Oí al Mensajero de Dios -la paz y las bendiciones de Dios sean con él-, diciendo:

«Quien de vosotros vea una mala acción, que la cambie con su mano, si no pudiera con su lengua, y si no pudiera, entonces en su corazón, y esto es lo más débil de la fe».

Lo transmitió Muslim.

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jueves, 3 de junio de 2010

Rituales.

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El presidente boliviano y el cineasta estadounidense sonríen durante el estreno.
Imagen: Gentileza May Ramírez


Por Facundo García

Desde Cochabamba


En el Coliseo de la Coronilla se dibujaba un tapiz del continente: cholas, cholos, blancos, mestizos y gente con sangre afro se entrelazaban vestidos con ropas civiles y militares, en un rejunte de gritos juveniles y silencios de abuelos. Todos estaban ahí desde hacía horas, esperando que Oliver Stone llegara para estrenar Al sur de la frontera (South of the border), un documental sobre el modo en que los medios estadounidenses niegan las transformaciones que se están produciendo en Latinoamérica. Se rumoreaba que la cinta –que llega hoy a las salas Argentinas– daba un pantallazo por la región en busca de lo que las cadenas de noticias no están dispuestas a mostrar. Por eso más de siete mil espectadores se mantenían ahí, aunque nadie supiera bien a dónde había ido a parar el director ni cómo era la película. El único dato fijo era que un hombre que sabía de cine se había propuesto contar la verdad. Eso conservaba las gradas repletas.

Y Stone llegó tardísimo, ataviado con una de esas coronas de flores que los pueblos originarios regalan a los agasajados. Tras recibir la condecoración de Huésped de Honor y Ciudadano Honorífico, el triple ganador del Oscar subió al escenario y miró hasta el fondo del gentío que lo recibía de viva voz. No se consiguen ovaciones así en Hollywood. “En toda mi carrera cinematográfica nunca vi que un público tan numeroso quisiera ver lo que hago. En las imágenes que van a ver habló mi corazón, y espero haber estado a la altura de la dignidad de este pueblo”, dijo. Luego se sentó junto al presidente Evo Morales y presenció la proyección.

El largometraje forma parte de una serie de documentales sobre Latinoamérica que el ex combatiente de Vietnam se propuso hacer a mediados de la década pasada. Después de granjearse más de un enemigo con títulos como Comandante y Looking for Fidel –dos estudios sobre la personalidad del histórico líder cubano–, ahora se le animó a Chávez. No se contentó con las opiniones del venezolano, sino que abrió el juego a otros siete mandatarios de la región, que ofrecieron su propia lectura sobre la etapa que atraviesan sus sociedades. El film no podría tener un arranque más entretenido: en la típica mesa de noticias de la mañana, un grupo de periodistas informa que Chávez es adicto a las drogas porque “mastica cacao”. En eso, se escucha que alguien de la producción corrige el error: “No es cacao –puntualiza–, son hojas de coca”. Los presentadores salen del paso con bromas estúpidas y comentan que los “estupefacientes” del venezolano serían facilitados por “otro dictador”, su amigo Evo. Indignante.

No sorprende entonces que las entrevistas a Morales, al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y a Cristina Fernández, así como las charlas con el paraguayo Fernando Lugo, el ecuatoriano Rafael Correa, el cubano Raúl Castro y el ex presidente Néstor Kirchner caigan como una bocanada de aire fresco. Y no necesariamente por originales ni iluminadas, sino porque rompen el estereotipo de acero que se pretende imponer. El contrapunto entre lo que ellos cuentan y lo que dicen las corporaciones revela la idiotez en la que caen las cadenas en su obsesión por demonizar a los gobiernos del sur. En varias lenguas los cochabambinos –que protagonizaron a fines de 1999 la heroica Guerra del Agua– dialogaban con aquello que aparecía enfrente; y la reacción que siguió a escenas como la de “el Evo” pijchando (masticando) coca junto a Stone hubieran roto cualquier aplausómetro. La necesidad de oír la otra campana estaba ahí. Se volvía cuerpo, brazos, voces.

Un rato antes, Stone había dado una conferencia de prensa a toda velocidad. Desde una mesa con un aguayo (especie de manta típica), el hombre tuvo pocos minutos para expresarse y sin embargo no dejó dudas sobre su postura. “Más que contar una historia, lo que necesité esta vez fue dejar asentada mi perspectiva –aclaró–. Y créanme, las críticas que hacen los tipos como Uribe tienen bastante aire en los canales de Estados Unidos, así que elegí concentrarme en aquellas figuras que el público de allá desconoce.”

–Usted demuestra que los grandes medios estadounidenses no resisten el archivo. ¿Pero cuál es el camino para librarse de esta dictadura mediática?

–Ante todo, hay que subrayar que los medios en Estados Unidos protegen los intereses de ese país, y esos intereses no coinciden con los de la independencia sudamericana. Yo no estoy idealizando a Chávez, y de hecho hemos decidido dejar en la edición definitiva bastantes críticas. Pero siento que mientras Estados Unidos insista en su actual sistema neoliberal, la visión que se tendrá de los líderes como él seguirá siendo sesgada. Ante eso, la Red es nuestra gran reserva de información alternativa. Y será cada vez más importante, porque la lucha contra los monopolios de la información se está convirtiendo en un combate de vida o muerte.

Está claro que Stone sigue siendo un yanqui de pura cepa. Salvo por un detalle importantísimo: aprendió a escuchar. En Al sur de la frontera –título que, dicho sea de paso, coincide con el de un tema bastante soso de Frank Sinatra– hace exactamente eso: escucha con cara de bulldog, esforzándose por usar la inteligencia para zafar del sanateo mediático. Y ni la Casa Blanca, ni el FMI, ni las ONG que se disfrazan de “defensoras de la democracia” quedan bien parados en su análisis.

Como la road movie que es en el fondo, Al sur... traza la curva de un aprendizaje personal. En el camino del investigador, Chávez es el guía; un narrador extraordinario que, además de repasar su vida, regaló a las cámaras episodios memorables, como una vuelta en bicicleta que termina con el vehículo destrozado por el sobrepeso que carga el bolivariano. En otro tramo, Evo le enseñó a Stone cómo mascar la hoja sagrada para curarse del apunamiento en La Paz. Néstor Kirchner le contó cómo fue la estrategia para frenar al ALCA en la cumbre de Mar del Plata y Lula fue elocuente en su pedido de que Estados Unidos trate de igual a igual a las demás naciones. Lugo le habló del legado de la Teología de la Liberación, y Rafael Correa se explayó, junto a Raúl Castro, sobre la mejor manera de aprovechar las experiencias del continente. Y la gira siguió. Una Cristina distendida acompañó al director en un paseo y le describió los lineamientos de la época. Cerca del final, Stone le preguntó a la jefa de Estado cuántos pares de zapatos tiene. “No sé. ¿Por qué esa pregunta? Nunca se interesan por esos asuntos si el entrevistado es hombre”, retrucó ella. Cuando la respuesta retumbó en el recinto cochabambino, la sonrisa de la mandataria se repitió en la cara de cientos de mujeres morochas, de pollera y trenzas azabache.


http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-146859-2010-06-03.html