Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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sábado, 16 de octubre de 2010

La islamofobia será culpa de los propios musulmanes si no actúan

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Cuadro de John Bagnold Burgess (El encuentro del Este y el Oeste)


Los propios musulmanes nos estamos volviendo unos auténticos islamófobos
Pensamiento - 15/10/2010 6:37 - Autor: Said López -


La islamofobia es el tema más popular en los medios de comunicación. No solamente lo escuchamos, sino lo vivimos día a día. La Sra. Ndeye Andújar en su artículo publicado, está buscando una medicina contra esta epidemia. Y habla de una persona que se considera abierta a otras culturas pero que teme que no va a poder resistirse a ser un islamófobo por todo lo que le rodea.

Pero hay una realidad mucho más dura. No solo los no musulmanes sufren este fenómeno de nuestros días llamado islamofobia, sino que los propios musulmanes nos estamos volviendo unos auténticos islamófobos. ¿Cómo? Voy a atreverme a preguntar a mis hermanos y hermanas musulmanes. Cuando entráis a un lugar público, sea un supermercado, o el metro o el cine o lo que sea, ¿no sentís que la gente que os rodea quizás esté pensando que sois una persona cerrada, que odia al que no sea musulmán, que sois ignorantes u oprimidos y que no os integráis a la sociedad? Y esto ocurre especialmente en el caso de las mujeres musulmanas que por su vestimenta de entrada ya refleja su identidad religiosa. Si la respuesta es afirmativa, entonces os digo una cosa que quizás no os gustaría escuchar: Estáis contagiados de la epidemia de la islamofobia. Sois unos musulmanes islamofobos.

Esto significa que la gente malintencionada ha podido hasta con los propios musulmanes. Esto significa que momentáneamente, los que han inventado este fenómeno, están en ventaja sobre nosotros. ¿Y qué se puede decir de ciertos medios de comunicación? No hacen nada más que proporcionar noticias que nos pueden afectar negativamente. No podéis ver ninguna noticia buena en la cual se hable bien de los musulmanes.

¿Y qué vamos hacer? ¿Tirar la toalla? ¿O esperar que alguien haga algo por nosotros? ¿O esperar que desde el cielo descienda un milagro que proclame al mundo entero de que somos ciudadanos normales, incluso ejemplares? Si esperamos algo así, entonces lo siento pero no va a pasar lo que estamos esperando.

En el Islam, no tenemos ninguna institución, como el Vaticano, que esté sobre todos los musulmanes y que pueda hablar en nombre de todos los musulmanes. (Alhamdulillah). Tampoco existe el misionerismo como en el caso del Cristianismo. No existen las conversiones forzosas. La prueba está en nuestra tierra, España.

Hubieran tenido tiempo suficiente los califas y sultanes andalusíes (más que setecientos años) para convertir al Islam a toda la Península Ibérica con el poder absoluto. Pero esto no ocurrió. ¿Quieren otro ejemplo?: Observen a los Balcanes. El Gobierno Otomano ha gobernado más que quinientos años todas las tierras de las actuales Grecia, Bulgaria y Rumania. No se les forzó a que cambiaran de religión ni a que cambiaran de lengua. Entonces ¿como pudo expresarse el Islam en estas tierras y expandirse tanto en tan poco tiempo? Aunque la gente no aceptase el Islam como su modo de vida ¿cómo pudo gobernar esta religión en paz y como una referencia admirable durante tantas décadas?

Si los musulmanes no tenemos una institución o entidad, ni medio alguno de comunicación aceptable por diversos sectores, que nos represente ante todo el mundo ¿sobre quién recae esta responsabilidad?

Ya no existen estados que lleven la bandera del califato sobre todos los musulmanes. ¿Entonces por qué no hacemos algo nosotros individualmente? Hoy en día, esta representación de la forma correcta del Islam, se ha cambiado del Fard al-Kifaya al Fard al-Ayn (de la obligación de toda la comunidad a la obligación de cada individuo). Cada musulmán debería fijarse en este punto tan importante y actuar de acuerdo a lo que Allah, Subhana wa taala dice de los musulmanes: Que somos Su califa en la tierra. Individualmente cada musulmán es un representante de Allah en este mundo.

En estos tiempos, donde todo está en contra de los musulmanes y del Islam, como representantes de Allah tenemos una carga muy pesada sobre nuestros hombros: Representar bien al Islam en todos sus aspectos. Esto es una obligación tan importante como el salat o como el ayuno. O incluso es una obligación de mayor categoría. Los errores y pecados personales se pueden perdonar por Allah, pero las personas que nos rodean, en el Día del Juicio Final, nos van a poner sus dos manos en nuestro cuello y nos van a preguntar ¿Por qué no has hecho nada al respecto? ¡Si hubieras hecho algo, yo hubiese cambiado mi modo de pensar! ¿Qué vamos a responder a nuestros hijos y a sus descendientes, en el Más Allá, cuando nos pregunten que por qué les hemos dejado en aprieto y no pusimos nuestro grano de arena para cambiar algunas cosas?

Esto no significa que seamos misioneros, no. No estoy hablando de intentar convertir a la gente al Islam. Está claro que lo que creemos nosotros es el camino correcto que el Creador de los cielos y la tierra nos ha enviado. Por supuesto que nos gustaría que toda la gente que nos rodea, nuestros familiares, nuestras amistades y todo el mundo entero pudiera sentir lo que siente un musulmán en su interior. Claro que pedimos para ellos, que Allah les ilumine sus almas. Pero solamente Allah es el Muqallibal Qulub (Quien cambia los corazones). Antes de todo, nuestro primer deber y obligación de primera categoría es romper los estereotipos e intentar sanar la imagen dañada del Islam.

¿Cómo podemos lograrlo?

Tenemos mucho por hacer. Por Allah. Nadie nos pide que vayamos a un campo de batalla. El Santo Profeta (la paz sea con él) dijo de vuelta de la Batalla de Uhud, donde muchos de los musulmanes cayeron martirizados: “Volvemos de la yihad menor a la yihad mayor”. Los compañeros del Profeta, le preguntaron: ¿Hay algún yihad más grande que esto?, y el Profeta (la paz sea con él) les respondió: “La lucha contra el nafs”.

Debemos luchar en contra de nuestra comodidad: ¿Cuántos de nosotros, conocemos a nuestro vecino que está en frente de nuestra puerta? ¿Y el que vive abajo, y el que vive arriba? ¿Y el que vive en el último? ¿Cuántas veces les hemos invitado a nuestra casa para que cene con nosotros o solamente para tomar un café para que nos vean que somos personas como ellos, que tenemos familia, tenemos ordenador, tenemos libros para leer, que también nos gustan las olivas para picar o la paella para comer, que también nos alegramos cuando gana la selección?

¿Cuántas veces les hemos ofrecido un dulce de Ramadán o medio kilo de carne en el eid al adha explicándole que es una tradición Abrahámica, el padre de los profetas? ¿Cuántas veces les hemos comprado un regalo en sus cumpleaños o felicitado en sus fiestas, por ejemplo en la nochebuena, que dicen que nació el Mesías?, decirles que nosotros también creemos en su milagroso nacimiento, de que no hacemos distinción entre los enviados de Allah y que por Jesús daríamos nuestras vidas sin pensarlo ni un momento incluso tan solo por un pelo de su barba?

Algún día, cuando haga falta —Allah Subhana wa taala manifiesta Su poder a través de las causas— las únicas personas que podrán parar las críticas hacia nosotros los musulmanes, van a ser estas personas a las que, en su momento, nos hemos presentado y que han conocido lo que somos con total transparencia. Quizás si en los tiempos de Al-Ándalus los musulmanes de aquella época hubiesen dialogado más con el “otro”, se podría haber evitado la catástrofe: “¡Esperad! yo conozco a mi vecino, él es un musulmán, vigila a su vecino, de su palabra y de su acción no se teme maldad, tenemos muchas cosas en común, ¡no permitiré que le hagáis daño ni a él ni a su familia!”

En primer lugar para cumplir el Fard al-Ayn, cada musulmán debe hacer todo lo que puede para ser transparente y amigable con la gente que le rodea y, además, tiene que esforzarse para conocer a la mayor cantidad de gente posible y de todas las clases. Los estudiantes con sus profesores, los trabajadores con sus jefes, las amas de casa y sus esposos con sus vecinos, etc..

En segundo lugar, las entidades y organismos islámicos, para cumplir el Fard Al-Kifaya, deben organizar más actos de presentación. Mesas de diálogo y comprensión, no mencionando en ellos las diferencias sino los puntos comunes. Festivales de música, de arte, y todas las actividades originales que se les puedan surgir.

Si nosotros actuamos de esta forma, Allah puede cambiar con sólo una orden Suya los inviernos en primaveras. En caso contrario, no habremos podido levantar la carga que Allah ha puesto en nuestros hombros que es la única manera de intentar agradecer por el tesoro más valioso que puede existir en el universo: El Islam.


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