Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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sábado, 26 de junio de 2010

Una fábrica de ilusiones en Gaza

gaza juice factory
Los productos de la Gaza Juice Factory se exhiben en la góndola de un súper de la Franja.

EL FUTURO DE TROPIKA ES UNA PRUEBA DECISIVA PARA LA ECONOMIA REAL DE LA FRANJA

Saber cuánto tiempo más funcionará la Gaza Juice Factory depende, en la práctica, de cómo siga el acuerdo para aliviar el bloqueo israelí anunciado el domingo pasado. Sin medios de producción, la entrada de productos no sirve.

Por Donald Macintyre

Desde Ciudad de Gaza


El Tropika frío que Salama al-Kshawi les sirve orgullosamente a sus invitados en su oficina sabe raro para un jugo procesado, a naranjas verdaderas, especialmente refrescantes en un día de verano de 35º en Gaza. Pero el producto insignia de la Gaza Juice Factory tiene un significado que va más allá de su sabor. La fábrica emplea a 65 trabajadores y es una de las pocas industrias que funcionan a pesar del sitio a Gaza impuesto por Israel después de que Hamas tomó el control total del territorio hace tres años.

Saber cuánto tiempo más funcionará depende, en la práctica, de cómo siga el acuerdo para aliviar el bloqueo israelí anunciado el domingo pasado. El futuro de Tropika se ha convertido en una prueba decisiva para la economía real de Gaza. En términos diplomáticos, el trato negociado entre Israel y el enviado internacional Tony Blair era un logro. Israel todavía se niega –aparte de algunas supervisadas excepciones internacionales– a permitir que entre algo, incluyendo el cemento necesitado para reconstruir las casas bombardeadas, que suponen que Hamas podría usar para propósitos militares. Pero el anuncio significó un verdadero cambio de política: en teoría, por lo menos, todos los otros bienes, por primera vez en tres años, podrán entrar.

Pero casi una semana después del anuncio, la gente de Gaza, aunque contenta ante la perspectiva de un aumento en bienes de consumo desde Israel, está pidiendo que la promesa mucho más importante en el acuerdo, de permitir la expansión de una “actividad económica”, también se cumpla. “Si se permite entrar a los items de consumo a través de los cruces, pero al mismo tiempo no permiten que entren materiales y los medios de producción, eso tendrá un efecto negativo”, dijo Amr Hamad, el director en Gaza de la Federación Palestina de Industrias.

La Gaza Juice Factory, que queda en el suburbio este de Shajaia, a la vista de la frontera con Israel, es una ilustración perfecta del problema. Sus jardines bien cuidados y el ruido de los camiones elevadores de carga llevando las botellas recién envasadas a furgones para su envío a los supermercados locales atestiguan que esto es inusual para Gaza, una permanente preocupación.

Hay huellas dejadas por los tanques israelíes que aplastaron la verja perimetral verde de metal durante la ofensiva militar de 2008-10, y los restos de lo que el dueño de la empresa, Ayed abu Ramadan piensa que debe haber sido un misil Apache cuelgan en la pared del frente como un recuerdo de todo lo que la fábrica pasó. Su historia está inextricablemente entretejida con la de la política turbulenta y manchada de sangre del territorio durante los últimos quince años.

Una placa recuerda a los visitantes que fue inaugurada por Yasser Arafat sólo dos días después de su triunfal regreso a Gaza del exilio en Túnez, en julio de 1994. La fábrica fue un éxito, exportanto a Egipto, Estados Unidos, Europa e Israel mismo durante más de una década.

En 2006, sin embargo, las exportaciones se detuvieron. Hamas había ganado las elecciones, los cruces terrestres estaban en su mayoría cerrados. Para entonces los famosos naranjales de Gaza habían sido casi destruidos por las fuerzas armadas israelíes durante sus frecuentes incursiones desde el comienzo de la segunda Intifada en 2000. “Aquí en Gaza siempre hemos tenido las mejores naranjas del mundo”, dijo Kishawi. “Ahora la mayoría ha desaparecido.”

Sin embargo, las botellas de Tropika en las estanterías de los negocios de Gaza hoy son un testamento de la notable adaptabilidad de la empresa. Sus gerentes comenzaron a producir jugo de frutillas y tomate, junto con ketchup, dulces y una popular gama de caramelos de fruta. De ser un exportador ciento por ciento, la empresa suministra ahora el ciento por ciento del mercado doméstico. Y aunque hubiera preferido más comprar sus materias primas mucho más baratas a Israel, se vio obligada por el cierre a traer botellas, envases, saborizantes y colorantes a través de túneles de Egipto, pagando lo que Ramadan delicadamente llama los altos “túneles de peaje” exigidos por los tuneleros para oblar sus propios costos, incluyendo impuestos al gobierno de facto de Hamas.

La escasez de la fruta fue el primer problema. “El año pasado necesité 9000 toneladas de citrus para cumplir con la demanda”, dijo Kishawi, “pero sólo pude obtener 1000 toneladas”. Las naranjas de Israel cuestan la mitad de lo que cuestan en Gaza, pero las autoridades israelíes sólo permitían entrar naranjas para comer en oposición a naranjas para jugo.

Para subrayar la economía de Alicia en el País de las Maravillas de Gaza también era posible importar de Egipto, a través de túneles, el concentrado idéntico al que se solía exportar a Egipto. “En junio de 2007 yo vendía concentrado a 1350 dólares la tonelada, pero ahora me cuesta 4000 dólares la tonelada para traerlo”, explica Kishawi. “¿Donde está la competencia en eso?”

Como si eso no fuese suficiente, dieciocho meses más tarde la fábrica sufrió un daño devastador por los ataques terrestres y aéreos israelíes durante la ofensiva de 2008-9 que impactó a cientos de lugares industriales. El daño instó a Amr Hamad, de la Federación de Industrias, a comentar: “Lo que Israel no logró alcanzar con el bloqueo, lo hacen sus topadoras”.

El tubo principal en el evaporador clave de la fábrica de jugo, estropeado por un misil, fue rápidamente reparado, pero el inmenso freezer con capacidad de 2000 toneladas, junto con sus contenidos, fue destruido. Luego, hacia el fin del año pasado, la empresa se topó con otro obstáculo. Creyó que había hecho un trato con los vendedores israelíes para abastecerlos con 500 toneladas de pomelo. “Pero luego, cuando se dieron cuenta de que iba a una fábrica de jugo y no a los supermercados, no permitieron que entrara el pomelo”, dijo Kishawi.

Hace dos semanas, al comienzo de la protesta internacional a raíz de la crisis por las flotillas pro palestinas, llegó la primera etapa para aliviar el embargo y perversamente una nueva amenaza para Tropika. La empresa estaba encantada de saber que el bloqueo se iba a aliviar –anticipando que podría importar de Israel materia prima mucho más barata–. En realidad se encontró frente a una nueva competencia. Por primera vez en tres años, Israel había permitido la entrada de jugo de fruta procesado al precio competitivo de cinco shekels (1,30 dólar) la botella. Como ironía final (aunque los jefes no saben cuánto durará esto), la empresa que en realidad es propiedad de la Autoridad Palestina en Ramalá y tiene una junta de directores nombrados por el presidente, Mahmoud Abbas, depende ahora de que el gobierno de facto de Hamas le tienda una mano. La empresa emitió una advertencia a los comerciantes para que no ordenen jugo procesado de Israel.

Ya preventivamente redujo el propio precio de Tropika de seis a cinco shekels la botella y no tendría problemas compitiendo con el producto israelí si pudiera importar materias primas de Israel, donde son más baratas. “Si realmente tuviéramos un mercado abierto podríamos competir con cualquiera, incluso con Israel”, dice Mishawi.

Subrayando el actual desequilibrio, el jefe de compras de la empresa, Haitham Kannan, dice: “Israel puede producir una botella de jugo por unos 50 centavos de dólar, que es lo que nos cuesta la botella de plástico sola”. Como dice su jefe, Ramadan: “Esto es como atarle las manos a alguien y luego decirle que se meta en el ring de box. Después de todo lo que pasamos –cierre, guerra, desabastecimientos–, sería loco si perdiéramos el negocio ahora”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-148312-2010-06-26.html