y la comida o cualquier cosa que hiciera o consumiera en ese momento tenían un sabor y un significado inmejorable.

Mis hijos jamás notaron absolutamente nada diferente en mi forma de ser o de actuar y de hecho, se van a dar cuenta sólo por esta nota de que yo la consumí, pues jamás mi estado natural cambió como para que ellos sintieran que su madre estaba drogada.

Confieso que sólo en tres ocasiones ¨vi¨ cosas que aunque yo sabía que no eran ciertas, me impactaron gratamente, por ejemplo: Vi a mis padres felices, de la mano sonriéndome (mi padre ya está muerto y jamás estuvieron ni felices ni sonrientes en compañía el uno del otro), vi al Che Guevara formándose en una especie de caleidoscopio con hojas de la copa de un gran árbol y por último, observé árboles que se convirtieron en caballos y se fueron galopando.

La sensación de estar pura tardaba al menos una semana en desaparecer, me hacía recordar cómo era que yo me sentía cuando era una niña libre de pecados.

Hace más de un año fue la última vez que la consumí y de lo único que me lamento es de no poder consumirla de vez en cuando de nuevo, porque la fibromialgia y la presión arterial alta han regresado a azotar mi cuerpo.

No la puedo consumir no porque no quiera, sino porque siento que es un acto muy íntimo y hasta espiritual, por la forma en la que uno se siente parte de un todo y en este momento, no tengo el tiempo ni el deseo de consumirla sola.

Sólo después de esto, pude entender tantas cosas: la manipulación y mentiras que nos dicen sobre la marihuana.

Pensar que EEUU la satanizó para poder cambiar y ganarle a la industria del cálamo (marihuana) por la industrialización del anti- ecológico y aberrante medio de fabricar papel con árboles, sin olvidar los millones de millones de dólares que ganan las farmacéuticas por recetarnos y producir sus medicinas químicas y ¨legales¨ aunque tengan todos los efectos secundarios más dañinos del mundo.

Ya en varios países y Estados se permite su uso con fines terapéuticos porque 193 millones de consumidores responsables sabemos de lo que hablamos.

Sin embargo, la mayoría de puritanos e ignorantes o abusadores siguien siendo sus máximos detractores.

La marihuana es inocua. El agua también.

La marihuana es barata, te hace pensar, te hace sentir bien, y si la consumes con moderación, ni falta te hace...Mmmm que Allah me perdone, porque ustedes jamás me lo van a perdonar.

Ahora, cuando por casualidad me llega su olor, ya no siento pánico, sino que entiendo cómo mezclarla con alcohol u otras drogas y abusar de ella puede crear monstruos, como con cualquier otra cosa en la vida. También recuerdo cómo me ayudó y cómo le ayuda a tanta gente y cómo podría ayudarme de nuevo si algún día la volviera a consumir responsablemente.

Siento mucho a todos los hermanos, amigos y familiares que vaya a decepcionar y que voy a perder a partir de ahora, pero no me puedo engañar a mi misma y guardar esta verdad, no es mi estilo. Astagfirullah.


Rashida Jenny Torres

Musulmana costarricense