Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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sábado, 30 de octubre de 2010

¡He perdido a tantos seres amados!,¡se me han ido y no pude hacer nada por retenerlos!

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Tengo un sentimiento de impotencia, estupidez y abandono tan grande...

No he podido nadar contra corriente, he querido gritar a los cuatro vientos que no quiero que se vayan, que los necesito, y aunque de una u otra forma lo he hecho, de nada ha servido.

He llorado, he hecho berrinche, he suplicado, he prometido, he tratado de cambiar lo que no les gusta a otros de mí, pero de nada ha servido.

La vida sigue su curso de forma inexorable, trae y lleva, deja y se va.

Entonces, a sabiendas de que NADA de lo que haga puede cambiar las cosas; encuentro paz, aunque no necesariamente sosiego.

Soy un alma en pena en mucho sentido, siempre intranquila, si todo está quieto a mi alrededor, tengo que buscar aunque la mayoría de las veces inconscientemente, "algo" que llegue y me conmueva hasta los tuétanos, busco terremotos, necesito sentirme viva.

No puedo vivir la vida del mediocre, la de aquellos que Jesús advirtió que eran tibios y que Allah prefería vomitarlos...

¡Y sin embargo, es tan poco lo que puedo hacer!

Hace días que me siento huérfana, con esa sensación de que ese nuevo vacío nunca va a volver a ser llenado, que talvez perdí para siempre a quienes siempre había buscado; pero Allah sabe que hice todo lo que pude, tanto o más que creí enloquecer, mi salud me pasó la factura.

Tuve advertencias de que no me equivoco, de que lo que hago y digo en mi vida es lo correcto, pero ante resultados adversos, ¿cómo comprobarlo?

Quería cerrar los ojos ante todas las pruebas de que este tipo de separaciones son necesarias, que algunas veces solamente con el dolor de la separación, recordamos la intensa necesidad de aprovechar el tiempo en el que hemos estado juntos.

Mi desesperación por unir a los míos, puede separarlos.

Aún así, indefectiblemente SIEMPRE volvemos después de un largo adiós.

Siento que aunque parezca cursi y trillado, ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera cualquier cosa que yo haga para destruir lo que Allah ha traído a mi vida para reconstruirla, podrá desaparecer nada de lo que tengo, nadie podrá quitarme los sentimientos, lo que dí, lo que me dieron.

La distancia es necesaria algunas veces, como ahora para mí, no sabía cómo.

No sé cómo pueden continuar las cosas, ni mucho menos, cómo pueden terminar, pero lo que sé es que así como La Tierra no sería lo que es sin La Luna, hasta entre ellas dos debe haber una distancia equilibrada para mantener el estado natural de sus fuerzas bajo control.

Si llegaran a unirse un poco más de lo que ya están, se pueden alterar las condiciones óptimas a las que estamos acostumbrados, de la misma forma, si llegaran a alejarse la una de la otra tanto más de lo que ya están, de igual forma, se vería afectado de forma insospechada y fatídica este equilibrio necesario a punta de tensión y fuerza de gravedad, cada una jalando para sí con una fuerza de atracción justa para no dañar ni ser dañado.

Sé también que las cosas no pueden ser como yo quiero, cuando yo quiero y como yo las quiero, tienen que ser cuando Allah quiera, como Él quiera y cuando Él las quiera.

Aquí estoy Allah, doblégame, recuérdame que sin pedirte lo que tanto necesito, soy nada, muéstrame cómo la oración es el puente que jamás debo quemar para mantener la comunicación constante contigo nuestro Único Dios y Creador.

Mientras tanto, seguiré buscando lo que tanto necesito y todavía no sé cómo pedirte.

Perdóname Allah y perdónenme ustedes también...a la mayoría de la gente que me importa, se me ha olvidado decirle cúanto le amo, cuánto les agradezco que hayan estado conmigo en las buenas y en las malas, cuánto me enorgullezco de conocerles, de amarles, y cuánto me duele decepcionarles o lastimarles; muchas gracias a los que me han tenido que soportar y siempre tratan de ayudar y darme ánimo, más de lo que merezco, sé que puedo ser patética y cursi a rabiar.

Y sin embargo, no puedo parar, mi espíritu me lleva a donde lo considere necesario sin medir peligro o desgaste; y cuando siento que ya no tengo fuerzas para continuar, Allah me premia con paz y con algún otro ángel.


Gracias oh Dios, por demostrarme que yo no puedo sola.


Amín.

Rashida Jenny Torres

Musulmana Costarricense