Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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miércoles, 16 de marzo de 2011

El Islam como excusa.

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Fotografía: M. Laure Rodríguez Quiroga

Existen prácticas atroces en el interior de algunas comunidades musulmanas contrarias a la esencia islámica

Autor: M. Laure Rodríguez Quiroga


Ayer, salía publicado un artículo titulado “Prohibida la entrada a esta mezquita” cuya autora, una musulmana costarricense relataba, cuando menos, una historia estremecedora y digna de un filme de terror. Quienes la conocemos más en profundidad, sabemos que su relato no es ni la punta del iceberg de un testimonio desgarrador de una mujer víctima de una violencia, no solo por parte de su expareja sino también, por el conjunto de una comunidad que se autodefine como musulmana.

Presupongo legítimo afirmar que la mayor parte de las personas se mostrarán insólitas ante un hecho de estas características y se preguntaran no sólo cómo es posible que suceda algo así, sino que además cuestionarán la connivencia de toda una comunidad ante una injusticia tan evidente.

Del relato de Rashida extraigo una primera reflexión que me parece imprescindible aclarar. Una cosa es el Islam y otra cosa, a veces bien distinta, son las personas musulmanas. Con esto quiero decir, que uno no se cruza por la calle con el Islam, sino que los distintos individuos que adoptan esta forma de vida no siempre siguen las directrices propias de la esencia islámica.

A pesar de que tanto el Corán como la Sunna son claros en regular la dignificación de la mujer, luchando para ello contra cualquier forma de discriminación, la práctica de determinadas personas o grupos supone la antítesis de un legado ético y moral que sustenta las bases de liberación del género femenino.

Acercarse a la aserción de esta mujer hace que me muestre con rebeldía en no querer ser testigo mudo de estas actitudes. Me niego a guardar silencio, a mirar hacia otro lado o simplemente a cruzar mis brazos sin tomar las riendas de una reivindicación del Islam como mensaje de liberación de todo tipo de injusticia y discriminación. Sería un acto hipócrita intentar guardar unas apariencias de unas praxis atroces que forman parte de la realidad interna de algunas comunidades musulmanas y que evidentemente se deben corregir.

Debemos denunciar públicamente estas acciones para mostrar nuestro más férreo rechazo hacia cualquier acto de violencia, bien sea a través del maltrato, de insultos, vejaciones, amenazas, desprecios, coacciones o de agresiones. Nada justifica, desde la concepción islámica, las represalias que se han arrojado contra ella.

La ética islámica, condena y rechaza de manera abierta los actos injustos y violentos bajo cualquier circunstancia, poniendo especial énfasis en el trato digno de las mujeres. Me pregunto, con desgarrado dolor interno dónde han quedado estas directrices en el caso que nos acompaña. ¿Cómo puede ser posible que toda una comunidad haya tomado el relevo a una situación de violencia hacia la mujer? ¿Es que acaso no recuerdan las palabras del Profeta (PyB) antes de su muerte cuando advirtió: “Tratad bien a las mujeres”? O como bien reflejó ella en su última línea del artículo “No impidáis a las siervas de Allah asistir a las mezquitas de Allah”

Leo con detenimiento el relato testimonial de Rashida y advierto que algún lector/lectora pudiese concluir que el Islam es el causante de estos actos aberrantes. Reitero la necesidad de diferenciar la teoría de la práctica, y de ser conscientes de que no todo lo que hace un individuo es islámico y mucho menos coránico.

Así, por ejemplo, me detengo en una frase: “Entré silenciosamente a la mezquita, nadie me impidió la entrada y me dirigí rápidamente a la parte de atrás para las mujeres que está dividida por una cortina”.

Este apartheid de género mundialmente extendido ¿responde a un acto islámico o más bien a prácticas culturales de determinados países? Si tomamos las Fuentes, no encontraremos ni un solo texto de referencia que oriente a la segregación de espacios en el interior de las mezquitas, sino todo lo contrario.

El Islam se ha visto contaminado de infinidad de innovaciones externas y que reproducen una rancia misoginia propia del patriarcado, subyugando el derecho legítimo de las mujeres a ser ciudadanas de primera y postularnos como califas de Allah sobre la tierra.

Creo que para comprender y recuperar ese Islam genuino de liberación interior (independientemente de los géneros), precisamos acudir a los orígenes para comprender cómo a lo largo de los siglos se ha ido distorsionando, perdiendo e introduciendo prácticas, interpretaciones y costumbres tribales ajenas a la cosmología islámica.

http://www.webislam.com/?idt=18891