Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

99 nombres de Allah

Islam y Musulmanes de Costa Rica

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sábado, 12 de marzo de 2011

Prohibida la entrada a esta mezquita.

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¿Hay alguien que sea más impío que quien impide que se mencione Su nombre en las mezquitas de Allah y se empeña en arruinarlas? Oh Hombres así no deben entrar en ellas sino con temor. ¡Que sufran ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra!

Hace 9 años alhamdulillah acepté el Islam como mi fe y estilo de vida, no tenía idea de cuánto podía tardar en ¨encontrar¨ una mezquita en mi país.

Gasté dos años! No existían números de teléfono, rótulos o un solo edificio o alguien que supiera indicarme en dónde podía haber una. Ni siquiera sabía si habían musulmanes en Costa Rica.

Fue un hermano egipcio que me indicó que por medio de Islamic Finder existía la posibilidad de hayar el lugar, él mismo me dio un número telefónico y ese mismo día llamé.

Casi me muero de la emoción, me contestó un señor que me indicó que podía asistir en cualquier momento. Le tomé la palabra y ese mismo día después del trabajo fui.
Apenas observé el edificio supe que ahora en adelante ESE iba a ser el lugar en el que por fin podría saciar mi sed de alabar a Allah en congregación.

Cuando entré, respiré un aire que jamás había inhalado en ningún otro lugar, me sentí pura, limpia, plena y por qué no ¨oxigenada¨.

Inmediatamente comencé a asistir a las clases de idioma árabe y de Islam que él impartía. Aprendí a leer y a escribir árabe y ¨devoré¨ todos los libros de hadices y fiqh que me obsequió.

Al cabo de unos meses el amable y respetado sheikh me pidió como esposa. Yo acepté encantada suponiendo que con ningún otro musulmán podía estar más segura que con él, un hombre religioso y de palabra.

No fue así, el ¨amable¨ sheikh casi me mata a golpes estando yo embarazada, tanto así que a los siete meses y medio de embarazo, por sus golpizas, me rompió la bolsa de líquido amniótico y tuvieron que sacarme a mi hija de emergencia por medio de operación cesárea con anestesia epidural porque ya no daba tiempo para nada más.

Fue entonces cuando la directiva de la mezquita le recomendó al ¨amable sheikh¨ que me acusara él de agresión doméstica, así lo hizo y yo fui echada de la mezquita en la que vivíamos escoltada por policías, con mi bebé en brazos, sin dinero y sin apoyo de mi familia que me había desconocido como tal cuando acepté el Islam.
Tuve que vivir en un albergue para la mujer agredida hasta que encontré trabajo y reinicié mi vida.

Me prohibieron volver a entrar a la mezquita ¨para siempre¨, puesto que yo era una ¨verguenza¨ dentro de la comunidad islámica costarricense.

Denuncié en algunos foros en internet, que la mezquita era administrada como un club social privado para árabes y que menospreciaban a los musulmanes pobres o de origen latino.

Durante seis años, pedí perdón por haberlos ¨agraviado¨, rogué y supliqué que me permitieran regresar, pero el musulmán de origen palestino y ginecólogo de profesión que preside la junta directiva de la mezquita envió a decir en todas las ocasiones y con todas las personas con las que le envié a pedir la entrada lo mismo: primero muerto, antes que permitirle la entrada a esa sucia mujer.

Pasé seis años llorando el sagrado mes de Ramadán completo, por no poder asistir al salat at-tarahui, por que me privaran escuchar entera la recitación del sagrado Corán, por no instruirme con las jutbas de cada viernes en el jumoa.

Comencé a buscar opciones para encontrar apoyo en alguna organización que quisiera ayudarme a construir otra mezquita, han aparecido varios proyectos, pero nada se ha concretado todavía.

A pesar de que ya me había dado por vencida y estaba convencida de que jamás iba a regresar a ese lugar, algo cambió.

Mi pequeña hija, de seis años, ha comenzado a pedirme que la lleve a la mezquita.
Con qué argumentos le puedo explicar que sólo ella y yo no podemos entrar a la única mezquita que existe en nuestro país por haber denunciado las agresiones de las que tanto ella como yo hemos sido víctimas?

Un torbellino de furia, de indignación, de tristeza comenzó a gestarse dentro de mí.
Pero fue una hermana, la que sin querer me dio el último ¨empujón¨. Me llamó muy emocionada y al mismo tiempo preocupada preguntándome si ¨era correcto¨ asistir a la mezquita con una blusa de la cual sus mangas apenas llegaban un poco por debajo del codo.

Le di mi recomendación de que lo mejor era que tratara de taparse un poco con el hijab mientras asistía a la oración y después de que saliera de la mezquita.

Increíblemente fue hasta ese momento en que mi paciencia llegó a su límite.

Pensé en cómo era posible que una estimada hermana que ha hecho ingentes esfuerzos y hasta ha abogado para que me permitan regresar a la entrada, su ¨más grande preocupación¨ eran unos centímetros de tela mientras yo estaba en casa relamiéndome las heridas que me provocaba el sentimiento de injusticia e impotencia por haber sido privada de disfrutar la oración en comunidad.

Le pedí a Allah fuerza y valor, me encomendé a Él y ya nada podía parar el que me dirigiera a MI MEZQUITA, sí, porque las mezquitas son para y de Allah, no son propiedad exclusiva de los musulmanes ya que ni siquiera a un no musulmán se le puede prohibir la entrada a ellas.

Por lo tanto, aunque tenía miedo de que me mataran, tal y como ya me lo habían advertido en otras ocasiones, me dirigí a la mezquita, no sin antes enviarle un mensaje de despedida a los hermanos que sabían mi situación, explicándoles que ya no podía vivir más sin ejercer el derecho que Allah me otorgó de adorarle en todo momento y lugar y en especial los viernes en comunidad con el resto de hermanos musulmanes.

Entré silenciosamente a la mezquita, nadie me impidió la entrada y me dirigí rápidamente a la parte de atrás para las mujeres que está dividida por una cortina.
Ahí se encontraba la libanesa que hizo todo lo posible para que me echaran la primera vez y la hermana que estaba preocupada por el largo de las mangas de su blusa.

Antes de iniciar el jumoa, el ginecólogo se dirigió a la parte exclusiva para las mujeres para saludar de beso en la mejilla a la libanesa y ahí ella aprovechó para decirle que yo acababa de llegar y que me debían echar (él no me había visto).
Entonces, él se me acercó y me dijo entre dientes: ¨Vamos a hablar abajo!¨ (a la parte inferior).

Yo le respondí muy suave y tranquila: Sí señor, para qué será?

Y él me dijo ya con la voz más alta y los ojos desorbitados: Usted no puede estar en esta mezquita. Usted no tiene perdón de Allah porque usted dijo que esta mezquita era habitada por el diablo (jamás dije eso).

Le respondí levantando la voz pero sin gritar, para que los demás hermanos escucharan: yo ya le pedí perdón a Allah y a usted mismo por mis faltas, si soy una mujer sucia, eso sólo Allah lo sabe. Las mezquitas son para los pecadores, esta mezquita no es suya y yo no me voy a ir de aquí. (Mientras tanto la libanesa vociferaba que a ella también yo tenía que pedirle perdón). Le hice notar que yo llegué tranquila a la mezquita sin hacer ningún escándalo y que era él quien estaba haciendo problemas.

En eso se acercó el sheikh y un amable señor egipcio que me conoció desde que yo fui la primera vez a la mezquita y le dijeron al ginecólogo que por favor me dejara tranquila.

Se fue a la parte destinada para los varones diciendo: alhamdulillah, alhamdulillah...

Y yo me quedé ahí entendiendo la sensación que puede sentir alguien que ha sido acusado y condenado a muerte injustamente, después de que puede demostrar su inocencia al cabo de muchos años.

La sensación de paz, del deber cumplido fue extasiante. Le agradecí a Allah por premiarme con la bendición de escuchar el jumoa.

Cuando terminó el jumoa, quise esperar al señor egipcio para agradecerle el abogar por mi, me senté en un sofá en el que estaban las otras dos hermanas, entre ellas ¨mi amiga¨ y en cuanto me ubiqué junto a ellas, inmediatamente se levantaron para otro lugar, repeliéndome como si yo fuera la ¨peste¨ ambulante.

Le prometí al señor egipcio que inshallah algún día cuando el trabajo me lo permita llevaré a mi hija al jumoa y el señor asintió muy noblemente.

Me fui a comprar pan árabe a un hermano turco que aprovecha para venderlo ahí.
Y salí de la mezquita tal como entré, sin hacer escándalos, sintiéndome al fin libre y orgullosa de haber vencido mis propios temores y recordando que si queremos justicia para todo el mundo, tenemos que empezar por buscarla para nosotros mismos.

Sólo los designios de Allah podrán impedirme regresar a la mezquita, pero mientras tenga vida y esa sea la única que exista en el país, ya nadie me lo podrá impedir, sólo si ellos me matan.

No me enorgullezco de contar los ¨trapos sucios¨ de la comunidad islámica de mi país, pero lo hago completamente convencida de que es necesario denunciar estos lamentables, ignominiosos y repudiables hechos para incentivar a otros hermanos, pero sobre todo a las mujeres que en diferentes partes del mundo han sido víctimas de cosas parecidas o aún mucho peores. Astagfirullah.

El Profeta Muhámmad (que la paz y bendiciones de Allah sean con él) dijo:


"No impidáis a las siervas de Allah asistir a las mezquitas de Allah".



Rashida Jenny Torres
Musulmana Costarricense
Marzo 2011.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Assalam Alaikum hermana Rashida,

Me gustaría contactarte por email, para ofrecerte mi apoyo y el de mi comunidad.

Mi email es: salamenelmundo@yahoo.es

Saludos

Sr.Masis dijo...

Impresionante, pero no muy diferente a la realidad en el mundo católico ateo que vivimos hoy, una pregunta tu que has estudiado hadices en cual dice que los hombres y mujeres deben estar separados en la mezquita. Saludos.

Rashida Jenny Torres dijo...

Sr. Masís, le copio algunos hadices de un artículo que publicó hace un tiempo la hermana española Laure Rodríguez Quiroga:

He aquí algunos de los ejemplos de los derechos islámicos de las mujeres en relación a la mezquita (reconocidos por la Divinidad y por el Profeta Muhammed -PyB-):

* Las mujeres tienen el derecho islámico a acceder a la mezquita. Aquellas personas que nieguen su entrada, estarán contraviniendo con un derecho que Allah reconoce a las mujeres. Incluso el propio Profeta Muhammed (PyB) lo afirmó: “No prohibáis a las siervas de Allah el acudir a la mezquita” (transmitido por ibn Omar y por Abu Hurayra)
* Las mujeres tienen el derecho islámico a entrar por la puerta principal. La inclusión de una puerta secundaria no corresponde a los orígenes del Islam, sino a una tradición cultural que niega un derecho reconocido por Allah.
* Las mujeres tienen el derecho islámico a rezar en el musalla (oratorio principal) sin separaciones físicas (de cortinas o muros) y compartiendo el mismo espacio que los hombres.
* Las mujeres tienen el derecho islámico a acceder visual y auditivamente al musalla en igualdad de condiciones que los hombres. Privarlas el acceso, impide la obligación islámica de la búsqueda del conocimiento y de participar activamente en el desarrollo de la comunidad.
* Las mujeres tienen el derecho islámico a ocupar cargos de responsabilidad dentro de la mezquita y a formar parte del consejo directivo y/o de gestión.
* Las mujeres tienen el derecho islámico a participar plenamente en todas las actividades que se desarrollan en el marco de la mezquita en igualdad de condiciones que los hombres y sin necesidad de ningún tipo de separación.

No respetar estos y otros derechos, contravienen las órdenes de Allah y un incumplimiento de los derechos legítimamente reconocidos por el islam al género femenino.

http://www.webislam.com/?idt=17101

Rashida Jenny Torres dijo...

Por alguna extraña razón, se ha introducido una práctica que en absoluto corresponde a los inicios del islam: la creación de una segunda puerta de acceso destinada a las mujeres. Por mucho que se intentan buscar los textos islámicos que justifiquen esta práctica, solo se encuentra como respuesta su correspondencia a la tradición y a la costumbre de determinados países. Por lo tanto, de alguna u otra manera podríamos hablar de una “innovación” que no corresponde a los inicios del islam.

Una vez en el interior de las mezquitas, la separación de espacios para hombres y mujeres, a través de un muro, celosía o cortina suele ser otra característica que en absoluto puede justificarse a la llegada del islam hace catorce siglos. Si en los inicios del islam, se compartía el mismo espacio sin necesidad de separación física ¿por qué realizar innovaciones que excluyen a las mujeres de la participación en la musalla? No hay que olvidar, que la mezquita, es más allá de un espacio para la oración. En su interior, se debate, se congrega la comunidad para hablar sobre temas que afectan a la comunidad, se crean redes sociales y comunitarias, etc. En definitiva, la mujer tiene que estar plenamente integrada y con capacidad para debatir al igual que el hombre, porque el género feminino y el masculino, constituyen la mitad de la sociedad. Ese fue el ejemplo que el Profeta Muhammed (PyB) nos transmitió entonces, ¿por qué privarnos de ese derecho?

En conclusión, parece que las mezquitas se han convertido en espacios masculinos, donde no son bienvenidas ni las mujeres ni los niños (algunos centros incluso, llegar a prohibir la asistencia de niños durante Ramadan para no “perturbar” la oración de los hombres). Desgraciadamente, muchas mujeres aceptan estas reglas sin protestar, ni tan siquiera cuestionar si ésto se debe a una orden divina o más bien, como queda demostrado, a una imposición androcéntrica y terrenal.

Rashida Jenny Torres dijo...

O sea señor Masís, no hay ningún hadiz ni aleia del Sagrado Corán en el que se nos diga que las mujeres deben estar separadas de los varones en las mezquitas.
Es algo meramente cultural.

Esteban de Jesus Perez Barquero dijo...

No apoyo esa forma de actuar de esa comunidad, fue un completo irrespeto a usted señora Rashida, por lo mismo no me convertiría a una religión cuyo profeta nunca existió, sino que fue inventado para unir territorios en guerra y cuya invención fue justificada como una forma de unión de territorios conquistados, no creo que Allah, que se supone es amor y que es el mismo Dios de cristianos, judíos, musulmanes, budistas y tantos otros envíe un profeta a matar a los que piensan distinto, le recomiendo que abandone esa secta donde corre peligro su vida y todo en nombre de un profeta que NUNCA EXISTIO, ES UNA LEYENDA INVENTADA POR LOS MUSULMANES, la prueba está en como la trató su marido, y todo en nombre de una doctrina que a mi criterio atenta contra las buenas costumbres.