Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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sábado, 16 de octubre de 2010

La doble percepción de Ibn Arabi sobre la mujer: ser humano y principio cósmico (Parte I)

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Según Ibn 'Arabî una mujer puede ser sheikh y guía espiritual, y los hombres pueden estar entre sus discípulos

Es admirable que el colosal erudito islámico Ibn 'Arabî declarase que la mujer y el hombre son absolutamente iguales en términos de potencialidad humana

- Autor: Souad Hakim - Fuente: Ibn Araby Society


Es admirable que un colosal erudito islámico, Muhyiddin Ibn 'Arabî (AH 560-638), que vivió hace más de ocho siglos, declarase que la mujer y el hombre son absolutamente iguales en términos de potencialidad humana. El interpretó el “grado” concedido al hombre por encima de la mujer [1] como una cuestión ontológica, eliminando las típicas imagenes masculinas del universo y sustituyéndolas por una concepción conyugal binaria donde el varón y la mujer están emparejados juntos en una unidad cósmica necesaria tanto a nivel de Creación como de Gnosis.

Muhyiddin Ibn 'Arabî presentó una nueva visión sobre la mujer en la historia de la cultura islámica. Se trata, de hecho, de una visión que debe inspirar a los musulmanes actuales, actuar como fundamento en el estudio de las ideas y conceptos sobre la mujer en el Islam y, a su vez, propulsar un giro cultural en la dirección correcta.

Con objeto de explicar mejor la visión de Ibn 'Arabî esta investigación se divide en dos partes principales que contienen, a su vez, dos subsecciones, lo que hace un total de cuatro secciones. Cada una separadamente puede sevir potencialmente de trampolín para lanzar una nueva ola de pensamiento sobre la cuestión de las mujeres.

1. La mujer como ser humano

Ibn 'Arabî considera la realidad humana como única en todos los seres humanos, hombres y mujeres. Los dos géneros son iguales con respecto a su naturaleza, y este es su origen. La masculinidad y la feminidad son estados circunstanciales en la esencia humana. Así afirma: “La humanidad une a hombres y mujeres y en ella la masculinidad y feminidad son eventualidades, no una realidad humana” [2]. También dice: “Eva fue creada de Adam, por lo que ella tiene dos condicionantes (hukm): la del hombre, en virtud de su origen, y la de la mujer, en virtud de la contingencia [3]”. Basado en esta igualdad de género como ser humano, la mujer está cualificada para trabajar en las mismas ocupaciones que el hombre, y posee la aptitud para la práctica de todas las actividades intelectuales y espirituales. A continuación, estudiaremos la aptitud de la mujer para el conocimiento y la espiritualidad.

1.1. La aptitud de la mujer para el conocimiento

Los textos han preservado para nosotros muchas crónicas a partir de las cuales se puede probar la evidente y directa participación de las mujeres en la vida cultural y política. Esto comenzó en tiempos del Profeta y los Compañeros, prolongándose durante unos pocos siglos después de la Hijrah hasta la llegada de los tiempos oscuros, cuando el papel de la mujer libre en la vida pública se fue apagando y convirtiéndose, en el terreno de las artes y en la corte de los gobernantes, en esclavitud y posesión, consecuencia de la compra o apresamiento durante la guerra. Esto trajo consigo un nuevo tipo de relaciones de desigualdad entre los hombres y las mujeres, entre un propietario poderoso y autoritario y una impotente posesión que no renunciaría, en la mayoría de las ocasiones, a utilizar astucias y engaños para conseguir beneficios personales.

A pesar de la apariencia de ruptura en la vida de las comunidades de hombres y mujeres, los círculos sufís permanecieron, en su mayor parte, abiertos a ambos géneros, considerando a la mujer como ser humano y no como femenino, como una persona con exactamente la misma aptitud para la proximidad divina y gnosis que un hombre.

Ibn 'Arabî desarrolló posteriormente la visión de los sufis que le precedieron y que consideraban a las mujeres gente del conocimiento y gnosis. La mujer se manifestaba en sus trabajos en dos aspectos: la sufi y en el campo del fiqh.

La mujer como maestra espiritual, sheikh guía y divina madre

Esta caracterización fue personificada por una mujer de conocimiento de Sevilla, Fátima bint al-Muthanna de Córdoba. En su juventud Ibn 'Arabî le sirvió personalmente durante dos años aproximadamente [4]. Esto representa el periodo más largo que pasó en la “compañía” de un sufi gnóstico, en la medida en que las palabras “servir” y “compañía” denotan, en la terminología sufi, ser pulido por la asociación, compañía y servicio, tomar y aprender de, todo lo que está desvelado por los sufis en un método educativo muy diferente del de faqih que requiere ser alimentado por el esfuerzo del intelecto. Cuando Ibn 'Arabî dice “yo serví”, significa que cogió a la persona servida como sheikh, un guía y un maestro espiritual. Así, Fátima de Córdoba fue para Ibn 'Arabî todo lo que representa el sheikh para el murid.

Ibn 'Arabî, el murid, reconoció el papel de la gnóstica sevillana en su renacimiento, y aceptó su ascendencia espiritual sobre él, lo que no hizo nunca con ningún otro de los sheikhs que acompañó y sirvió durante su vida. Ella era la única a la que él llamo “mi madre”. Ella a su vez solía decirle: “yo soy tu divina madre, y la luz de tu madre terrenal” [5].

La influencia de esta mujer gnóstica en el renacimiento de Ibn 'Arabî aparece en algunos pasajes, relatados por él en los Futuhat, que incluyen las contemplaciones y los dones de santidad que le fueron concedidos a esta mujer. Ella solía decirle a Ibn 'Arabî, por ejemplo: “me maravillo de él que afirma que ama a Dios y todavía no está regocijado por Él, Él es el único manifestado por él, Su ojo le observa a él en cada ojo, y Él no está escondido ante él, ni siquiera un momento” [6].

Ibn 'Arabî llegó a conocer la estación de Fátima de Córdoba cuando ella le contó que Al Fatiha del Qur’an le servía a ella. El lo experimentó personalmente cuando ella recitaba Al Fatiha para una cuestión que ella deseaba y mientras él la leía con ella. Como resultado de la lectura, ella creaba una imagen etérea tridimensional de Al Fatiha, y le pedía llevar a cabo tal o cual petición [7]. Él también menciona haberse beneficiado del conocimiento de esta mujer gnóstica en el campo de la ciencia de las letras, que es una ciencia de santos [8].

Por lo tanto, la gnóstica sevillana apareció en la vida de Ibn 'Arabî en la posición de una guía santa y maestra espiritual, y él no tuvo vergüenza en aprender de ella, rendirse a su liderazgo o permanecer como un murid ante su conocimiento. Esto es una prueba práctica de la declaración de Ibn 'Arabî de que una mujer puede ser sheikh y guía espiritual, y que los hombres pueden estar entre sus discípulos. Así que no hay que prestar atención a aquellos que no aceptan el que un hombre pueda ser discípulo de una mujer bajo el pretexto de mezclar sexos, porque históricamente, y hasta la fecha, las mujeres han figurado entre los discípulos de sheikhs masculinos. La cuestión en realidad es la aptitud para el conocimiento y el aprendizaje, lo que permite a una mujer cumplir legítimamente su papel en la vida de un discípulo.

La mujer dotada con la comprensión directa (faqiha) y dirigente de la oración (imam)

Ibn 'Arabî concede a Bilqis (reina de Saba) el rango de Faqiha. Cuando ella se sometió al Islam no se convirtió en seguidora de Salomon, ni tampoco aceptó su guía. Prefirió permanecer libre en su fe respecto a un enviado o imam, libre de intermediarios. Ella explicó que su creencia era directa en Dios, exactamente como la de los Enviados, cuando dijo: “Me someto con Salomon a Allah, Señor de los universos” en contraste con el Faraón, quien decía: “el Señor de Moisés y Aarón” [9].

Al examinar la vida de Ibn 'Arabî podemos afirmar que es un hombre de conocimiento y experiencia, no un hombre de teoría que habla sobre la mujer como un ser invisible/escondido. Esto quiere decir que cuando describía las aptitudes de la mujer y reconocía sus habilidades y su igualdad respecto al hombre, estaba pensando en esas mujeres que él conocía y no solamente teorizando sobre la “cuestión de las mujeres”. Las afirmaciones de Ibn 'Arabî sobre las mujeres se basan en una amplia experiencia de la vida, en la que las mujeres le revelaron a él sus poderes y aptitudes. Con respecto a la igualdad entre sexos en lo relativo a su competencia en el conocimiento, mantuvo la opinión de que una mujer podría ser imam, liderando tanto a hombres como a mujeres en la oración. Dijo así: “ hay gente que permite a las mujeres liderar la oración incondicionalmente, tanto para hombres como mujeres, y yo estoy de acuerdo con eso” [10].

Esta es verdaderamente una cuestión sumamente actual con la que ningún experto islámico del siglo XXI se atrevería a mostrarse de acuerdo. Supongo que la razón es que muchas autoridades legales están atrapadas en juicios superficiales por unir pasajes de las escrituras con otros escritos, en lugar de entremezclar pasajes y vida como es vivida.

1.2. La aptitud espiritual de la mujer

Además de lo que ya apuntado sobre la aptitud espiritual de la mujer, con respecto a la gnóstica sevillana Fátima bint al-Muthanna, uno de los sheikhs de Ibn 'Arabî, podemos plantearnos la siguiente cuestión: ¿Qué rangos espirituales están abiertos a la mujer y cuál es el techo que no puede traspasar?

Para empezar, Ibn 'Arabî defiende la obtención de la perfección humana por la mujer, en otras palabras, llegar a ser el “Hombre Perfecto” en su definición ontológica. Dice sobre esto: “La perfección no está vedada a las mujeres Si la mujer está de hecho un nivel por debajo del hombre, es el grado de la llegada al ser (ijad) puesto que ella fue creada a partir de él, y esto no le quita valor en la (obtención de la) perfección” [11]. Además, cuando Ibn 'Arabî definió la “Humanidad Perfecta” en las Futuhat al-Makkiyya, señaló que esta se refería tanto a los hombres como a las mujeres [12]. Igualmente, cuando expuso con detalle en las Futuhat “el País del Interior” (dawlat al-batin) y el número de los rangos universales y las actividades en el interior, mencionó que estaban abiertos tanto para hombres como para mujeres [13].

Para contrarrestar la imagen históricamente estereotipada de la debilidad natural de la mujer, Ibn 'Arabî escribre sobre su poder: “y no hay criatura más poderosa en el universo que la mujer, cada ángel que Dios ha creado del aliento (anfas) de las mujeres es el más poderoso de los ángeles” [14].

Ibn 'Arabî va incluso más allá al decir que los hombres y las mujeres comparten los rangos de santidad, incluso el de Polo (qutb) [15]. Pero, ¿cuál es este rango superior abierto a las mujeres? Y ¿qué significa para una mujer ser el “Polo” a los ojos de al-shaykh al-akbar?

Para responder a lo anterior podemos decir que, una vez Polo, la mujer se convierte en la dueña del momento (waqt), maestra del tiempo, vicerregente de Dios en Su tierra, representante del Enviado en su comunidad, heredera a ser elegida, ocultada y a adquirir la distición adámica [16]. El mundo gira alrededor de ella [17]: ella dispone su gobierno y las necesidades del mundo entero reposan sobre ella. Dios está en soledad con ella sin el resto de Su creación, y Él no contempla a nadie excepto a ella durante su tiempo. Ella es el velo más alto [18]. En la Presencia de mithal, Dios erige para ella un trono sobre el que Él le sienta a ella, y entonces Él le otorga todos los Divinos Nombres que el universo solicita de ella y ella de Él/él. Cuando está sentada sobre el trono en la Divina Imagen, Dios ordena al universo prometerle lealtad y rendirle homenaje a ella. Entre sus súbditos está cada ser humano, alto y bajo, excepto los ángeles más elevados, que son los perdidos de amor (muhayyamun), y los excepcionales (afrad) de la humanidad, sobre los que ella no tiene autoridad porque ellos son como ella, perfectos, con la aptitud por la que ella ha recibido el Polo [19].

Ibn 'Arabî se opone a los que rechazan el reconocimiento de santidad (wilaya) para las mujeres y lo limitan a los hombres. Lo reitera en un pasaje sin ambigüedad después de haber afirmado que las mujeres pueden de hecho alcanzar la estación de Polo:

“Y no os dejéis velar por la afirmación del Profeta, la paz sea con él, “no prosperarán los que den soberanía a la mujer” puesto que estamos discutiendo la soberanía dada por Dios, no la soberanía dada por la gente, y la afirmación se refería a los que la gente concede soberanía. Hubiera podido no haber nada más a este respecto, pero lo que el Profeta, la paz sea con él, dijo: “mujeres y hombres son hermanos (shaqaîiq)", lo que hubiera sido suficiente. Esto es lo mismo que decir que todo lo que legítimamente es del hombre en términos de estaciones, grados y cualidades es también posible para cualquier mujer que Dios desee” [20].

Por lo tanto, la esencia de hombres y mujeres como "hermanos" fue la base para que Ibn 'Arabî señalase que un hermano es similar, igual y del mismo nivel. Como resultado, la mujer es igual al hombre en aptitudes para todas las estaciones de santidad.

Con respecto al límite que restringe a la mujer y que ella no puede superar es el de enviada y misión profética (risala wa-ba'tha). Ibn 'Arabî afirma que una mujer comparte el grado de perfección con el hombre, y que el hombre está agraciado por una perfección superlativa: el de enviado y misión profética [21]. En este sentido, ella es igual a todos los musulmanes tras la profecía y los enviados, ya que ha sido sellado con la persona de Muhammad, la paz sea con él.



Notes
[1] Ver Q. 2:228: "Los hombres tienen un grado sobre ellas [mujeres]".
[2] Ibn 'Arabî, Al-Insan al-Kulli, Zahiriyya MS. 4865, fol. 2b.
[3] Ibn 'Arabî, Al-Futuhat al-Makkiyya, vol. IV, p. 84.
[4] Fut., I.274.
[5] Al-Mu'jam al-Sufi, pp. 124-5.
[6] Fut., II.347.
[7] Ibid.
[8] Ibid., II.135.
[9] Mu'jam, p. 213, Fusus al-Hikam, ed. A. 'Afîfî, Beirut, n.d., pp. 156-7.
[10] Fut., I.447.
[11] Ibid., I.708.
[12] Ibid., II.588.
[13] Ibid., II.6-39, donde Ibn 'Arabî menciona hombres de números y hombres de rangos, y revela en muchos ejemplos que ello incluye a hombres y mujeres.
[14] Ibid., II.466.
[15] Ibid., III.89.
[16] Ver Mu'jam, p. 680, Al-Ajwiba al-La-iqa de Ibn 'Arabî, fol. 9a.
[17] Mu'jam, p. 912, Manzil al-qutb de Ibn 'Arabî, p. 2.
[18] Mu'jam, p. 912, y Fut., II.555.
[19] Mu'jam, p. 913, y Fut., III.136-7.
[20] Fut., III.89.
[21] Ibid., III.88.
Traducción para webislam: Iman Al Dawi Abd al Salam.




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