Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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lunes, 31 de enero de 2011

Crónica de un chocolaticio anunciado o reacción desproporcionada de un hombre con Síndrome de Asperger.

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Vean solo un ejemplo para que tengan una ¨ligera¨ idea de lo que en su momento casi me mata del susto por lo desproporcionado de su conducta:

Salí donde una vecina a dejarle algo que hice de cocinar, un pastel o algo así, iba con mi hija en ese entonces de cinco años, estaba en el jardín el vecino con el que compartíamos la casa, lavando en el corredor y mi ex-esposo en la cocina, todo tranquilo.

Cuando regresé y me abrió la puerta tenía mi ex-esposo la cara descompuesta, fuera de sí y me dijo: Entre ya, pasó algo muy serio!.

Juro que creí que alguno de mis hijos había muerto y no sabía cómo darme la noticia. Me puse muy nerviosa y no sabía qué hacer o decir, le pregunté: pero qué pasa? y sólo me decía: entre. De repente creí que como habíamos tenido problemas con el vecino por lo invivible que es, que se habían peleado mientras yo estaba fuera y que había sucedido lo peor. Me aterré y no podía pasar de la puerta. Mi ex-esposo empezó a obligarme a entrar por la fuerza, (cosa que jamás había hecho) y me decía ya casi gritando: pase, entre, venga! Me dejé llevar a rastras ya en estado de shock, esperando ver un cuerpo ensangrentado adentro de la casa y pensando en cargos de homicidio y complicidad. Entonces sacó con manos temblorosas un chocolate muy grande que tenía en la heladera y me lo mostró: Tenía la marca de dos o tres mordisquitos en los bordes.

Me dijo: Mira lo que hizo tu hija! es una ladrona! tuvo el atrevimiento de coger mi chocolate y comérselo sin permiso, ésto no tiene nombre, es lo peor que ha pasado en esta casa!

Ahí cambió todo, se me subió la presión inmediatamente al borde del colapso, porque yo estaba guardando mi energía y peores temores para algo verdaderamente importante, no para una reacción tan ridícula y desproporcionada con algo que si bien es cierto, él tenía razón en molestarse, tampoco era para recrear una tragedia griega!

Entonces, se fue para donde mi hija que también estaba desconcertada y con los ojos desorbitados, y le prohibió volver a abrir la heladera, le dio lo que él dice un chirlo en la cola y la castigó unos minutos con sentarse solita en una silla mientras ella lloraba asustada y nerviosa sin entender del todo qué había sucedido.

Dejé que la castigara (para no desautorizarlo frente a ella) y me fui a nuestra habitación a pensar y a tratar de volver a la normalidad tanto física como emocionalmente pensando en cómo una situación puede ir de lo sublime a lo ridículo.

Cuando llegó a hablar conmigo, esperando mi reacción posterior a "la peor travesura jamás hecha en todos los tiempos por una niña", lo dejé que me explicara cómo si se le permitía a la niña robar desde ahora se iba a hacer una delincuente y que si tomamos en cuenta los antecedentes de bipolaridad que tiene su verdadero padre y bla, bla, bla, bla, bla...El discurso resultó toda una exposición de cómo está mal la sociedad por permitir conductas delictivas de este tipo sin que reciban el castigo merecido, de cuáles debieran ser las penas carcelarias y bueno, después de no sé cuántos minutos de perorata, tuve que guardar la compostura para no comenzar a romper a reír en una carcajada histérica por lo absurdo y la magneficencia que le dio a una travesura tan pequeña pero que para él era "la peor del mundo", no por el valor del riquísimo chocolate por supuesto (ni porque era de él), sino porque bueno, era emblemático y completamente revelador un hecho así, casi indescriptible en su bajeza y manipulación de la evidencia (porque mi hija después de pegar los mordiscos volvió a envolver el chocolate y guardarlo en su lugar en la heladera), lo que suponía un método sumamente elaborado, que empezaba con el planeamiento, los hechos en sí y luego ocultar la evidencia; algo que solo los peores criminales han aprendido a lo largo de tantos años de terribles fechorías.

Cuando ya pude emitir mi opinión como todo abogado defensor especialista ya en estos casos por tener que haber defendido anteriormente en casos similares a mis tres hijos, comencé a exponer mis argumentos (Claro es un poco difícil cuando el abogado acusador, juez y jurado son la misma persona).

Le expliqué -tratando de guardar la compostura- de que toooooodos< los niños en algún momento de su vida han cometido alguna travesura de este tipo, que tenía razón en sentirse molesto, pero no entendía porqué si hacía solo unos días mi hija había hecho lo mismo con un postre que yo llevaba para romper el ayuno con los dueños de la casa, él solo dijo: Mira lo que hizo tu hija... y bueno, que resultaba del todo incomprensible el porqué ahora se había dado una reacción tan desproporcionada.

Tendría acaso algo que ver el que esta vez mi hija tocó algo que le pertenecía a la víctima (a él)?

Ante la evidencia de los mordiscos y después de una conversación con ella, no tuvimos nada más que aceptar los cargos por "chocolaticidio premeditado agravado, con alevosía y perjurio".

Me hice cargo de las costas del juicio y por los daños y perjuicios materiales a favor de la víctima.

Esperamos que alguna vez el pobre de mi ex-esposo se pueda recuperar del daño moral y de un acto delictivo impensable en una niña de cuatro años a la que por cierto, él mismo le vivía prohibiendo cualquier tipo de golosinas o que pidiera cualquier cosa cuando íbamos de compras.

Aunque la parte acusadora quería emitir otra condena, yo gané esa parte del caso porque ya mi ex-esposo le había dado el chirlo en la cola, la había mandado a "confinamiento" y quedó la niña con la prohibición eterna de volver a abrir la heladera.

La sentencia se cumplió de forma íntegra mientras estuvimos casados (cabe decir que no había ningún tipo negociación ni podía salir bajo libertad condicional por buen comportamiento ni nada por el estilo ya que con los peores criminales hay que dejarles caer todo el peso de la ley).

Por iniciativa propia, bauticé el nuevo acto delictivo como chocolaticidio para que quede escrito para siempre en los anales de la historia criminológica de nuestro país y familia.

Sí me confieso que a espaldas de mi ex-esposo me he reído contándoles a mis hijos mayores y a alguna amiga la historia criminal de las fechorías de mi hija. No sé si alguna vez querramos llevar la historia a la pantalla grande o convertirla en un best seller, quién sabe, con casos así todo puede suceder.

Por cierto, el chocolate sobrevivió a los daños y a las lesiones inflingidas por mi hija y después de unos días, mi ex-esposo se recuperó y volvió a compartirlo con nosotras como lo hacía siempre, a cuentagotas y cuando él quería. O sea, como en todas las grandes epopeyas, todos salimos ganando

Ahora hasta pecando de masoquista creo que era necesario que sucediera algo así para concientizar a la sociedad y a nuestra familia de lo importante que es la comunicación, respeto y tolerancia a los más grandes valores que nos ofrece la vida.

Espero que talvez cuando escuchen la palabra "chocolaticidio" en algún lugar, me lo hagan saber para pedirle a mi ex-esposo que se una a alguna de estas organizaciones sin fines de lucro que hacen actividades y marchas por haber compartido la traumática experiencia de mordiscos furtivos infantiles .

Le he pedido también encarecidamente a mi ex-esposo que si alguna vez se encuentra con algún concurso en el que premien la peor travesura de un niño en todo el mundo, que por favor participe, sin duda tendrá todas las de ganar.

Querría haber nombrado a nuestra historia: "Crónica de un chocolaticio anunciado", pero recórcholis, se me había adelantado Gabriel García Márquez, ¡no se vale!

Rashida Jenny Torres