Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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martes, 12 de julio de 2011

El ateísmo.

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Autor: Abdennur Prado - Fuente: Webislam

¿Y si el ateísmo occidental no fuera más que el rechazo de la idolatría cristiana (la idea de que Dios tiene un Hijo y que se ha encarnado en un personaje histórico)?


¿Qué es el ateísmo?


Hace unos años un musulmán sevillano, Abdelmumin Aya, publicó un libro titulado Islam para ateos, con la extraña tesis de que el islam podía ser comparado en muchos sentidos con el ateísmo, pero difería de forma radical del cristianismo. A raíz de la publicación de un texto sobre Nietzsche, un lector me pregunta ahora por la publicación en Webislam de autores que se declaran abiertamente ateos. ¿Cómo es posible que autores musulmanes citen como referencia intelectual a autores ateos? ¿Cómo es poisble que una web islámica fomente el ateísmo? Este texto es tan solo una nota sobre el tema, apenas para tratar de mostrar que las cosas a veces no son lo que parecen, y que entre el blanco y el negro existe toda una gama de tonalidades.

De entrada, la pregunta es por supuesto tan sectaria como pobre. La búsqueda del conocimiento no admite este tipo de límites, y no cabe duda de que muchos autores ateos están entre los más grandes pensadores de los últimos dos siglos, en especial en occidente. Personalmente, tengo un serio problema con la literatura islámica a la que tengo acceso: me parece de una pobreza desoladora, apenas pasa de la mera apologética, reveladora del complejo de inferioridad de los autores, deseosos de demostrar a los occidentales que el islam es bueno, bonito y barato, que es inocente de las barbaridades que le achacan. No conozco ningún autor musulmán contemporáneo que pueda compararse con los Ernst Bloch, Bataille, Foucault, Agamben... por citar unos pocos nombres.

Por otro lado, el ateísmo es un fenómeno complejo, digamos que tiene muchos rostros. Sin ánimo de hacer una clasificación académica, diferencio tres tipos de ateísmo. Primero: existe un ateísmo ilustrado y reactivo hacia las religiones institucionalizadas, que surge del rechazo del dogmatismo, como reivindicación de la razón y la independencia del ser humano de cualquier tutela religiosa. Está relacionado con el materialismo y con el escepticismo. Segundo: existe un ateísmo romántico, que en ocasiones adopta los rasgos de lo demoníaco: el del ego en rebeldía contra un Dios represivo de la sexualidad, al cual desafía. Se asocia con las ansias de libertad de un ego que se cree soberano, principio y fin de la existencia. Aquí podríamos incluir a los libertinos. Tercero: existe un ateísmo que no implica el rechazo de la dimensión espiritual de la existencia, sino el rechazo del 'concepto Dios', al cual considera limitado, incluso como un impedimento. Este ateísmo es en realidad una denuncia de la idolatría religiosa. Aquí podemos incluir a muchos artistas ebrios de absoluto, así como a un cierto misticismo a-religioso.

Existe una alta espiritualidad en muchos pensadores calificados comúnmente como ateos. Su ateísmo se presenta como un espacio de duda, de retraimiento ante las imágenes de Dios. Cuando hablamos de imágenes, no nos referimos únicamente a iconos o ídolos, sino también a imágenes mentales, conceptos o dogmas mediante los cuales se ha tratado de explicar (dominar) lo inexplicable.

Muchos ateos simplemente rechazan una idea infantil de Dios, concebido como un señor todopoderoso y bastante tiránico sentado en un trono, que decide el destino de las gentes y permite toda clase de atropellos. A esta negación sin duda contribuye la connivencia de los hombres de religión con el poder, y la larga historia de injusticias cometidas en nombre de Dios. El ateo se enfrenta a estas realidades y ha decidido ponerle fin. Ha decidido no dejarse engañar más por los hombres de religión al servicio del poder. ¿Quién se lo puede reprochar? Gracias a la crítica atea, la religión se repiensa a sí misma y se obliga a una autocrítica sobre algunas de las patologías generadas a lo largo de la historia.

El problema del ateísmo es que es puramente negativo: necesita negar a Dios para afirmar al ser humano. Pero para negar la existencia de Dios tiene que haberse hecho una noción de lo que es Dios. En concreto, creo que el ateísmo lo que niega es el 'Dios personal', y con esto coincide con determinadas religiones. Para que sea posible el ateísmo, Dios debe ser concebido como algo que pueda ser aceptado o rechazado, es decir: como una imagen o una cosa o un ente, o una esencia, o un Ser o una substancia... Esa es la denuncia de un Heidegger, alguien que rechazó la doctrina tradicional de Dios como Ser Supremo por constituir una idolatría de corte metafísico (aunque Heidegger rechazaba como infantil el ateísmo).

Lo central de las religiones es Dios, pero no la idea de Dios, ni la palabra Dios, ni el modo de adorarLo. Un ateo puede desterrar de su vida el Nombre, pero puede seguir afirmando la unicidad de lo existente, el hecho de que todo está conectado y regido por la ley de la compasión universal. Un ateo puede afirmar valores que son típicamente religiosos, como la fraternidad, la hospitalidad, la paciencia, la generosidad, la solidaridad… Así pues, ¿qué es entonces lo que nos separa? ¿La palabra Dios? Cuando alguien rechaza tener a Al-lâh como objeto de sus anhelos, es que no sabe lo que es Al-lâh.

Resulta sorprendente darse cuenta de como los musulmanes coincidimos plenamente en el rechazo de esta noción de la divinidad como un Dios personal. Desde el punto de vista islámico negar cualquier definición de Dios es pertinente. Los musulmanes decimos Al-lâhu Akbar: Dios es más grande. Más grande que cualquier cosa que se pueda decir, pensar u afirmar de Él. Es una Realidad inabarcable para el ser humano, la propia estructura viviente de las cosas, el fundamento de todo cuanto existe, la misericordia que hace surgir vida de la tierra muerta fertilizada por la lluvia. Negar a Al-lâh equivale a negar la propia existencia de las cosas. Un musulmán lee en el Corán que "Dios es la Luz de los cielos y la tierra". Leemos que Dios es el Evidente. Dice el Corán: mires donde mires, ahí está la faz de Dios. Dios es el Sutil, la Realidad, la Paz, el Dador de la vida y de la muerte. ¿Qué sentido tiene negar lo que es Evidente en si mismo? Si Dios no es codificable, ¿cómo podemos rechazarlo? El musulmán dice: si puede ser rechazado por la mente, no es Al-lâh. Por tanto, el ateísmo se sitúa en el camino del islam, como proceso destructor de ídolos de Dios.

Desde el punto de vista del islam tradicional el ateísmo parece absurdo. Dios es la misma Realidad, la propia verdad de las cosas, y nadie en su sano juicio negaría que exista la Realidad, la Luz o la Misericordia, tres de los Nombres de Dios en el Corán. Se puede negar a Dios si se lo reduce a algo exterior a la existencia, pero no si se lo vive como el centro generador de la existencia.

Cabe preguntarse: ¿y si el ateismo occidental no fuera más que el rechazo de la idolatría cristiana (la idea de que Dios tiene un Hijo y que se ha encarnado en un personaje histórico)? En este caso, se confirmaría el aforismo de un musulmán andaluz: un ateo no es sino alguien que ha empezado a pronunciar la shahada: ha dicho la ilaha, no hay dioses. Ahora solo le falta decir: ila Al-lâh, la Realidad es Una y no puede ser representada.

El ateo suele tener una imagen infantil de Dios, pero negar esta imagen no es negar a Al-lâh. Mientras más avanzo en mi deseo de conocer a Dios, Dios se me escapa. Mientras más me aproximo más Luz recibo de Él, pero al mismo tiempo se me hace insondable, misterioso. La paradoja es que se trata de un no saber que irradia una ternura que pide ser nombrada, que exige de nosotros la alabanza. Alabamos a Dios, nos orientamos hacia Él, pero nada sabemos. Se trata en definitiva de una experiencia de Dios, que ningún dogma o definición puede captar, pues esta más allá de toda representación. Incluso diría que ante esta experiencia del creyente ante el misterio de la existencia, la propia idea de Dios es secundaria, como lo es el hecho de creer o no creer. Como decía Abul Yazid Bistami: "quien conoce a Dios, no dice ‘Dios’."



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