Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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miércoles, 6 de octubre de 2010

Declaración tardía de amor al Che Guevara.

Desde que era una niña te veía en fotografías, camisas y banderas.
Cuando comencé a preguntar quién eras, siempre me respondían lo mismo: “fue un revolucionario” y nadie ahondó más en mis cuestionamientos.

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Al cumplir 10 años mirando al cielo nocturno le pregunté a las estrellas dónde estaba el hombre de mi vida, habría nacido ya? En qué país estaría? Cuándo y cómo nos íbamos a encontrar?
Pasaron los años y el paso del tiempo me enfrascó en las trivialidades de la vida, su mediocridad y altibajos me hicieron olvidarte, quedaste en lo más profundo de mi memoria con tu mirada penetrante e insondable.
Me casé y tuve hijos con otro que no eras tú, no habías aparecido todavía.
Hoy a los 40 años te redescubrí cuando volví a casarme, esta vez con un ciudadano argentino. Él me trajo TU HISTORIA, por primera vez pude leer tu biografía y te recordé de nuevo, supe que habías sido el gran amor de mi vida, pero te había olvidado.
Lloré desesperada por haberte dejado, por no estar contigo en todas y cada una de tus batallas, por no haber seguido tus pasos fielmente tal y como necesitabas.
Aún así mi corazón se hinchó de orgullo por haberte amado desde siempre pero sentí vergüenza por serle infiel a mi actual esposo al reconocer que siempre te he amado a tí.

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Reconozco que fui cobarde al no poder acompañarte en todos tus viajes, tenía tantas limitaciones! Mi otra familia, hijos, trabajo…No recordaba cuánto te necesitaba y cuánto estábamos unidos el uno al otro, ni lo importante que era para ti el tener a alguien en quien confiar, en quien desahogar tus dudas, tu ira contenida tanto tiempo por la falta de comprensión que tenemos los simples mortales ante almas nobles y buenas como tú.
Al observar las fotografías en la que te encuentras desde niño, compartiendo con los más humildes, llevando a un niño en brazos, fumando, riendo, pensando sentí la desesperación que llevabas cuando otros no comprendían tus planes o no podían entender tus planteamientos tan honestos, algunas veces irrealizables para los demás pero completamente posibles en la majestuosidad de tu grandeza de hombre de bien.
Porqué algunos no comprendían tu forma de ser?
Porqué se desesperaban con el orden estricto y la responsabilidad con que manejabas tus cosas, que al fin y al cabo eran las necesidades de los otros?.
Si los otros estaban bien, tú lo estarías, siempre pensaste en el bien común; una clase de egoísmo positivo, pero nuestra maldita mediocridad nos enceguece limitándonos justamente ante los grandes espíritus.
Vi otras dos imágenes imborrables y marcadas con fuego en mi mente, en una te llevan esposado; no puedo evitar el sentimiento de culpa que me causa compartir la soledad y desesperación de tu mirada impávida que contradice a lo que siente mi alma cuando me dice que te encontrabas confundido.

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Te siento algo desmoralizado pero al mismo tiempo deseoso de que terminara de una vez por todas tu misión: Vivir y morir como un hombre de verdad.
Será acaso esta visión mi propia justificación para perdonarme a mí misma el haber huído tanto tiempo de mis deberes, de las tareas que dejaste pendientes para los que te amábamos pero que no podíamos entenderte y seguir tu ritmo?
Luego observo aterrorizada la imagen de tu cuerpo yaciendo sobre una mesa, inerte y a la exposición de un público hambriento de sangre y prepotencia, tal como si fueras un espécimen extraño y ajeno a la raza humana sin darse cuenta que son ellos mismos, tus captores y asesinos los que se encuentran en el ámbito de lo inhumano.

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Sé que jamás podré perdonarme el haberte abandonado cuando más me necesitabas.
Aún así no sentí ningún reproche de tu parte, simplemente el sinsabor que ya habías experimentado pensando que talvez no te habías entregado lo suficiente o de la manera correcta como para convencer a los demás de que acompañaran en tus luchas, de que creyeran y se comprometieran con ellas, porque, no eran solo tus batallas sino las que forman la esencia del género humano.
Antes no tuve tiempo para decírtelo Che, hoy a pesar de que pareciera que ya es demasiado tarde te digo que te he amado desde siempre y que ese amor no puede morir porque ha estado regenerándose en un círculo vicioso que va más allá de lo que podemos comprender.
La semilla que sembraste ha dado fruto a lo largo de todos estos años.
Nadie te ha olvidado amor mío! Nadie quiere ni puede olvidarte.
Hoy aunque algo a destiempo te hago la promesa que la vida no me dio tiempo de decirte personalmente y si aún me necesitas trataré de hacer lo que nos pediste: Seré capaz de sentir en lo más profundo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.
Es la única manera que tengo para demostrar que mi amor hacia ti es verdadero y de no volver a defraudarte nunca más.

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Hasta la victoria siempre!
Rashida Jenny Torres
Musulmana Costarricense